Crónicas de amor - Juan Botana https://cartaabierta.com.ar/secciones/cronicas/cronicas-de-amor-cronicas/ Comunicación y cultura Wed, 09 Jul 2025 02:06:02 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9 https://i0.wp.com/juanbotana.com/wp-content/uploads/2025/07/cropped-ico-jb.jpg?fit=32%2C32&ssl=1 Crónicas de amor - Juan Botana https://cartaabierta.com.ar/secciones/cronicas/cronicas-de-amor-cronicas/ 32 32 Mañana en blanco. Por María Laura Daniele https://juanbotana.com/manana-en-blanco-por-maria-laura-daniele/ Tue, 31 Oct 2023 16:48:16 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=10581 Cerrar de ojos, domingo en el cual se recorre el día que ha pasado, se vuelve a respirar profundo y dormís, el perfume de las sábanas te recuerda que sigue siendo domingo. Los pájaros del alero me despiertan me dicen quétan gris o azul estará el cielo.Sí, eso me imagino,

The post Mañana en blanco. Por María Laura Daniele appeared first on Juan Botana.

]]>
Cerrar de ojos, domingo en el cual se recorre el día que ha pasado, se vuelve a respirar profundo y dormís, el perfume de las sábanas te recuerda que sigue siendo domingo.

Los pájaros del alero me despiertan me dicen quétan gris o azul estará el cielo.Sí, eso me imagino, quizá también sea una revuelta de aleteos y diferencias entre clases, pero quiero imaginarme eso. Abro los ojos a medias al unísono corro la cortina y veo antes que nada el Jacarandá, que tanto me costó germinar, desde una semilla que traje de Av 9 de Julio, aún es pequeño pero su puntal le dice que confíe, que él está ahí. Aunque no lo protege de las aterradoras hormigas, de eso si me encargo yo.

Hay humedad, eso quiere decir que la lluvia pronto vendrá, esta cicatriz de aquel accidente me lo dice, no hay dudas que supera el 90%, en fin debo alistarme y recorrer los caminos que ellas, las temibles hormigas  van surcando, porque saben que precipitará en cualquier momento, no sé si por alguna cicatriz, pero lo saben. Prevenir y cuidar de los malvones, que raro, no han florecido aún los blancos.

Al salir al patio Olivia y Jojo están ahí, faltas vos Matías, claro que faltas! y mucho, tu medallita me queda, no es consuelo, sino recuerdo y eso me pone un poco gris.

Pongo la pava y recuerdo que una risa dormida me despertó en la madrugada, después le preguntaré a Fran, no se va a acordar pero lo escuche reír y creo que me hizo sonreír, se mimetizó con algo que yo soñaba, porque si no cómo se explica, ¿sino es con el desfasaje de este mundo con el de los sueños?

Primer sorbo de este rico mate, amarguito burbujeante, temperatura ideal para mí, objetivamente para mí. Esas cosas de cebar mates para uno mismo, no hay una voz que te sugiera levemente, calentale un poco más, o si la yerba fue inclinada o mojada por demás, o ponele una cucharadita de azúcar al primero,  otro sorbo y una sonrisa surge, porque eso es mi imaginación que evoca un momento. Ruidito de mate y la sonrisa otra vez.

El tiempo se hace más lento si estás en paz.

La guitarra pide upa, está afinada seguramente las yemas de los dedos me dicen que hay una melodía en mi por salir – “hay música en mi”- Una vez desperté con esa frase en mis labios algo me dijo que creyera un poco más en mí, me elevé por sobre la yo de unos días atrás y eso me hizo crecer.

Siendo que pasan las cosas porque si y también porque no, es que el sorbo de mate vuelve y me hace sonreír nuevamente. Así despierto  ¿y vos?

The post Mañana en blanco. Por María Laura Daniele appeared first on Juan Botana.

]]>
Carta abierta de María Margarita Pérez Vallejos a Juan Ares https://juanbotana.com/carta-abierta-de-maria-margarita-perez-vallejos-a-juan-ares/ Mon, 12 Dec 2022 17:36:44 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=5826 Sí, sólo es porque ya agoté las instancias de hablar contigo sin respuesta. Yo soy sincera al decirte que nunca pensé que esto funcionara porque había cosas que no me agradaban de tus misterios, de tus problemas, de accidentes, cosas que después me quedaron claras. Lo agradezco. Sin embargo, conociéndote,

The post Carta abierta de María Margarita Pérez Vallejos a Juan Ares appeared first on Juan Botana.

]]>
Sí, sólo es porque ya agoté las instancias de hablar contigo sin respuesta.

Yo soy sincera al decirte que nunca pensé que esto funcionara porque había cosas que no me agradaban de tus misterios, de tus problemas, de accidentes, cosas que después me quedaron claras. Lo agradezco. Sin embargo, conociéndote, hubo nuevas actitudes tuyas, algunas las dije, otras no porque quería dejar la fiesta en paz. Esa fiesta nuestra o sólo mía, la disfruté plenamente. Ya sabes que estoy agradecida y que siempre que lo recuerde, seguiré estándolo.

