“Ahí, en Luzuriaga al 287”. Entrevista a Martín “Pitu” Frontera. Por Juan Pablo Billordo

“Ahí, en Luzuriaga al 287”. Entrevista a Martín “Pitu” Frontera. Por Juan Pablo Billordo

Martín “Pitu” Frontera es poeta, recitador, músico, glosista y referente de la cultura popular porteña contemporánea. Su obra y trayectoria artística se encuentran profundamente atravesadas por la identidad barrial de Buenos Aires, el carnaval, el tango y la poesía urbana rioplatense.

Sus primeros pasos dentro del arte popular comenzaron en el universo de la murga porteña hacia fines de los años noventa, participando en agrupaciones carnavaleras donde desarrolló el oficio del recitado, la escritura y la glosa murguera. Desde muy joven encontró en el barrio y en la calle una fuente de inspiración permanente, construyendo una voz propia marcada por el lunfardo, la sensibilidad social y la observación cotidiana de los personajes porteños.

Con el paso de los años, Frontera comenzó a profundizar un camino artístico que unió la murga con el tango contemporáneo, recuperando el valor del decir popular y del recitado como expresión cultural viva. Como bandoneonista, letrista y poeta, impulsó propuestas donde conviven el espíritu del carnaval con la estética arrabalera del tango, generando una identidad artística singular dentro de la escena cultural de Buenos Aires.

Fue fundador e integrante de proyectos como Los Garciarena y Zarabanda Arrabalera, espacios desde los cuales trabajó en la integración de la música popular rioplatense, la poesía y el teatro callejero. A través de estos proyectos desarrolló espectáculos, canciones y recitados que reflejan la vida del barrio, la memoria popular y las transformaciones culturales de la ciudad.

Además de su labor artística, Martín “Pitu” Frontera se dedicó a la difusión y enseñanza de la glosa y el recitado porteño mediante talleres, encuentros culturales y compilaciones poéticas. Su trabajo también quedó plasmado en publicaciones y discos vinculados al tango y la murga, participando en distintas producciones musicales y literarias relacionadas con la cultura popular.

Su estilo combina elementos del tango tradicional, la murga porteña y la poesía urbana contemporánea, manteniendo siempre una fuerte raíz popular. En sus textos aparecen el barrio, la nostalgia, el humor, el carnaval, el amor y la vida cotidiana como ejes centrales de una obra que busca preservar y actualizar la identidad cultural porteña.

Actualmente, Martín “Pitu” Frontera continúa desarrollando actividades artísticas y culturales ligadas a la poesía, la música y el recitado, siendo reconocido como una de las voces más representativas del encuentro entre murga, tango y poesía popular en la Buenos Aires contemporánea.


1. Pitu, si volvés al pibe que fuiste en el barrio, ¿en qué momento sentís que empezó tu historia de verdad?

—Yo creo… no sé cómo decirlo. Si le tuviese que poner un principio a mi historia, iría de la mano de mis recuerdos, a partir del umbral de mi casa hacia el barrio, vamos a decir. Eso es ahí, en la calle Luzuriaga, en el límite entre Barracas y Parque Patricios, en el beso de esos dos barrios, como digo yo siempre. Ahí, en Luzuriaga al 287.

Yo nací acá, en 15 de Noviembre y Santiago del Estero, en Constitución. Tengo muy lindos recuerdos de ahí también. Pero mi historia con el barrio empieza in situ, digamos, donde todavía estaba el portón de mis golazos, el portón de la fábrica de condimentos donde nos juntábamos con los muchachos del barrio.

Yo no sé jugar… tenía más que ver con el solo hecho de pertenecer a la cuadra y ver qué pasaba: si ese día había pelota o no había pelota; y si había, qué jugábamos. Si había escondida. O cuando empezamos a ser más grandes: cerveza, vino, dejar la manguera puesta en la puerta de mi casa, siempre con el agua prendida. Y a veces era sentarse ahí a tomar agua y charlar, nada más. “Teníamos todo”.

Ahí estaban los primeros besos, las primeras novias, las primeras tristezas, y siempre las alegrías.

Si tengo que ponerle un punto inicial a mi historia, la natural sería obviamente el 18 de febrero de 1983. Pero la que empieza a darme identidad, personalidad y contenido para después volcarlo como artista en mis canciones, en mis cuentos, en mis poemas o en mis anécdotas… empieza ahí.

La misma aventura y el vértigo de treparse a los camiones que venían a los pedos por Luzuriaga, saliendo hacia el universo de Buenos Aires a recolectar basura, y nosotros colgados atrás hasta que nos revoleaban en una esquina. Con eso arranca mi historia.


2. ¿Qué te dio el carnaval que no te dio nada ni nadie más en la vida?

El carnaval me dio la murga, y la murga me dio la posibilidad de ser artista. De considerarme artista, de sentirme valioso para el arte, de ser una herramienta para el arte.

