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]]>Pero, los dioses tienen otros planes. Por placer eligen sus víctimas y sin querer hechan sus dados a rodar, marcando así nuestro azar.
Y aunque sea una contradicción, te enamoró justamente esa capacidad de entrega, el que te hiciera sentir el hombre más amado, el que te hiciera ver, pese a tu seguridad, lo que sos.
Hoy nos separará mi incapacidad. No puedo no sentir, aunque eso me vuelva vulnerable, y si pude entregarme como lo hice fue porque estaba, en cada acto, con todo mi ser.
Yo no sé fingir y sea quien sea, el juez que sentencie una y otra vez, el fallo se cumplirá, porque el juego seguirá, cumplas o no las reglas.
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]]>ESCONDÍA
Escondía lo que sentía, escondía lo que pensaba, escondía lo que comía, escondía…
Una mañana, el espejo, escondió su imagen.
PRÓLOGO
Escribir en primera persona esto, implicaba desnudar mi alma, y no creo estar preparada para hacerlo, sin embargo, necesito ponerlo en palabras.
Una vez, le conté esto, a un amigo, que me escuchó no sólo con mucha atención, sino también, asombrado y me dijo que debía contarlo, porque no todos conocen lo que es esta adicción, lo que produce, ni cómo nos sentimos lo que la padecemos.
Escribir sana, aún aunque no estemos conscientes de nuestra enfermedad y para ello a las letras hay que darles libertad, dejarlas que se expresen y que llenen los espacios en blanco.
Y al releerlo, salió la primera persona, agazapada.
Iba por la vida, viviendo, cubierta, cual cebolla, de cuantas capas fueran necesarias, para esconder, sin ser conscientedequé estaba tapando.
Había, con mucho esfuerzo y entrega, logrado conocer lo que significaba vivir en el cielo, sin todas esas capas.
Era un lugar donde los cables no tenían cubierta y todo se sentía como una montaña rusa.
Descubrió un mundo totalmente desconocido. No sólo pudo conocerse, sino que además pudo VER eso que la rodeaba, las personas, tomar conciencia que había también un otro.
Además, en ese cielo, conoció las palabras en toda su dimensión, a caminar, a mirar. Era, ni más ni menos, que un niño recién nacido con 47 años.
Un proceso como de diez pasos, subiendo una montaña escarpada con una piedra gigantesca, que se reducía a medida que escalaba y sus pulmones volvían a respirar. Perdonarse, entendiendo lo que había sucedido y animarse a desnudarse, mirarse en ese espejo que ahora la reflejaba.
Descubrir el escondite, el hacer consciente el acto de tapar , llorar y que esas lágrimas puedan vaciar el dolor que ni sabía que existía.
Y, ahora la pregunta del millón, ¿cómo se hace para vivir en el cielo?
El proceso es doloroso, escabroso. Se necesita aprehender un verbo : QUIERO. Saber la diferencia entre SOY y ESTOY , también es muy importante.
Así como el alcohol no produce el mismo efecto en quienes lo consumen, lo mismo sucede con esta sustancia.
La harina, “ayuda” a esconder, produce un alivio inmediato que obviamente a medida que se consume, se necesita aumentar la dosis y el efecto dura menos.
Durante esa desintoxicación, hay llanto, irritabilidad, dolor intenso de cabeza, frío, mareos. Pero, además se necesita que se produzca la cetosis, o sea un mínimo de cuatro horas entre cada ingesta.
Cuatro días para alcanzar la paz, a la que hay que sostener, porque se pierde en un segundo. ¿ Se puede volver? Sí, pero hay que pasar por todo lo anterior de nuevo.
¿Vivir en el infierno? Y sí. No sabía qué era, ni qué vivía ahí. Es un lugar oscuro, doloroso.
Hay conductas que son propias de los que estamos en ese lugar. Alejarnos, recluirnos, evitar mostrarnos, agresividad, conductas defensivas (aún cuando nadie nos ataque).