Si bien es cierto, yo más menos sabía con lo que me encontraría allí. Nunca esperé que en el aeropuerto estuviera un hombre sonriente, que me estrechara en un abrazo o que en sus manos tuviera una flor para mí. Menos con la demora desde Madrid a tu tierra, ya imaginaba tu cara de disgusto. Que no sabía siquiera si estarías o debería dormir esa noche allí mismo si no era posible encontrar un hospedaje. Fue muy difícil controlar mi mente de ese estrés. Has de saber que en asunto de vuelos es siempre así. Lo último es la espera de tu maleta en la ronda que con suerte pasa rápido. Tampoco en esta ocasión fue así. Eso una tardanza de más de media hora.

Me desilusioné de ti, Jesús o Juan Ares. Eran más de veinte horas de viaje, pero pensé que nadie que no lo haya hecho puede comprender el cansancio extremo, la deshidratación, el dolor de las extremidades por ser un vuelo económico donde no puedes viajar cómodo, indiferente a que yo me lo haya pasado durmiendo durante este, fue cansador.

Así empecé una pequeña vida contigo, llena de dudas que no exterioricé. No te conocía y elegí viajar hasta ti porque deseaba estar con alguien diferente después de tanto encierro (pandemia). Muchas cosas callé, yo que soy de las que nada me callo y solamente porque me hice la idea de demostrar que eras importante para mí, así como fuiste cuánto no te veía, hasta los primeros momentos de ver tu cara. La desilusión primera no impedía a mis deseos de demostrarte mi ternura porque eso provocabas en mí desde el momento de tus mensajes en línea y de lo que hablábamos.

Empezó a sumar la tristeza cuando me escondías en ciertos lugares públicos y llegué a maldecirme y también a perdonarme por no haberlo pensado más. Ya estaba allí y en lugares preciosos, pero oculta. Necesité muchas veces comprar algo y me rebelaba una vez más -Por mi decisión había optado estar así- Bellamente instalada en una jaula de cristal de la que sólo podía salir cuando tú habrías la puertita para irnos a descubrir tu mundo.

Seguiste equivocándote, queriendo cambiar mis estilos, mi ropa, mi peinado y en algunos tuviste acierto, debo reconocer eso, pero ahí supe que no te gustaba cómo era, que deseabas hacerme a tu forma. También lo acepté porque yo empezaba a quererte. Era un amor no sexual, era más allá de eso y por ese tipo de amor, yo lo aceptaba. Eres diferente al común de los hombres y me consideraba afortunada, aunque esto a ti no te parezca creíble. También dolía que hicieras risión de los años más que los tuyos que yo tengo, sin poder poner reparo a eso porque sí los tengo y toda mi persona lo deja en evidencia y me preguntaba en silencio, repito, nada dije que fuera a dañar esos días contigo, pero pensaba que debías mirarte un poco más al espejo y ver tu realidad que no reflejaba en ningún momento tu manera de escribir que admiraba. Había banalidad en tu forma de ver a las personas, en este caso a mí, todo lo visible importaba más que nuestras escasas conversaciones profundas y que yo deseaba que fueran más para conocernos en ese sentido porque hubiera sido enriquecedor lo que tenías que aportar, aunque discrepara de lo mío.

Hoy recuerdo todas tus atenciones. Recuerdo algunos detalles que me sorprendían gratamente. Muchas veces ahondé pensando que hacía que me encontraras tan diferente y llegué a esclarecer que tú has vivido como un lobito en tus campos, en tu tierra-paraíso, allí donde el olvido parece haber florecido para siempre y que la gran evolución de los tiempos no los ha tocado, felizmente. Por mi parte, he llevado mi vida con todo lo que se llama desenvolverse, cumpliendo misiones, cerrando ciclos diferentes, inmersa entre gentes de todo el mundo y una y mil veces, empezando de nuevo como intento hacerlo ahora.

Debido a esto y porque cerraste tu puerta, no sé si por aclararte mis dudas, las fuertes verdades o porque nunca me quisiste y sentirte libre ha sido respirar de nuevo el aire fresco y sanador de tu hermosa tierra.

Era esto y ya no volveré a molestarte ni a llamar a tu puerta tapiada porque cualquiera sea la razón, para mí la siento cerrada. La mía quedará abierta porque duele cerrarla y estar pensando que no veo ni tu nombre amado y mis deseos de abrir estarían siempre, amenazando mi corazón que se quedó contigo y desde aquí lo amenazan las espinas de mis rosas.

Escribiré una novela pequeña y no sé si necesite tu aprobación para publicar.

Desde Temuco, Chile

The post Carta abierta de María Margarita Pérez Vallejos a Juan Ares appeared first on Juan Botana.

]]>
Esposa virtual. Por María Margarita Pérez Vallejos https://juanbotana.com/esposa-virtual-por-maria-margarita-perez-vallejos/ Sat, 19 Nov 2022 21:15:36 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=5348 Veredaprosa Aquí se inspira, se expone y no importa cuál sea el motivo de por qué se plasmó, qué pensó el autor o en qué momento de su vida se encontraba que se puso a vaciar el pecho de todo lo que agobiaba, sí, de eso porque la felicidad se

The post Esposa virtual. Por María Margarita Pérez Vallejos appeared first on Juan Botana.

