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Ocho razones por las que siento preocupación, pero también esperanza por la próxima generación
Queridos niños de hoy y de mañana,
Hace 30 años, cuando el orden mundial se encontraba en un flujo de cambio constante –la caída del muro de Berlín, el declive del apartheid, la creación de la Red Informática Mundial– el mundo se unió en defensa de los niños y de la infancia. Si bien la mayoría de los padres y madres del mundo de entonces habían crecido bajo dictaduras o gobiernos fallidos, esperaban que sus hijos disfrutaran de una vida mejor, de mayores oportunidades y de un mayor número de derechos. Por lo tanto, cuando los dirigentes de numerosos países se reunieron en 1989, en un momento de rara unidad mundial, para contraer un compromiso histórico con los niños del mundo destinado a proteger y hacer realidad sus derechos, surgió un verdadero sentimiento de esperanza para la próxima generación.
¿Cuánto hemos progresado? En las tres décadas posteriores a la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño hemos conseguido reducir el número de niños que no asisten a la escuela primaria en casi un 40%, a pesar de la explosión demográfica mundial. El número de niños menores de cinco años con retraso en el crecimiento disminuyó en más de 100 millones. Hace tres décadas, la poliomielitis paralizaba o mataba a casi 1.000 niños todos los días. Hoy en día, se han eliminado el 99% de esos casos. Muchas de las invenciones que han hecho posible estos progresos –como las vacunas, las sales de rehidratación oral y una mejor nutrición– han demostrado que no solo eran prácticas sino que también eran rentables. El auge de la tecnología digital y móvil, y otras innovaciones, han facilitado y aumentado la eficiencia en la prestación de servicios esenciales en comunidades de difícil acceso, y la ampliación de las oportunidades.

Sin embargo, la pobreza, la desigualdad, la discriminación y la distancia siguen impidiendo que millones de niños disfruten cada año de sus derechos, ya que 15.000 niños menores de cinco años siguen muriendo todos los días, en su mayoría debido a enfermedades que se pueden tratar y a otras causas evitables. Estamos haciendo frente a un aumento alarmante del número de niños con sobrepeso, pero también de niñas que sufren anemia. Los persistentes problemas que presenta la defecación al aire libre y el matrimonio infantil siguen amenazando la salud y el futuro de los niños. Aunque el número de niños escolarizados es más alto que nunca, el desafío que supone lograr una educación de calidad no se ha conseguido superar aún. Estar en la escuela no es lo mismo que aprender; más del 60% de los alumnos de las escuelas primarias de los países en desarrollo todavía no alcanzan un nivel mínimo de competencia en el aprendizaje, y la mitad de los adolescentes del mundo hacen frente a la violencia en la escuela y no consideran la escuela como un lugar seguro. Los conflictos siguen privando a los niños de la protección, la salud y el futuro que merecen. La lista de problemas actuales en materia de derechos del niño es considerable.
Y la generación de todos ustedes, los niños de hoy, confronta una nueva serie de desafíos y cambios mundiales que eran inimaginables para sus progenitores. Nuestro clima está cambiando de manera irreconocible. La desigualdad se está agravando. La tecnología está transformando la forma en que percibimos el mundo. Y el número de familias que tienen que emigrar es mayor que nunca. La infancia ha cambiado, y nosotros necesitamos cambiar nuestros planteamientos con respecto a ella.
Así que, al contemplar los 30 años transcurridos desde la Convención sobre los derechos del Niño, nosotros también deberíamos mirar hacia adelante, hacia los próximos 30 años. Debemos escucharlos a todos ustedes –a los niños y los jóvenes de hoy– sobre las cuestiones que más les preocupan y empezar a trabajar con ustedes para encontrar soluciones del siglo XXI a los problemas del siglo XXI.
Con todas estas cuestiones en mente, quisiera describir las ocho razones por las que estoy preocupada por su futuro, y las ocho razones por las que creo que hay esperanzas:
Fuente: Unicef
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]]>The post Una gira por siete países para combatir los abusos sexuales en la infancia. Por Juan Botana appeared first on Juan Botana.
