Relatos de viaje Archives - Juan Botana https://juanbotana.com/secciones/cuentos/relatos-de-viaje/ Comunicación y cultura Tue, 17 Jun 2025 01:28:39 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9 https://i0.wp.com/juanbotana.com/wp-content/uploads/2025/07/cropped-ico-jb.jpg?fit=32%2C32&ssl=1 Relatos de viaje Archives - Juan Botana https://juanbotana.com/secciones/cuentos/relatos-de-viaje/ 32 32 Estatua de Giacometti. Por Esther Jimenez Coia https://juanbotana.com/estatua-de-giacometti-por-esther-jimenez-coia/ Mon, 10 Feb 2025 20:30:29 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=17503 Me encuentro con la estatua de Giacometti, esa figura que avanza sin llegar del todo, suspendida en el umbral de un paso infinito. Por un instante somos lo mismo: un gesto de bronce y de carne, un deseo de movimiento detenido en la eternidad del instante. Doy un paso, como

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Me encuentro con la estatua de Giacometti, esa figura que avanza sin llegar del todo, suspendida en el umbral de un paso infinito. Por un instante somos lo mismo: un gesto de bronce y de carne, un deseo de movimiento detenido en la eternidad del instante.

Doy un paso, como su estatua, pero no hacia el vacío: hacia el amor, hacia ese territorio sin mapas donde los cuerpos titubean y los corazones aprenden la gramática del otro. Doy un paso y en él me reconozco, con la misma fragilidad estirada al viento, con el mismo anhelo de atravesar el tiempo sin perderme.

Giacometti sabía que caminar es amar: lanzarse a lo incierto con la fe de que habrá un suelo que sostenga, una mirada que acoja. Su estatua avanza y yo con ella, sabiendo que el amor es eso: un paso, un temblor, un vértigo hermoso que nos convierte en obra de arte.

El acero descarnado del artista avanza con la obstinación de quien ha sido despojado de todo menos del deseo de ir más allá. No hay carne en sus figuras, solo el temblor de un cuerpo que persiste aun cuando el viento lo atraviesa.

Su paso es un desafío al peso del mundo, una rebelión silenciosa contra la inmovilidad. Un pie delante del otro, y ya no es estatua: es hombre que duda y aun así, avanza.

Pero mi pie no se hunde en el bronce, sino en la carne del instante, en el umbral del amor que me llama.

Porque amar es eso: atreverse al vacío, atravesar la intemperie del miedo con el cuerpo expuesto, ser como el acero del escultor, vulnerable y eterno en un mismo gesto.

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Templo de Luxor. Por Esther Jiménez Coia https://juanbotana.com/templo-de-luxor-por-esther-jimenez-coia/ Wed, 08 Jan 2025 16:28:04 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=12044 En las márgenes del Nilo, el Templo de Luxor se yergue majestuoso, testigo silencioso del esplendor antiguo. Columnas erguidas, como suspiros pétreos hacia el cielo azul añil, sostienen la historia en sus relieves grabados con la tinta del tiempo. Entre arcos y pilares, los suspiros de los faraones reverberan, mientras

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En las márgenes del Nilo, el Templo de Luxor se yergue majestuoso, testigo silencioso del esplendor antiguo. Columnas erguidas, como suspiros pétreos hacia el cielo azul añil, sostienen la historia en sus relieves grabados con la tinta del tiempo.

Entre arcos y pilares, los suspiros de los faraones reverberan, mientras los dioses, tallados en piedra, observan con ojos inmutables el devenir de los mortales.

Los jeroglíficos son versos secretos, poesía antigua que relata la grandeza de un pueblo en cada símbolo, mientras el viento lleva consigo ecos lejanos de ceremonias lejanas.

Luxor, templo de dioses, es un poema de mármol que despierta la nostalgia en el alma, un lugar donde el tiempo se detiene para escuchar los ecos de una civilización que vive eternamente en la memoria del mundo.

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La Semana Santa en Hellín. Por Esther Jiménez Coia https://juanbotana.com/la-semana-santa-en-hellin-por-esther-jimenez-coia/ Wed, 08 Jan 2025 16:25:39 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=13079 En las entrañas de Hellín, la calle del Rabal yace apacible. Durante todo el año, reposa en un letargo sereno, sus adoquines pulidos por el paso de los años, como las arrugas de la experiencia en el rostro de un anciano. Las fachadas de sus edificios parecen guardar secretos remotos,

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En las entrañas de Hellín, la calle del Rabal yace apacible.

Durante todo el año, reposa en un letargo sereno, sus adoquines pulidos por el paso de los años, como las arrugas de la experiencia en el rostro de un anciano.

Las fachadas de sus edificios parecen guardar secretos remotos, como los recuerdos que acechan en la memoria de quien ha vivido mucho.

Pero, una vez al año, durante la Semana Santa, la ciudad despierta al son de los tambores que atraviesan la calle como una oleada de juventud, inyectando vida en las venas del anciano.