]]>
Veredaprosa

Aquí se inspira, se expone y no importa cuál sea el motivo de por qué se plasmó, qué pensó el autor o en qué momento de su vida se encontraba que se puso a vaciar el pecho de todo lo que agobiaba, sí, de eso porque la felicidad se vive y sucede que no alcanzaba el tiempo para volcarla sobre un papel o un teclado y quién lea puede opinar si desea, como lo sienta o le llegue.

Cuando se ha tenido un buen tiempo sola en la vida por los motivos que sean, se han vivido procesos, se ha llorado, se ha meditado, se ha aprendido a conocer a sí misma, va para ambos géneros, debe ser parecido, sólo que hoy escribe una mujer que soy yo.

Yo aprendí mucho en esto de estar sola, de sentirme bien, de hacer cosas como dedicarme a las plantas, además de mi jardín; de aprender cosas nuevas como idiomas de los cuales aprobé el primer nivel rapidito y cada logro era motivo de gran felicidad. Gimnasio, dos horas de oficina y escribir. Las veinticuatro horas no me alcanzaban, quería sí o sí, La Hora Veinticinco y pensaba: ¡Cuánto he perdido el tiempo y cuánto he dejado de aprender por “estar triste” y por alguien con quién ya matamos la flor! La costumbre es más fuerte que el amor, dicen y es cierto. Después que me puse de pie,  me di cuenta de lo que conseguía, sola, era como si se me abriera una puerta grande, llena de magia, de flores, de rostros nuevos, algo que no puedo describir porque ni yo entendía, sólo sabía cómo se me ensanchaba el pecho al descubrir mundos pequeños, pero llenos de misterios para descubrir y lo más increíble, todo lo estaba haciendo sola, con mis manos, con mi mente, con mis ganas. ¡Yo estaba conmigo, no estaba sola! Es que “estar sola”, no es sinónimo de no tener un amor o una pareja. Significa -tenerse a sí misma- pero me ha sucedido lo que ya no deseaba.

Tengo lo que no era vital para mí, aunque a veces, pensaba: “Me gustaría enamorarme, tener una pena, desesperarme, dar mi vida, volverme loca”, así como si me faltara y luego decía, ¡no!, pero lo conocí, es decir, conocí su embadurnadora forma de seducir con mensajes. De la manera en que se conoce en las Redes Sociales, Social Media, jajá, ¿Ven que sé inglés? jajá

Debo reconocer que nadie me obligó, nadie me dijo las decisiones a tomar porque siempre la última palabra es la mía y es sagrada, además, sobre mis cosas privadas no pregunto. Sólo hubo un acercamiento sutil, insistente lo vi yo, (capaz que vi mal también), pero también después de un tiempo, empecé a responder, mediando las temperaturas de los mensajes. Ni menos ni más. Al principio sí, con sigilo y después: ¡Con todo! Luego descubrí que era su forma y lo hacía con todas las damas que conocía, ¡vaya lío!, pero ya estaba bastante adelantada en el camino de su sofisticada seducción. Me gustaba…

Hasta ahí era un juego entretenido, pero empezó a ponerse pesada la pista, más encima soy celosa y empecé a enredarme como un gato en un ovillo de lana. Maneada de pies a cabeza. Dejé de ser la primera en inglés; dejé de tener ganas de tomar otros idiomas, las plantas no las abandoné ni menos el gimnasio y la oficina porque eso es con horario. Me puse a vigilar sus movimientos. A leer sus mensajes de amigas, sus respuestas, uf ¡Bloqueado! a ver si estaba Activo en el chat y cuántas horas, pero ¡Uy! Tóxica total. Muchas veces bloqueado y desbloqueado.

Nos conocimos y vivimos de todo y no todo fue genial, pero vivirlo es lo mejor que me ha pasado.

Los sueños duran eso, lo que es una siesta y aunque mi anhelo no llegó a tanto como a verlo tan pronto, Maktub, estaba escrito y conocí la gloria, el infierno lo obviaré porque fue menos y por desconocimiento, también cometí errores.

Hoy les digo cómo estoy: -Pensándolo de la noche hasta la otra noche, es decir, veinticuatro/siete. Hago las cosas por inercia. En mis ramos cumplo mi meta diaria y sería. El jardín empiezo a ponerlo bien, porque, pobrecito, las flores me hablaron y me di cuenta que me necesitan, pero igual me duele todo el cuerpo. Con él no me dolía nada. Que hago menos ejercicios y ya morí. Mi rutina la termino hasta quedar exhausta y yo era buena, muy buena, me sobraba energía cada vez. Ahora duermo más de lo normal. Me estoy farreando el tiempo y no es justo porque me queda menos-

Recorro nuestros recuerdos, vuelvo a vivirlos, estoy un poco allá y la otra mitad aquí, no tengo apetito (allá tampoco) pero igual comía y cuando iba a buscarme el mundo quedaba lejos, creábamos otro, juntos o eso me pareció a mí. Tengo su voz susurrándome al oído, diciendo que “a la tortilla de patatas se dan tres vueltas y no dos”, no sé.