Una de las tareas más dolorosas, salir al mundo cada mañana. Ver el ropero repleto de ropa preciosa comprada y elegida con tanto amor y que nada te entre. Tener que “elegir” lo mismo, porque hasta ir a comprar algo que te guste y ande implica recibir violencia. Una vendedora que te explica sin ninguna empatía que no venden ropa para vos en ese lugar
EPÍLOGO
Hoy, con tanta terapia encima, consciente de lo que me pasa y porqué como cuando como, sin buscar victimizarme, porque sé que si estoy como estoy es sólo porque no quiero enfrentar lo que me duele, busco sanar y si a alguien más le pasa, que sepa que no está solo.
Silvina Lérida
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]]>Escondió, en un rincón de la parte de atrás de la pintura, una carta para ese niño. No podía recordar nada más, pero sabía que en algún momento habían vivido una gran historia y si él, como ella había sobrevivido, podrían terminarla, en otra vida, con otros mares y otras compañías
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]]>El que no despegaran, le producía frustración aunque, no dejaba de desearlo.
En algún momento, se olvidó que las tenía y siguió tejiendo palabras cargadas de emociones, con más y más asuididad.
De pronto, esa mañana, al salir a tomar su café matutino al jardín, sintió que se elevaba. Sus alas, sin pedir ningún permiso previo, se abrieron.
Quizás, sólo necesitaba creer en el poder de las palabras.
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]]>Sintió la explosión cuando ya era tarde y no pudo guarecerse. Estaba así paseando, sin ningún poquito de coraza . En realidad, acostumbraba a entregarse sin medidas al amor, al dolor, a los colores del arco iris.
Y al intentar reaccionar, no pudo. Su voz llegaba de lejos, la luz del túnel la envolvía y como pasa en las películas, toda esa historia pasó en imágenes dándole luces y sombras en la misma medida.
Seguramente nadie buscaría exterminar un hormiguero poniendo una bomba, porque de hecho terminaría con él, pero ¿estaría preparado para afrontar los daños colaterales de tamaña acción?
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]]>Luego de escucharlo, el dependiente, toma su teléfono y manda un mensaje. Le explica que tienen un grupo entre los locatarios y que si bien él no la conoce, quizás los otros sí.
A los que fuimos testigos de esta búsqueda nos impactó esa sonrisa, la luz que irradiaban sus ojos al hablar de ella y seguramente también, imaginamos la historia que se tejía en esa investigación.
Ser cómplices de estas crónicas inconclusas, en donde la edad, el tiempo ni la distancia pudieron borrar la huella dejada, enciende luces, prende fogatas, y llena de esperanzas los deseos de volver a empezar.
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]]>-Soñé con mi mujer, le dije, escrutándolo fijamente.
– ¿Te dijo dónde escondió el dinero?
-No. Sólo me contó cómo la mataste luego de torturarla por horas.
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]]>Sus pies habían recorrido más ciudades de lo que su pasaporte podía mostrar, sus sueños, alcanzaron hasta lo que otros osaron imaginar y, esas manos…
Poner palabras que hicieran justicia a tanto por decir, era una tarea difícil. sólo necesitaba que esa luna, grande redonda y con toda su magnitud se animara a posarse en ella, porque hasta ese astro que le pedía permiso, permitía con ese sencillo acto que todo volviera a comenzar.
¿Cuál era ese secreto?, ¿qué se escondía en tamaña letalidad?
Un amor, profundo, receloso, plagado de lujuria, que comenzó allá, alguna vez y, que como esos amores que nunca se pueden realizar, pero tampoco terminar, estaba destinado a viajar y volverse a encontrar y nunca concretar.
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]]>Respiraba el aroma de sus flores, volvía una y otra vez sobre sus pasos buscando algo, que ni sabía si quería. Tomaba su celular, abría el chat vacío como si volviéndolo a mirar, aparecieran las palabras que deseaba leer.
Por fin, salió y decidió que era momento de tomar el poder sobre sus decisiones, la vida continuaba para todos.
Subió a ese taxi, marcó su número y con voz trémula le dijo:-estaba en la pieza cuando te escuché hablando con ella.
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