Buscamos la felicidad, es una premisa en nuestras vidas. No tanto como respirar, comer, dormir o trabajar.
La buscamos como quien busca la olla de oro al final del arcoíris.
Muchos la encuentran, la tienen y la pierden.
Muchos la buscan incansablemente sin encontrarla del todo.
Hallarla requiere a veces una cuota de valor que no siempre se está dispuesto a pagar.
Dicen, y yo misma lo he dicho, que es el conjunto de momentos de alegría y paz, el sentimiento de plenitud que nos envuelve en ocasiones. Que no es un estado permanente, que va y viene; por eso hay que apreciarla y cuidarla como a una pequeña niña que solo depende de nosotros.
¿Qué es la felicidad si no son aquellos momentos de plenitud?
¿Aquellos días de alegría que recordaremos luego con nostalgia?
Rara vez nos damos cuenta de lo felices que somos mientras transcurre el momento de serlo.
Así de complicados somos.