]]>Tras presentarse ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en octubre de 2022, los argentinos Silvia Piceda y Sebastián Cuattromo emprendieron una gira por siete países del norte de África y Europa con un objetivo de visibilizar y combatir los abusos sexuales contra los menores de edad.
La pareja, fundadora de la asociación Adultxs por los derechos de la infancia, realizó una travesía de más de un mes por Marruecos, Italia, Francia, Alemania, Bélgica, España y Portugal, en donde se reunieron con representantes de organismos gubernamentales y civiles para crear conciencia sobre un delito que sufren “uno de cada cinco niños” en el mundo.
“Es un crimen impune porque la sociedad adulta ha elegido guardar silencio (…). Lo terrible es que los abusadores y las abusadoras siguen actuando y que los niños de hoy la siguen pasando mal. Por eso, tenemos la obligación de cambiar esta realidad y salir a defender a los niños de hoy”, señala Piceda.
La gira tuvo sendas actividades en Casablanca, Rabat y Dajla, y continuó entre el 7 y el 11 de marzo en Roma.
Posteriormente, Piceda y Cuattromo visitaron París (13 a 17 de marzo), Berlín (20 a 22 de marzo), Bruselas (23 y 24 de marzo), Madrid (27 a 30 de marzo) y Lisboa (31 de marzo al 2 de abril), ciudades en las que se reunieron con representantes de la Unesco, del Consejo de Europa y de la Unión Europea, entre otras instituciones.
“Esperamos que esta gira abra nuevos horizontes y nuevos compromisos institucionales, que entendemos son indispensables para transformar la historia y para que esta causa empiece a tener máxima importancia política para nuestras sociedades”, asevera Cuattromo.
ABUSOS EN LA IGLESIA ARGENTINA
Cuando tenía 13 años, Cuattromo sufrió abusos sexuales en el Colegio Marianista de Buenos Aires: en 2012, la Justicia argentina condenó a doce años de prisión a su agresor, el hermano Fernando Picciochi.
En este aspecto, Cuattromo se muestra crítico con la actitud del Arzobispado de Buenos Aires, dirigido por el entonces cardenal Jorge Bergoglio, actual papa Francisco, organismo al que acusa de apoyar al Colegio Marianista, entidad que le ofreció una compensación civil por los daños ocasionados, siempre y cuando la mantuviera en secreto.
Durante los últimos diez años, Cuattromo solicitó en reiteradas ocasiones una audiencia con el sumo pontífice para abordar esta cuestión, una petición que, asegura, fue ignorada “totalmente” y que expuso con detalle el 9 de marzo, en una comparecencia en la sede de la Asociación de la Prensa Extranjera en Roma.
“Nunca fuimos recibidos por él y esto da cuenta de una profunda subestimación e ignorancia por parte, nada menos, del primer papa argentino y latinoamericano de la historia con respecto a las víctimas de abuso sexual en la Iglesia católica en Argentina y en Latinoamérica”, lamenta el cofundador de ‘Adultxs por los derechos de la infancia’
Ya se cumplieron 11 años de la condena al ex hermano marianista Fernando Picciochi, tras una odisea de más de veinte años de nuestro compañero Sebastián Cuattromo. Al tiempo que siguen compartiendo la campaña para visibilizar a la infancia como sujeto de derecho.
“Quedé plasmado el día que me lo contó. Lo que le ocurrió a Sebastián es atroz por donde lo mires, lo bueno es lo que él y tantos podemos hacer para revertir esta situación”, afirmó Juan Botana, socio de la agrupación.

Juan Botana es socio y colaborador de Adultos por los derechos de la infancia
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]]>Con gran esperanza y emoción la Asociación Adultxs por los Derechos de la Infancia invita a la presentación de su libro “Somos Sobrevivientes, crónicas de abuso sexual en la infancia” que tendrá lugar el este martes 22 de noviembre a las 16hs en la sede de la Cancillería argentina, Esmeralda 1212 salón Libertador, en ocasión del Día Internacional de Lucha contra el Abuso Sexual, actividad que contará con la presencia del cuerpo diplomático extranjero acreditado en Argentina.
