Un día, exhausto de tanto estrés,
el cerebro se cansó.
Sí, se cansó de sentir doler tanto al corazón,
que le dijo de forma muy alterada:
—¡Ya está, basta de sufrir!
¿Hace cuánto que venís latiendo mal?
¡Ya pasaron años, no va a volver!
El corazón, tratando de regular su ritmo,
sin ánimo de confrontar
y con mucho dolor, le dijo :
—Creo que dejaré de sufrir cuando pare de latir, o cuando tú en las noches… la dejes de soñar.
FHÉLIX