Me ha costado cara la apuesta de jugar a tener pena porque salí ¡Vencedora!

Me hace falta todo. Nos decimos Esposos. No lo tengo.

No me tengo.

The post Esposa virtual. Por María Margarita Pérez Vallejos appeared first on Juan Botana.

]]>
Tengo miedo del final. Por Juan Botana https://juanbotana.com/tengo-miedo-del-final-por-juan-botana/ Wed, 12 Oct 2022 00:50:53 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=3582 Soñaba que viajaba en un camello y despierta dormida entre mis brazos Entonces la noche se hace larga… –Pero aún no había terminado–. Un hombro mío que no tenía qué (…) se mueve y la despierta. Cabizbajo. Un jaleo constante cada vez más intenso la vuelve a despertar y no

The post Tengo miedo del final. Por Juan Botana appeared first on Juan Botana.

]]>
Soñaba que viajaba en un camello y despierta dormida entre mis brazos Entonces la noche se hace larga… –Pero aún no había terminado–.

Un hombro mío que no tenía qué (…) se mueve y la despierta. Cabizbajo.

Un jaleo constante cada vez más intenso la vuelve a despertar y no tanto.

Respira profundo un sueño arrebatado. Después del amor, suspira. Se acomoda.

Abre los ojos y los cierra. El derecho se queda pestañando.

Entonces la noche se hace larga… –Pero aún no había terminado–.

Yo me agarro fuerte de su mano. Me sostengo. Como si eso me salvara. Entre sábanas cruzadas una ráfaga de aire fresco entra por la ventana, y enfría nuestros cuerpos destapados. Tibios todavía.

Acurrucados.

Nos acolchamos con un amor de paso que se queda, –hace poco más de nueve años–

E insiste:

Tímido, rebelde, inquieto, inseguro. Agazapado.

De guitarra criolla, de mantas brasileras, de manteles con aguayos.

De manos que se buscan por la noche,

de charlas a la hora de la siesta,

de máscaras, de paseos, de comidas, de arreglos en la casa,

de cortinados blancos.

De cuerpos desnudos traspirados.

Es dueña de una belleza enfurecida.

Sus ojos un enigma: bellos, misteriosos, penetrantes.

Marrones casi pardos.

Son mi penumbra, mi sur, mi guía, mi descanso.

Nos acompañamos.

Una tarde nos besamos en un beso prolongado.

Cuando me dijo que con ella iba a conocer el mundo y en la estación José Hernández, de la línea “D” del subte, nos perdimos para encontrarnos.

Sin destino ni salida ni fecha de vencimiento ni contrato.

Lo acordamos.

Una vez un amigo me preguntó:

–¿La aventurera es ella? o ¿el aventurero sos vos?

Al notar que yo tardaba en contestar…

prefirió hacerlo por mí y se dijo:

–¡Ella! … ¿Y vos?

(Sonrió como solo pueden sonreír aquellos que te conocen demasiado)

–“Vos la seguí-ís”.

Soñaba que viajaba y habíamos viajado.

Por ladrillo y terracota al Talampaya estrellado,

a la luna y su valle entre abril y marzo,

por lagos que se cuentan de a siete y ese verde claro,

del Huechulafquen que no pude olvidarlo.

Las playas calientes de un Brasil extraño,

lejano

y sus pies descalzos.

De mochilas llenas. Del Uruguay a Buenos Aires

y otra vez a las afueras, cruzando el Riachuelo.

Regresando.

Nuestro jardín se construye de plantas y de flores.

Al entrar me detengo.

Flores que crecen cuando quieren. Paredes recién pintadas de amarillo. Gotera. Gotas de lluvia que golpean en la chapa. Hojas de araucaria que caen. India que va y viene… Y se queda en su almohadón. Vos estás dormida. Yo me acuesto a tu lado y pienso que este lugar es más mío que cualquier otro en el que estuve. Mi amor me ancla a esta casa, a tú compañía. Ojalá siempre esté donde están mis afectos. El lugar puede cambiar. Lo que no puede cambiar es ese aroma a azucenas que creía no percibir y las flores de tilo que robamos en la calle San Martín doblando por Aráoz.

Ya no llueve. Soñaba que viajaba en un camello y despierta dormida entre mis brazos. Sus labios balbucean un te-a-amo. Al oído. Da media vuelta y se acuesta de su lado. En la oscuridad la miro. En esas noches de insomnio. Custodiando. Un amor: Seguro, incansable, desconfiado; detenido en ese instante, apresurado. A fuego lento, entre brasas. De ojos abiertos y cerrados. Simple, complejo, complicado. De silencios, de dientes apretados, de palabras lindas, de gritos callados, de color azul, de celeste pálido. Ingobernable a veces, asustado. Malhumorado, molesto, fastidioso, irritado, de mal carácter. Desvelado.

A la madrugada me levanto y una vez más fracaso. Siguiendo el camino de la babosa en el mosaico. De restos de chocolate suizo, de piezas robadas al ferrocarril y de juegos de la abuela. Heredados. Hacia el baño. Me tropiezo, conmigo.

Dejé de dejarme querer para querer como nunca antes había querido. Dejé mis fantasmas de lado y los de ella. Dejé tantas cosas desde que la conozco, que me sentí dejado.

