La tempestad. Por Patricia Gorocito

La tempestad. Por Patricia Gorocito

No dejaremos de explorar
Y el fin de nuestra exploración
Será llegar a donde comenzamos
Y conocer el sitio por primera vez
T.S.Eliot

¿Qué es pues el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé” San Agustín. (354 – 430)

Lo más misterioso es el tiempo por eso esa pregunta se la han hecho los grandes filósofos, pero nunca encontraron una respuesta satisfactoria por eso sigue siendo un misterio.

Tal vez inventamos un tiempo cronológico de sucesiones y lineal para podernos ordenar y vivir de alguna manera pensando en el progreso personal.

En lo subjetivo Freud decía que el inconsciente es una instancia atemporal, Lacan siempre que habló de tiempo fue del tiempo lógico.

Los psicoanalistas entendemos estos tiempos lógicos del inconsciente y podemos dar testimonio de ello en la clínica.

Lo que hace singular a una persona es su manera de hacer sus duelos y de amar.

Cada persona tiene sus tiempos para llevar sus procesos psíquicos.

Con respecto a Lacan hablamos de tres momentos, el primero es el instante de ver, el segundo el tiempo de comprender y el tercero es el momento de concluir. Esta secuencia no siempre se da completamente. A veces el tiempo de comprender es eterno para el sujeto y no llega al momento de concluir. Y muchos permanecen congelados en el instante de ver.

Depende de muchas cosas y no importa.

Lo que sabemos que esto hace a las personas únicas.

Digo que no tienen mucho sentido los consejos bien intencionados de los amigos o amigas cuando alguien se separa o se le muere un ser querido (sólo es importante la compañía y la presencia) porque cada persona es única y necesita su tiempo para hacer su trabajo de duelo, si es que puede realizarlo y así llegar al momento de concluir y logra ubicarse en otra posición subjetiva para poco después volver a amar o ser feliz de alguna otra manera.

Porque como dijo Freud en “Duelo y Melancolía” (1917) la libido en el momento del duelo está volcada a este trabajo y una vez terminado puede ubicarse en otro objeto. Volver a amar, por ejemplo.

Con respecto a Freud no sólo habla de tiempo en el artículo mencionado. También lo hace en muchos otros y lo explicita en ciertos conceptos como son el trauma, la repetición y la actualización de la novela familiar.

Hay otros pensadores que hablaron del tiempo mucho antes que los psicoanalistas mencionados.
Heráclito (presocrático) lo piensa cómo un río, como puro devenir. Su famosa frase “nadie se baña dos veces en el mismo río” habla de que somos justamente puro devenir.

Nietzsche en la Gaya Ciencia (1882) y en Así habla Zaratustra (1883) habla del eterno retorno de la repetición. No de lo idéntico, sí de lo mismo.

Los filósofos existencialistas Heidegger y Sartre también dedicaron muchos libros al famoso misterio del tiempo. El gran escritor Jorge Luis Borges y muchos otros pensadores pensaron el tiempo.

Lo que resulta llamativo es que en la vida cotidiana nos manejamos con la ficción de la cronología y también muchas veces con la ficción del progreso. Y para ordenar nuestro pequeño mundo con estos recursos necesitamos pensarnos en un tiempo lineal.

Cada tanto algún sueño nos dice la verdad y por unos instantes habitamos la eternidad.

Ahora si todo esto lo pasamos al ámbito social podemos pensar escenarios parecidos.

Badiou en su libro “Ser y acontecimiento” (1988) habla del tema del acontecimiento y en su obra en general le da un lugar muy especial.

Dice que los acontecimientos, es decir aquellos sucesos que cambian nuestra vida para bien o para mal, sólo se dan en cuatro escenarios: el de la ciencia, el arte, el amor y la política.

Los grandes descubrimientos científicos, la belleza, el deseo y las revoluciones políticas se dan sin previo aviso, sólo acontecen. Nadie puede domesticar el deseo. Nadie puede domesticar a un pueblo por mucho tiempo.

Entonces más allá de la desesperación y de las múltiples historias distópicas que a diario consumimos siempre van a sorprendernos en estos ámbitos situaciones impensadas.

Nuestra necesidad de controlar todo, los aficionados a la futurología y los opinadores compulsivos, no saben que están en manos de la contingencia o del azar las cosas más importantes de la vida.

Sí lo supieran, incluso los medios de comunicación, cuando deberían ser servicios abiertos a la comunidad y transmitir serenidad se aceleran de una manera que trastornan hasta al pobre tiempo lineal que compartimos.

Los problemas de ansiedad de esta época son muy notables.

No habitamos un tiempo saludable para apreciar la belleza y lo que nos hace bien porque vamos corriendo y en la mayoría de los casos los medios de comunicación nos muestran cosas horribles y nos perdemos hermosos paisajes.

Para ver hay que detenerse, aunque sea un instante.

Lic. Patricia Gorocito
Docente UBA – PSI

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