De cuando el chat termina en telo

De cuando el chat termina en telo

El lenguaje cambió de soporte, pero la cacería nocturna conserva intactas sus leyes de fondo. En estos tiempos de hiperconectividad, el mundo literario se convirtió en el boliche o la disco de los años 90. Ya no hace falta empujarse en una barra ruidosa bajo las luces de neón ni esquivar miradas en la pista de baile; ahora el roce se produce entre líneas, en el intercambio de textos, la disección de autores y el sutil despliegue del ego sobre el papel digital. Las afinidades ya no se miden por el ritmo del cuerpo, sino por la densidad de la palabra.

En esta nueva geografía de la seducción, el chat de WhatsApp funciona exactamente como el reservado de la discoteca. Es ese espacio VIP, corrido del ruido del muro público, donde la charla abandona la pose intelectual para volverse íntima, privada y sugerente. Detrás de una fachada de análisis, debates escatológicos, existencialistas o ironías compartidas, el reservado digital va cocinando un magnetismo silencioso. Una pantalla despojada de discursos ensayados puede revelar la honestidad cruda de un lado y la sensibilidad del otro, transformando un simple intercambio de ideas en un terreno fértil para la complicidad.

El peligro y el encanto del reservado es que la palabra escrita estira el tiempo, pero la realidad siempre exige su derecho de piso. Cuando el intercambio de textos agota su fase de prueba, la tregua virtual se termina. Un saludo cargado de subtexto o una coincidencia en el café literario para tomar algo actúan como el pase de salida. En esa mesa, frente a frente, los filtros del intelecto empiezan a apagarse. El escritor deja de teorizar y la editora deja de escanear; el peso específico de las miradas reemplaza a la lucidez de los párrafos.

Cuando la química mental se refrenda en la piel, el desenlace es inevitable. Al apagarse el análisis, los cuerpos reclaman el presente absoluto y el recorrido encuentra su estación final entre las paredes de un hotel de alojamiento. Lo que empezó como un duelo de mentes en la pista del circuito literario y se maduró al calor del reservado virtual, se corona en la cama. No hay promesas de contratos ni edificaciones a futuro en lo efímero del acto; hay, simplemente, dos libertades desarmadas que eligen la verdad del deseo y la nobleza del encuentro cara a cara.

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Carlos Leiva nació un 20 de Diciembre de 1970 y se crio en Estación Rivadavia, a la vuelta de la ex ESMA. Es un artista multifacético, ensayista de literatura narrativa, escritor y editor de contenidos culturales, políticos y sociales. Escribe de cultura, viajes y lugares para visitar. Asesora por X (twitter) a políticos argentinos, entre ellos Mauricio Macri. Es especialista en SEO y posicionamiento web. Dirige urbanocotidiano.com
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