Y así la vida, en un Tigre desolado, de pájaros cantando. Hacia el Paraná de las Palmas donde el río se hace llanto. Una mujer suspira, conmovida, deslumbrada ante tanto encanto Que el paisaje anula a su adversario. Y este abandonado, culpable por amarla tanto.

–Uno puedo estar celoso de otra persona, ¿pero de un paisaje? –Uno puede estar celoso de un paisaje, ¿pero de un sueño que decidió soñar sola? O le tocó. En viaje y en camello. Despierta queriendo dormirse.

Y yo que esta vez no pude seguirla. Ni con los celos a cuestas ni de a ratos. Todavía guardaba su olor en mi cuerpo, tan perfumado. Su piel, sus cabellos largos. Y esa humedad que deja la lluvia en las casas viejas. Su cansancio. Pero no me alcanzó. Todavía guardaba su olor en mi cuerpo y la huella de sus ojos en los míos. La misma cicatriz que sangra y el orgasmo.

Pero no me alcanzó.

Con la luz apagada ya no la veía como antes, como siempre. Tan cercana. Ya no atrapaba sus besos remolones con mis labios. Entonces un escalofrío corrió por mi espalda y me caí al piso. Desplomado. Me tropecé, conmigo, en el pasillo antes de entrar al cuarto.

Su sueño era tan suyo, su viaje, su camello, su aire. Tan suyo que asfixiaba (…) el sentirla respirar profundamente. Llena de placer. Parecía colmada. Decirle que su amor silencioso, dormido, me estaba ahogando que condenaba mis deseos y mis ganas, y la vigilia de mi corazón en esa noche.

Al abrir mis ojos, frente a ella. Seguí durmiendo. India abrazada a mis piernas ronroneaba. Ella estaba apenas un poco más a la derecha de la cama. Descansando. Y si no fuera por ese “apenas”. Todo me hacía pensar que el descalabro de imágenes previas: mi ida al baño, las babosas y su camino a ninguna parte, mi tropiezo, los celos. No pasaron, aunque dudé. Pero a la distancia:

¿Puede uno estar celoso de aquello que uno mismo ha generado? ¿De un viaje al que no fue invitado? Y que la hacía tan feliz.

Tal vez porque: El amor no pasa. Te atraviesa. Te desbasta. Te envuelve. Te ilusiona. Te confunde. Te atrapa.

También en pesadillas. Tal vez porque:

“Nos amamos hace una vida. Hace un momento. Nos amamos sin certeza del principio. Por eso no sabemos si este amor terminará alguna vez”.

Dos cuerpos que se encuentran, pero uno de ellos se pierde, cada tanto. Y olvida y se siente desplazado. Nuestra casa se construye de ladrillos, de memoria en las manos y de granos de barro. Mojados. Un capricho, para que este amor y no otro, sea el primero. Un sueño que nos une y nos aleja estando. Que me traiciona imaginando.

Tengo miedo que nuestras manos por las noches no se encuentren ni se busquen, ni se contengan, ni se extrañen, ni se rocen, ni se quieran. Tengo miedo que nuestro amor se quede sin aire. Asfixiando. Tengo miedo de un final, celoso de sus actos.

The post Tengo miedo del final. Por Juan Botana appeared first on Juan Botana.

]]>
Desencuentro. Por Juan Botana https://juanbotana.com/desencuentro-por-juan-botana/ Mon, 03 Oct 2022 11:07:27 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=3244 Seguramente dice mucho más de nosotros lo que callamos durante mucho tiempo. Yo te quería y me callé. Hasta que no pude ocultarlo más y lo dije. Se notaba demasiado. Y en ese no decir y esperar me hice fuerte. Y entre otras cosas… ya no tiemblo. Mi cuerpo se

The post Desencuentro. Por Juan Botana appeared first on Juan Botana.

]]>
Seguramente dice mucho más de nosotros

lo que callamos durante mucho tiempo.

Yo te quería y me callé. Hasta que no pude ocultarlo más y lo dije.

Se notaba demasiado.

Y en ese no decir y esperar me hice fuerte.

Y entre otras cosas… ya no tiemblo.

Mi cuerpo se re–encontró en el tuyo

y fue el mejor regalo que me hicieron en toda mi vida.

(El cuerpo re–encontrado)

Eso sentí la primera vez que estuvimos juntos.

La descubrí y me enamoré como un chico. Yo estaba casado. Ella no. Nos conocimos en el trabajo. Era dueña de una belleza enfurecida, ni alma ni diamante y de todas mis miradas. Su sonrisa, una emboscada; pero su ceño fruncido y su gesto de enojo fueron para mí mi sur. Sus ojos, un enigma, bellos, penetrantes, llenos de preguntas.

Pedían ayuda.

Nos acompañábamos a la hora de la siesta.

–Se lo dije.

Y ella pareció no oírme. ¡

¡Es que no se lo dije esa tarde! Se lo dije en un bar en San Telmo la noche previa a su cumpleaños número veinticinco. Le pregunte qué hacíamos con eso que nos pasaba y ella dijo… “nada”.