Yo no vengo de una familia con arraigo artístico, entonces frases como “yo quiero ser payaso” o “quiero ser artista” asustaba, y es re entendible. Hoy no tanto: los que somos papás lo vivimos distinto y hasta nos llena de orgullo. Pero en esa época el artista tenía que nacer consagrado; si no, parecía un peligro.

Y de repente un día venís caminando y ves un grupo de gente en una esquina del barrio que vos quieras, y  te dice: “Vení, acercate. ¿Qué sabes hacer?”. “Nada”.  “No, nada no, algo tenes que saber hacer”.

Y ahí te das cuenta de que tenías una cajita de herramientas en el alma, llena de cosas para aprender a usar. Y empezás a descubrir: “Mirá, era bueno para esto”, “era bueno para lo otro”. Y cuando saber que sos bueno en algo, genera confianza en vos y bueno, vas a ir a buscar cosas que tenias adentro, pero las tenes que trabajar afuera.

La murga hace eso: saca toda esa parte de comunicación que uno tiene adentro mediante diferentes herramientas. Después la familia acompaña, pero hacerte descubrir eso… no lo hizo tampoco el colegio.

Entonces el carnaval me dio la murga, y la murga me dio identidad. Por eso digo que el carnaval me dio todo.

Y ni hablar del mundo en el que me muevo hoy: mi órbita es el carnaval. Las cosas que uso para comunicarme desde el arte las canalizo desde el género carnavalero. Elijo la murga, elijo los géneros que integran el carnaval, elijo el carnaval porteño como medio de comunicación.


3. ¿Cuál fue el momento más difícil que te tocó atravesar en este camino y qué aprendiste de eso?

Casi todos los momentos son lindos y de todos se aprende. Pero uno de los cimbronazos más fuertes fue cuando habíamos armado Fileteando Ilusiones.

Antes yo había arreglado en Los Crotos de Constitución y después nos fuimos para armar ese proyecto, que fue una murga bastante transgresora en ese sentido. Mucha gente nos acompañó y mucha otra decía “¿qué están haciendo?”. No sé si innovar es la palabra, pero éramos inquietos. Teníamos muchas ganas de contar cosas nuevas desde distintos puntos de vista, con muchos instrumentos.

Ahí empecé a tocar el bandoneón porque quería tocar en la murga “El sueño del pibe”, el tango que cantaba Maradona. Yo quería hacerlo con bandoneón dentro de la murga.

Y de repente el proyecto se fue valores. Uno era chico todavía y lo sufrí como si hubiese perdido algo enorme. Incluso tenía una novia que quedó del otro lado. Me tocó el alma.

Después vinieron millones de cosas más, pero eso me marcó mucho. Porque vos te levantás y te acostás pensando en ese proyecto, que no tiene cuerpo pero sí toda una espiritualidad y una humanidad, como si fuese una persona o familia a la misma vez. Y proyectas y proyectas pero se te cae el sueño.

Y ahí aprendí muchísimo: cómo trabajar en grupo, cómo manejar grupos, cómo convivir con distintas realidades socioculturales al mismo tiempo y que todo empate, que todo sea digno.

Aprendés a dosificar lo que querés, lo que aprendés y lo que enseñás, para que siempre sea para mejor.

Después vino Zarabanda Arrabalera, pero ese fue mi primer chirlo.


4. Hoy que sos referencia para muchos, ¿qué responsabilidad sentís cuando alguien te escucha o te mira?

Responsabilidad siento toda. Como cualquier persona que tiene la posibilidad de transmitir una experiencia. No digo un conocimiento, porque la murga, gracias a Dios, está en plena evolución. El que dice “la murga es así” o “es asá”, la está encerrando en un lugar donde no hace falta ponerla. Tiene miles de aristas y siempre hay algo para aprender, enseñar y compartir.

Yo sé que soy referente, pero no sé si por lo que hago o por cómo lo hago, sino por el tiempo que le dediqué. Hace más de veinte años que todo lo que hago lo canalizo por el lado del carnaval, de la murga y de la musicalidad de la Ciudad Buenos Aires. Y me parece que eso fue haciendo que se genere una experiencia, que hoy se convierte en algo referencial.

Y sí, siento mucha responsabilidad de mostrar esto con el mismo respeto con el que lo hice siempre. También de cuidar que lo que se haga, se haga con compromiso.

Hoy el género está súper comprometido y ves cosas maravillosas dentro de esa enciclopedia oral y efímera que tiene la murga. Cada vez hay más gente trabajando con responsabilidad y con un crecimiento artístico increíble.

El carnaval porteño es hermoso.

Entonces la referencia tiene que ver con eso: con entender que este es mi género, mi identidad y mi universo.


5. Si tuvieras que resumir tu vida en un mensaje para los que vienen atrás, ¿qué les dirías sin filtro?

—¡Que vienen re bien!

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