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]]>No hay árboles, tesoro. No logro guiarme.
Está el sol, están las estrellas.
La cruz del sur.
Recorremos calles que conocí. Por lo tanto, me pierdo. Erramos
¿Mami, cuándo llegaremos allí?
El paisaje ha sido ultrajado, tesoro, no puedo olvidarlo. Los cruces y bocacalles son los mismos, por eso me desconozco.
A un lugar añorado se debe regresar como si se caminara hacia un cementerio.
¿Mami, cuándo llegaremos allí?
Otro lugar de los tantos desconocidos. Los recuerdo. Autos, perros callejeros, tiendas de ropa, verdulerías. No lo reconozco de tan conocido que me resulta, tesoro.
No hay naranjos, ni limoneros, ni lecheros con su carro, ni chatarreros, ni soderos. Ya no hay novios. Empiezo a recordar.
¿Mami, cuándo llegaremos allí?
Ya no hay calles de tierra, ni colectivos, ni peleas. Ya, ni siquiera, hay muertos. Este lugar lo recuerdo porque no tengo registro de él en mi memoria. Se me adormecen los ojos de mirar tantas cosas conocidas.
¿Mami, cuándo llegaremos allí?
Tal vez siempre, tesoro.

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]]>¿Es verdad que te fascinan los barrotes y las celdas?
¿Es cierto que luchamos por la esclavitud?
Sombras. Pasillos. Puertas con traba y cancel.
Hierro.
Hasta en la muerte: cajón de madera y cementerio, encerrados bajo tierra. ¿Ese hombre a tierra no va? ¿Cenizas?
En breve, cárcel.

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]]>¿Cuántos kilos pesa tu dolor?
¿Cuántos kilómetros de extensión han detectado en la medición de ese, tu dolor?
Pero duele, sin mensura.
El sendero interminable y polvoriento que elude las fronteras resalta el calloso dolor del caminante sin destino preciso. Forastero. El propio andar constituye esa búsqueda cambiante, imprecisa, azarosa traspasada de dolor, transpiración y soledad. Y el rostro de los árboles. ¿A cuántos kilómetros de tu dolor están los árboles, caminante? No conocer metas y descubrir bifurcaciones. El continuo alambrado que indica lo que nunca podrás transitar.
El sendero, el camino polvoriento y pedregoso. Aquellas montañas no te pertenecen forastero pero te secundan en tu viaje. Soledad. Y eludir las fronteras. ¿Hay fronteras para la soledad? Polvo, piedra y camino. Un cielo impiadosamente gris aunque brille el sol, las piedras en los zapatos, el polvo impregnado en la nariz no vencen la obcecación del caminante. ¿Vas a continuar extranjero? ¿Vas a continuar en búsqueda de aquel lugar inexistente? Encara el camino polvoriento como si fuera eterno y el tiempo se hubiera diluido.
Quedándote o yéndote.

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