“Nada”, dijo, como resignada, como caminando por enésima vez su calle melancolía, en el número siete, recién mudada a Boedo. Pero no “me” dijo. Dijo. Y en ese decir dejó caer la llave de su puerta entreabierta, apenas entornada adelante mío. Para que yo lo notara. Por descuido tal vez, por lo visto segura de lo que iba a suceder porque era su única llave.

Dijo algunas otras cosas esa noche en el bar también, pero no muchas, Algunas otras cosas, pero más de forma que de fondo, por lo que no le di mayor importancia, “que se sentía conmocionada y que estábamos inmersos en un berenjenal” o algo así.

Pero no la escuché. Al menos no del todo.

No estoy seguro que la frase sea literal y mucho menos qué significaba berenjenal en ese momento si estábamos juntos.

Pensé: “Esto que pasa lo tengo que arreglar, pero necesito un poco de tiempo. Nada más que eso. Tengo la cabeza partida en dos y el alma en sus brazos y en esas condiciones hago lo mejor que puedo.

Se lo dije y creo que lo entendió.

Y nos besamos… como si en ese beso pusiéramos en juego el resto de nuestras vidas, en el suave rayo de luna que alumbra por los cuerpos una vez cada tanto. Nos besamos en un beso largo, prolongado, que hasta el día de hoy perdura, ni tan fresco ni tan joven como aquel, porque yo ya no era un chico y ella…

Y ella me creyó.

Pero yo no. Porque por lo general no me creo las cosas que digo.

Acaso dudé, como tantas otras veces. De mí. No de lo que iba a pasar.

Porque por lo general no me creo las cosas que digo, pero sí las que hago, y por eso cada tanto me asusto y me aíslo:

“Es que cuando me aíslo te estoy cuidando. Pero hay fantasmas y hay prisa.

Y en estas condiciones hago lo mejor que puedo.

El destino quiso que hoy estemos juntos y no dentro de dos años (como ella creía) ¡Y está muy bien! Pero para que nazca algo nuevo tiene que morir algo viejo (las dos eran incompatibles). Irremediablemente.

Y vos por miedo o por amor decidiste ir al velatorio conmigo. Como yo decidí hacer el amor con vos incondicionalmente”.

Si vos querés, yo quiero.

Si querés llorar, quiero.

Si querés reir, quiero.

Si querés esperar. Yo quiero.

Y si querés amar, por supuesto que quiero.

La suerte está de nuestro lado, pero te pide que elijas.

“Yo no tengo suerte”, decías.

Pero no te escuché.

De todos modos estoy haciendo trampa porque yo ya te elegí. Y pienso insistir una y mil veces.

“Y yo sí tengo suerte”, murmuré.

Esta vez sí.

Porque el amor no pasa. Te atraviesa. Te desbasta. Te envuelve. Te ilusiona.

Ya no hay fantasmas ni hay prisa, y si los hay: ¿qué?

Nos acompañábamos a la hora de la siesta.

Nos besamos… como si en ese beso pusiéramos en juego el resto de nuestras vidas, en el suave rayo de sol que alumbra los cuerpos una vez cada tanto. Nos besamos en un beso largo, prolongado, que hasta el día de hoy perdura, ni tan fresco ni tan joven, como aquel, porque yo ya no era un chico y ella…

Por segunda vez o tercera, o cuarta o quinta vez.

En el departamento de Boedo donde ella vivía. Subiendo al séptimo piso. Calle Colombres. Ella se sacó la camisa y yo también, cuando la vida se desabrocha un botón y después otro delante de tus ojos y te muestra la manzana prohibida que adivina la intención y deseamos locamente no mirar para otro lado. No esta vez. Fuimos del dormitorio por el pasillo a la cama. Desnudos, no tan despacio ni de prisa. Entonces el sol de la tarde entraba por la ventana de su cuarto, clandestino. Dos cuerpos temblorosos se encontraron por primera vez de aquel modo. Y un amor retenido, agazapado, esperando.

El de ella era tímido, el mío seguro.

El de ella apurado, el mío quería ir despacio.

El de ella algo esquivo (como detenido), el mío incansable. De ojos abiertos.

El de ella titilante y de ojos bien cerrados.

No había tenido novios (o eso le escuché repetir alguna vez). Tal vez lo fantaseé, como tantas otras cosas imaginando este encuentro.

Su amor era simple y complicado, complejo tal vez.

El mío rebelde, de gritos callados.

Los dos tenían cicatrices que no habían cerrado.

Sería mentira decir que ese día empezó todo. O decir que fue el día de su cumpleaños una semana atrás. O seis meses antes. O cuando tomábamos el colectivo después del trabajo. O cuando caminamos por Av. Entre Ríos buscando zapatos. O cuando simplemente caminábamos para desandar un sendero que no estaba marcado.

“Nos amamos hace una vida. Hace un momento. Nos amamos sin certeza del principio. Por eso no sabemos si este amor terminará alguna vez”, decía ella.

Ella era virgen y no.

Yo no era virgen y sí.

Ella temblaba, yo no. Ya no.

Dejé de temblar al hacer el amor (a veces al dormir) gracias a su compañía. Dejé de maltratar mi cuerpo. De descuidarlo, de temblar doliendo.