La jornada tendrá lugar después de la formidable presentación pública internacional del libro “Somos Sobrevivientes” en la Ciudad de Ginebra en el ámbito del Consejo de Derechos Humanos de la ONU el reciente 4 de octubre, en el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales con la participación del Presidente del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Y después de la excelente participación del libro en la Feria Internacional de Frankfurt a fines de octubre, el evento Editorial más grande del mundo!!!
Y antes de su llegada a la Feria Internacional de Guadalajara, la Feria del Libro más importante del mundo de habla hispana.
Los videos fueron elaborados en conjunto con las Direcciones de Asuntos Culturales y de Derechos Humanos de la Cancillería argentina, y es una presentación del libro “Somos Sobrevivientes” en la que participaron seis de los/as ocho integrantes de Adultxs por los Derechos de la Infancia, que brindaron sus testimonios para esta antología de relatos. Los nombres de los ocho escritores y escritoras son Claudia Aboaf, Félix Bruzzone, Gabriela Cabezón Cámara, Juan Carlos Kreimer, Fabián Martínez Siccardi, Sergio Olguin, Claudia Piñeiro y Dolores Reyes. La Asociación Adultxs por los Derechos de la Infancia es presidida por Silvia Piceda y Sebastián Cuattromo.

Fuente: Adxultos por los Derechos de la Infancia
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]]>Ante la experiencia que acabamos de vivir en la provincia de Chubut, en la Patagonia Argentina, acompañando (tal como lo hacemos por todo el país y desde hace años) solidariamente a un niño víctima del delito de abuso sexual en la ciudad de Puerto Pirámides y participando de la lucha colectiva de sus adultxs protectores y de organizaciones de defensa de la infancia en búsqueda de reparación y justicia ante este crimen, y que el pasado miércoles 2 de octubre tuviera en la ciudad de Puerto Madryn, como es de conocimiento público, el formidable logro de la ratificación de manera unánime del fallo condenatorio de la progenitora y padrastro abusadorxs (Bárbara De Cristófaro y Julián Morón, a 16 y 14 años de cárcel, por el delito de “abuso sexual agravado”) lxs Adultxs por los derechos de la Infancia queremos hacer notar públicamente el inaceptable y gravísimo papel de abierta complicidad y apoyo con lxs agresorxs juzgadxs y condenadxs que han sostenido algunas organizaciones gremiales y feministas de la provincia de Chubut, junto con una no menos grave y urgente ausencia hasta la fecha de pronunciamiento crítico alguno al respecto por parte de referentes y organizaciones gremiales y feministas a nivel regional o nacional.
Que no dudaron en apoyar activa y públicamente a dos adultes juzgados y condenados por el delito de abuso sexual, publicando comunicados y solicitadas donde se plantearon abiertamente múltiples y nefastos conceptos cargados de negación y ninguneo al sufrimiento de la infancia víctima del delito de abuso sexual.
Accionar que a nuestro juicio demuestra el profundo y transversal arraigo de posturas y concepciones absolutamente adultocéntricas que niegan el sufrimiento de lxs niñxs víctimas del delito de abuso sexual, y que lxs revictimizan junto a sus adultxs protectores, como bien lo hace el más crudo sistema patriarcal, inclusive en algunos espacios que se autodefinen como críticos de la cultura dominante y como defensores de los derechos humanos.
Por eso y como colectivo conformado por sobrevivientes adultxs del delito de abuso sexual y por adultxs protectores de niños, niñas y adolescentes víctimas en el presente, lxs Adultxs por los derechos de la infancia queremos volver a compartir algunos puntos básicos:
Las mujeres, como cualquier otre adulte, también abusan sexualmente de niños, niñas y adolescentes.
