“El horror como herramienta política”. Por Juan Botana

“El horror como herramienta política”. Por Juan Botana

Comentario sobre “Las cosas que perdimos en el fuego” y otros libros de Mariana Enríquez.

Si hay un libro que puso a Mariana Enríquez en el mapa internacional del terror literario, es Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama, 2016). Más que una colección de cuentos de miedo, la obra surgió de hechos reales y se convirtió en su trabajo más comentado, traducido y reeditado.

Una vez contó que el cuento que da nombre al libro nació de dos imágenes muy concretas. La primera, el caso de Wanda Taddei (2010). La joven fue rociada con alcohol y prendida fuego por su pareja, el músico Eduardo Vázquez. El femicidio conmovió a la Argentina y expuso la violencia machista en los medios. Y la segunda, una chica quemada en el subte de Buenos Aires. Mariana la veía pidiendo dinero; la joven tenía el cuerpo marcado por quemaduras y una belleza que la hacía inolvidable. Esa visión le sugirió la idea de un grupo de mujeres que, para dejar de ser quemadas por hombres, deciden quemarse ellas mismas.

Con esas dos referencias, tomó el título del álbum Things We Lost in the Fire de la banda Low (de la que es fan) y construyó un relato donde el acto de auto‑quemarse no es suicidio, sino una forma extrema de apropiarse del daño y dejar de ser objeto de deseo. 

En Las cosas que perdimos en el fuego el elemento fantástico se usa como metáfora directa de la violencia de género, la pobreza y la desidia del Estado. El miedo ya no es solo un fantasma; es la realidad de los barrios marginales y los femicidios.

El horror como denuncia social

Pero la obra de Mariana Enríquez no concluye en este libro. Podemos hablar también de Los peligros de fumar en la cama (2009) donde el horror se apoya en mitos del interior y en lo sobrenatural.

El cuerpo femenino como campo de batalla

“Mujeres Ardientes” que eligen quemarse para dejar de ser deseables y, por tanto, vulnerables. Es una imagen que no tiene la misma fuerza en sus otras obras; aquí el cuerpo herido se transforma en acto de resistencia y empoderamiento invertido. 

Escenario urbano y casos reales

A diferencia de los pueblos del interior que aparecen en sus primeros relatos, aquí la acción transcurre en Buenos Aires —subte, hospitales clandestinos, casas viejas— y se entrelaza con otros cuentos sobre niños en la calle, la dictadura y cultos populares. El libro se lee como una crónica oscura de la Argentina de los 2000‑2010.

Las cosas que perdimos en el fuego fue un fenómeno de crítica y ventas, se reeditó al menos cinco veces y sigue siendo la puerta de entrada más conocida a la obra de Mariana Enríquez. Se tradujo a más de quince idiomas y la edición en inglés (Things We Lost in the Fire, 2017, Hogarth) la hizo una escritora global. 

Tal repercusión consolidó a Enríquez como la escritora argentina de terror más relevante del momento y preparó el camino para que Nuestra parte de noche ganara el Premio Herralde en 2019.

Las cosas que perdimos en el fuego es el punto de inflexión donde Mariana Enríquez pasa de usar el horror gótico a utilizarlo como herramienta política. Nace de casos reales y convierte el cuerpo femenino en símbolo de resistencia. El libro se proyecta al mundo con traducciones y reediciones constantes.

Si querés entender por qué Mariana Enríquez es hoy una referencia, Las cosas que perdimos en el fuego es el lugar para empezar.

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