Ella me pasó una receta, quizás por eso, que yo guardo celoso en un cajón: “Te amo y en ese te, incluyo tu cuerpo. Sos tu cuerpo. Sos en tu cuerpo. Por eso amo tú cuerpo. Por eso desespero cuando te dejás doliendo. Por eso desespero ante el abandono. Hay algo más allá de lo mecánico de tus actos que te reclama, que te convoca. No te vayas”. Lo decía casi como súplica, como pidiendo ayuda, reclamándome que me ayudara, que confiara en mí, que todo iba a salir bien en la vida a pesar de…

Siempre tuve tendencia al aislamiento. Pero sus caricias fueron la llave, las mismas que dejó caer aquella vez como olvidadas. Siempre expresé con el cuerpo las voces que callan. Puede parecer que estoy y no. Los movimientos y las palabras son las mismas y no. Porque yo no estoy ahí, al menos no del todo, pero siento. Lo que siento sí está ahí. Y es tan real que tengo que irme cada tanto para soportarlo, porque no puedo, porque no puedo; pero vuelvo, siempre vuelvo. Porque yo estoy donde están mis sentimientos y nunca mis sentimientos se mostraron tan fuertes en toda mi vida.

Dejé de dejarme querer para querer como nunca antes había querido.

Dejé mis miedos de lado y los de ella.

Dejé a mi ex. Y estaba dispuesto a dejarla a ella también planeando el desencuentro.

–Me miró con lágrimas en los ojos y con el mismo amor y paciencia de siempre me contó la historia de un muchacho que estaba decidido a dejar a su amada. Había pensado cómo decírselo una y otra vez, lo planeó, lo practicó frente al espejo, memorizó las palabras y se lo iba a decir.

Cuando se encuentra con ella el silencio lo salva y en lugar de dejarla –el amor lo traiciona– y le dice que la ama.

A lo que ella le contestó con más lágrimas en los ojos:

“Yo también”.

The post Desencuentro. Por Juan Botana appeared first on Juan Botana.

]]>
Como si fuéramos a morir mañana (Perdonar). Por María Margarita Pérez Vallejos https://juanbotana.com/como-si-fueramos-a-morir-manana-perdonar-por-maria-margarita-perez-vallejos/ Mon, 12 Sep 2022 16:58:54 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=2055 Veredaprosa Placidez de charla y con el whisky en su mano, hizo ademán de brindis.”Ahora que has visto mis obras, hemos charlado y reído, quiero pedirte perdón” Yo sabía que algún mal nos hicimos, que ya había disculpado. Con él es imposible guardar rencores porque su ternura del día siguiente,

The post Como si fuéramos a morir mañana (Perdonar). Por María Margarita Pérez Vallejos appeared first on Juan Botana.

]]>
Veredaprosa

Placidez de charla y con el whisky en su mano, hizo ademán de brindis.”Ahora que has visto mis obras, hemos charlado y reído, quiero pedirte perdón” Yo sabía que algún mal nos hicimos, que ya había disculpado. Con él es imposible guardar rencores porque su ternura del día siguiente, hace olvidar todo. Es de esas personas que no dañan con sus “maldades”. Es como si un niño volcara la taza de café que tienes en tu mano. Además, no es de mi agrado guardar agravios.

Como si tuviéramos ante nosotros una mesa cubierta con níveo mantel, puso una pieza de carbón sobre ella. Habló con la emoción descubierta que traspasó la línea de la distancia y ante aquella emotividad, recordé que yo también tenía mi pieza del metal por alguna acción equivocada hacia él y quité de mi celosía, algo que hacía ruido en mi corazón: <<Espera. Ya hablaste y también necesito en este instante tu perdón y sabes por qué. Perdóname. Todo fue instantáneo>>

Reímos con el alma en los labios. Y como dos, que alguna vez se amaron, se quisieron, se ayudaron, hoy, como si fueran a morir mañana, limpiaron su interior porque se han querido de verdad y serán eternos.La mesa cubierta de níveo mantel, al que se pusieron dos carbones como representación de lo negro que pudo manchar sus recuerdos, ahora estaba servida, elegantemente, para dos que cenarían su blanca amistad, sellando su pacto por los siglos de los siglos.

The post Como si fuéramos a morir mañana (Perdonar). Por María Margarita Pérez Vallejos appeared first on Juan Botana.

]]>
Bandido. Por María Margarita Pérez Vallejos https://juanbotana.com/carta-abierta-de-maria-margarita-perez-vallejos-a-un-bandido/ Sat, 27 Aug 2022 10:21:07 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=1136 Veredaprosa Cuando dijiste que te ibas, ya te sabía ido y sólo esperaba un mensaje entre líneas porque no darías la cara. Todo lo avisas cuando ya “ha sido” y lo peor es que la culpable soy siempre yo. O sea, ¡Qué mala que soy! Creo que me estoy convenciendo…

The post Bandido. Por María Margarita Pérez Vallejos appeared first on Juan Botana.