Como colectivo de lucha que desde hace 7 años visibilizamos públicamente este delito por todo el país, y que recibimos cotidianas consultas y mensajes desde muy diversos lugares y ámbitos sociales de Argentina y el mundo, podemos aseverar que a nuestro espacio han concurrido, concurren y consultan múltiples compañeros y compañeras sobrevivientes de abuso sexual a manos de mujeres (desde su rol de madres, madrastras, primas, abuelas, docentes, religiosas, cuidadoras).
Por lo tanto, y aún en el contexto de sociedades patriarcales y machistas, afirmar que sólo lxs varones son abusadores, como lo han hecho públicamente las organizaciones gremiales y feministas chubutenses, es faltar a la verdad, negando, una vez más, la real suerte de la infancia en nuestras sociedades adultocéntricas que es la de poder ser dañada por cualquier adulte sin importar el género.
Y referir que el discurso del niño víctima es un relato ficticio, como también lo han hecho públicamente las organizaciones gremiales y feministas chubutenses, es utilizar las herramientas y el marco teórico del inexistente síndrome de alienación parental, cuyo fin es invisibilizar el delito de abuso sexual contra la infancia (sobre todo en el ámbito intrafamiliar).
Que este invento, que fue y es una herramienta que utilizan les abusadores y sus defensores y que no resiste ningún análisis teórico, sea utilizado en boca de organizaciones que dicen defender los derechos humanos nos hace pensar en qué difícil y cuánto nos cuesta a les adultes reconocer los más elementales derechos humanos de la infancia.
Por eso, y desde nuestras largas experiencias de dolor y de lucha como sobrevivientes de abuso sexual y adultxs protectores de niñxs víctimas, y desde las críticas observaciones y aprendizajes de nuestra maravillosa práctica y construcción colectiva de todos estos años en los más diversos ámbitos sociales, lxs Adultxs por los derechos de la infancia nos proclamamos, una vez más, como NIÑISTAS.
Y desde este posicionamiento ético y político es que invitamos y convocamos de manera permanente a un urgente diálogo y debate público al conjunto de la comunidad adulta de la que críticamente formamos parte, y especialmente a todas las organizaciones, colectivos y grupos que se plantean el trabajar por la construcción plural y diversa de un mundo absolutamente distinto y mejor que el actual, para repensar y planificar prácticas, ideas, discursos y posiciones desde y por la infancia.
Sabemos que obligarnos a que prevalezcan los derechos humanos de infancia sobre los otros derechos es un desafío absolutamente incómodo y transformador y que viene a romper con un paradigma central que ha sostenido y sostiene nuestros violentos y opresivos modos de relación y vinculación hasta la actualidad.
Ya que considerar a la cría humana como el todo más importante a proteger es, a nuestro entender, la base imprescindible para lograr la construcción de un mundo absolutamente distinto y superador del actual.
El texto es de Silvia Piceda cofundadora junto con Sebastián Cuattromo de la asociación civil Adultxes por los Derechos de la Infancia. El uso de la x y de la e puede resultar un escollo a la hora de leer. Como le es a muchos niñxs sobrevivir a su infancia.
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]]>Hernán iba a un colegio de curas, pupilo, en Almagro. Y todos sus compañeros admiraban locamente al padre Claudio. Pasaban todo el día con él, escuchaban sus consejos, leían los evangelios y la biblia y hablaban de la doctrina social de la Iglesia, de los problemas para consolidar la democracia y de tanta injusticia que había que subsanar por esos años. Era seguidor de la teología de la liberación y tenía un espíritu político muy solidario, incluso hasta había caído preso en las protestas en la dictadura y protegido a varios peronistas exiliados. Era un ejemplo para todos. Si muchos querían tenerlo de profesor en el secundario y seguir aprendiendo todo sobre la doctrina de la Iglesia dedicada a los pobres, una opción de izquierda entre tanto facho.
Entonces el brillo de la sala iluminó la transpiración de la frente de Hernán y comenzó con el relato.
El cura Claudio me enseñó a leer literatura, poesía. Cantábamos canciones de protesta, íbamos a los campamentos, hacíamos fogones y traficábamos por las noches todos esos libros poco santos. Después de repetir las oraciones volvíamos todos juntos a los cuartos.