]]>
Veredaprosa

Cuando dijiste que te ibas, ya te sabía ido y sólo esperaba un mensaje entre líneas porque no darías la cara. Todo lo avisas cuando ya “ha sido” y lo peor es que la culpable soy siempre yo. O sea, ¡Qué mala que soy! Creo que me estoy convenciendo… Bueno, ya. Oye, bandido, tuviste que elegir esta fecha en que una anda más estresada, pero, qué tanto, si siempre nos estresamos. Yo cuidé mi palabra para no ofenderte y que no me culpes más de tus barrabasadas. Sé que vale de nada porque igual, soy -la mala mayor-: mentirosa, descuidada en el amor -la que no da ni dos segundos de su tiempo- ni dos segundos. ¿Contaste hasta mil antes de hablar? ¿Fue así que dijiste, verdad? Yo suspiro, sonrío y pienso que por este motivo, mucha gente no cree en el amor. Se toman en serio las palabras de despecho de alguien que siempre quiere ser protagonista en la vida, el pobrecito y tú lo eres siempre. Yo me tomo el tiempo en que estoy y no haré lo que dijiste. Que busque “otro” ¡Qué feo! Sabes que no tengo necesidad de buscar. ¡Bandido! Tenía que ser para septiembre. Creo que me voy a la peluquería, típico de mi género en cosas como éstas. Salgo con mi hija, total es víspera de Fiestas Patrias y hay que celebrar -si se puede- con zapatitos nuevos para taconearla. Oye, bandido, ni se te ocurra buscarme porque ya me cansé. Por eso escribo. Por si acaso, de pronto el amor de nuevo te baja, búscame ayer, mañana, un día martes de cualquier semana, de cualquier año, en otra Galaxia, en un Epitafio, o qué sé yo. No me encontrarás en mis Hoy porque no hay más para ti… ¡Bandido!

Desde Temuco, Chile

The post Bandido. Por María Margarita Pérez Vallejos appeared first on Juan Botana.

]]>
Los amores de Laura. Por Juan Botana https://juanbotana.com/los-amores-de-laura-por-juan-botana/ Thu, 04 Aug 2022 21:59:32 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=407 ¿Cuánto tiempo más me vas a tener así? Que venís y no, que hoy tampoco pudiste, que se te hizo tarde. Que te cayó de improviso ese amigo del sur del que nunca me hablaste. –¿Qué querías que hiciera, que lo echara?– Y te cambió los planes.  ¿Y yo qué?

The post Los amores de Laura. Por Juan Botana appeared first on Juan Botana.

]]>
¿Cuánto tiempo más me vas a tener así? Que venís y no, que hoy tampoco pudiste, que se te hizo tarde. Que te cayó de improviso ese amigo del sur del que nunca me hablaste. –¿Qué querías que hiciera, que lo echara?– Y te cambió los planes. 

¿Y yo qué? Acaso te importa un poco lo que me pasa. Si no me preguntaste nada la última vez que nos vimos y te la pasaste callado mirando de lejos a cualquier minita con más ganas que a mí. Justo la noche que me había puesto ese corpiño piel que me marca las lolas y creí te gustaba. Si ya casi ni hablamos. Si incluso estaba decidida a escaparme con vos después a tu casa como habíamos quedado, y nada. Si hasta tus amigos pegaron más onda con mis amigas que vos conmigo esa noche. Y eso que nos conocemos hace más de un año y recién ahora nos decidimos a esto. 

¿Por qué no me vas a decir que lo nuestro es algo más que esto? Porque amor no es. Calentura ni llega, sino un fuego apagado con canciones gastadas en un campamento. –¡A los campings me dijo mi psicóloga que fuera! ¿Sabés como levantás?– Y yo en cambio me la paso en boliches caretas sanando mis penas en el frío mezquino de un vaso de alcohol. 

¿Cuántos mensajes más tengo que mandarte para que te des cuenta que nos sos un chape? Que me interesás. O mejor dicho que me interesabas. 

Ahora no. Ya no. Por suerte me di cuenta a tiempo. ¡Qué tonta, no!. Que apagó tu sonrisa una nube de polvo en mis ojos de acaso. Que ni siquiera los viste. Que no quisiste mirar. Porque no te hubiera echado de mi corazón asustado mientras no lo sabía. Que no me querías, que lo hiciste sin ganas. Porque no fuiste capaz de invitarme a tu casa, y paraste tu auto en diagonal canchera con cara de vamos. ¿Con cara de qué? Como si hiciera falta la pregunta. Como si no te hubieras dado cuenta que mi boca cereza se quedó temblando de tibio a tu lado soñando tu amor. Porque ni siquiera tuviste el valor de invitarme a tu casa. Porque ni siquiera estoy muy segura de que tengas una casa donde decís la tenés. 

¿Y quién sabe por qué mierda te escribo esta carta? Si vi más veces tus fotos del facebook que no estabas conmigo que mi cara al espejo por miedo al fracaso. Que fracasé otra vez. En enviarte esta carta sin saber por qué lo hago. Si le gusto a tanto boludo sin gustarte a vos. Si es con Lau con quien estás hablando, ¡tarado!, en la sombra ebria de mí andar hormigo por volverte a ver. 

The post Los amores de Laura. Por Juan Botana appeared first on Juan Botana.

]]>