Un día sentí que tocaba la puerta. Le había pedido que me cubriera para salir de la escuela a una marcha en defensa de la educación pública y por un alumno al que le habían pegado y estaba internado. Y el padre Claudio solía cubrirte en esas cosas. El problema era lo que te pedía a cambio. Pero yo nunca creí del todo que así fuera.
Yo estaba recostado y él se sentó en mi cama. Le pidió a los otros chicos que se fueran y se puso hablar cómo en un confesionario. De lo difícil que era para él la vocación. Pero que había que ser fuerte. Que el Señor lo estaba mirando. Que yo era un poco chico para él. Pero que no tenía que preocuparme tanto. Que para eso estaban los adultos. Que él recién con la docencia encontró su lugar en el mundo y que yo con el tiempo iba a encontrar el mío. Que no me pusiera nervioso. Que tenía que estar calmado, recostado. Que es con la fe cómo se producen los milagros. Me explicó cómo aparece el deseo a mi edad y no podemos contenerlo. Y que con toda esa rabia contenida tenía que hacer algo. Es muy feo tener sensaciones nuevas y no saber lo que nos pasa. Que él me podía ayudar. Que excitarse a veces no es pecado. Pero tenía que ser célibe. Que él también había tenido doce años.
-Fuerza hijo-, me dijo. Que luchara por la educación pública, que era el último sueño de igualdad que nos quedaba. Que él podía ser mi guía espiritual si lo dejaba. Y que fuera a marchar, que él me cubría. Pero primero debía darle algo a cambio. Lo repetía mientras su mano corría por mi pierna, hasta encontrar al fin lo que venía buscando.
Le pedí que no lo hiciera. Luego mis padres me sacaron de la escuela y mis compañeros nunca me perdonaron que lo hubiera denunciado.
Cada vez había más marchas porque la represión a los estudiantes en las calles seguía, encima el chico al que le pegaron y estaba internado, murió. Si hasta incluso acamparon por días los docentes junto con los estudiantes y partidos de izquierda, y se solidarizaron artistas y cantantes de protesta por el caso.
Hernán se sentía cada vez más comprometido en su lucha y más libre en manifestar sus postulados. Por la paz, por la democracia, por la educación pública. Para que en este país de una vez por todas gobiernen los de abajo. Y para cubrirlo el padre Claudio le pedía cada vez un poco más. Y eran más frecuentes las visitas a su cuarto.
El juicio duró unos veinte años. Y se fueron sumando a la causa los compañeros de colegio que también habían sido abusados y que con el tiempo cambiaron su alegato, y eso ayudó a su condena. Aunque en la Argentina la condena por abuso es de sólo catorce años, y por buena conducta se reduce a la mitad y hasta algún año antes salen, si son vigilados. Pero Hernán igual festejó. Al igual que las organizaciones que defienden los derechos de los niños y el colectivo de mujeres que estaban en la sala y aplaudieron, que uno de los mil casos de abuso sexual a menores que hay y llegan a juicio, haya sido condenado.
El padre Claudio jamás se defendió y su defensa se basó en los testigos que lo conocían del barrio al que se había mudado. Que decían verlo pasear al perro, que era un viejo bueno, que iba a la iglesia y al almacén como cualquiera. Que de ninguna manera podía ser un abusador. Que ni siquiera sabían que era cura. Que no hacía nada raro. Que el pobre no tuvo hijos, pero que lo había deseado.
De pronto, habló. Cuando lo llevaban esposado. Y el silencio de misa se rompió y empezó a gritar: “Ustedes me condenan a mí, en lugar de condenar a la sociedad. Ustedes no entienden porque no son católicos. Esos chicos están solos. Algo tenía que hacer con tanta rebeldía como la que tenía Hernán. Ustedes no tuvieron los padres que tuve yo. A mí me obligaron. Si no me metía de cura la dictadura me mataba. Él quería ir a las marchas y yo lo salvé de algo peor. Lo sané. ¿Imagínense si se hacía comunista o algo? ¿O por qué creen ustedes que yo me excluí en el celibato?”.
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