Los tambores son como un llamado ancestral que convoca a generaciones pasadas y presentes. Las luces tenues y las estrellas en el cielo nocturno se reflejan en su pavimento, como recuerdos resplandecientes de un pasado glorioso.

Durante unos días, la calle del Rabal se alza como un anciano que, tras un profundo sopor, recupera su vigor. Sus balcones engalanados con banderas son los ornamentos de un atuendo que viste orgulloso en el breve vuelo del tiempo. Cada rincón revive, como un recuerdo de juventud al son de sus tambores y sus procesiones, despertando en una sinfonía de fervor y devoción.

Como un venerable anciano, El Rabal envuelto en túnica negra y pañuelo rojo, persiste a lo largo de las décadas, como un guardián del pasado que sostiene en su seno la memoria viva de un pueblo, honrando sus raíces y preservando el legado de aquellos que vinieron antes que nosotros.

En este ambiente cargado de emoción, el Rabal, epicentro de la celebración, recuerda a todos la fuerza y la belleza de una tradición ancestral, única y especial.

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Salamantica Docet. Por María Calle Bajo https://juanbotana.com/salamantica-docet-por-maria-calle-bajo/ Mon, 06 Jan 2025 16:28:11 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=10832 No por casualidad, la que enseña, princesa de todas las ciencias; madre, nodriza y dama, es la ciudad del Tormes: -« ¡Tan dorada la muy redicha…! Se precie como se precie, todo Lazarillo en flor… De su rosetón a la torre del Gallo se eleva el sol charro. Una nocturnaScala

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No por casualidad, la que enseña, princesa de todas las ciencias; madre, nodriza y dama, es la ciudad del Tormes:

-« ¡Tan dorada la muy redicha…! Se precie como se precie, todo Lazarillo en flor… De su rosetón a la torre del Gallo se eleva el sol charro. Una nocturna
Scala Coeli… se endiosa en los ojos de la Luna áurea: Ónfalo del cielo que es lluvia de luz sobre una desnuda Casa de las Conchas».
Salamanca: hebra de oro donde se confecciona el conocimiento, el desengaño… Donde se tejen los besos de Calixto y Melibea… Pero, téngase en cuenta a doña Celestina, no nos vengan después con el pianto… O absténgase de estar en la parra, no preludie don Unamuno una nebulosa pajarita con el ala al bies… Que revolotea por el Patio de Escuelas, frágil, se posa un «decíamos ayer» en los labios de don Fray Luis de León…
Y un majestuoso retablo, de encriptado legado hispanogrecolatino, centraliza en alto relieve glorioso Medallón de los Reyes Católicos. Símbolo de un imperio mestizo, símbolo de Modernidad, símbolo del Nuevo Mundo, símbolo de la Hispanidad.

-«Teje y teje don Elio Antonio de Nebrija; vocabulario, gramática y ortografía, con esta hebra de granado alcance en el arte de su humanista docencia».
Yo, hispana, consciente de la fecha, marco los días en un consagrado Calendario Gregoriano, yo que vivo aquí… en Salamanca: En el corazón de España.
En presencia de ti…
«Quoniam uidebo celos tuos, opera digitorum tuorum; lunam et stellas, que Tu fundasti»

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Crónica de un verano en Durán: Piscinas Inflables en las Aceras. Por Fátima Morán https://juanbotana.com/cronica-de-un-verano-en-duran-piscinas-inflables-en-las-aceras-por-fatima-moran/ Mon, 23 Sep 2024 16:43:20 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=13637 En el corazón bullicioso de Durán, donde las calles se entrelazan entre historias y sueños, las costumbres del barrio emergen como crisol de identidad. En días de feriado, cuando el sol arde con fervor y el mar queda lejos para algunos, las aceras se convierten en oasis improvisados. Inspira la

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En el corazón bullicioso de Durán, donde las calles se entrelazan entre historias y sueños, las costumbres del barrio emergen como crisol de identidad. En días de feriado, cuando el sol arde con fervor y el mar queda lejos para algunos, las aceras se convierten en oasis improvisados.

Inspira la imagen de familias enteras, vecinos de El Arbolito, Elsa Bucaram y otros barrios, desplegando sus piscinas inflables con destreza de artesanos urbanos. Es un ritual tan arraigado como necesario: la escapatoria al frescor en tiempos de austeridad.

El sol, cómplice eterno, alumbra la escena donde los niños, con risas que desafían el calor, se zambullen en aguas plásticas que, por un instante, son océanos imaginarios. Las madres, con la destreza de malabaristas, vigilan entre charlas y mate cocido, mientras los padres, obreros de asfalto y sueños, se suman a la danza acuática.

Es una estampa de sencillez y comunidad, donde las diferencias se desvanecen bajo la sombra de un toldo improvisado y el murmullo constante de la vida de barrio. La música se mezcla con el aroma de la parrilla, y el tiempo parece detenerse en un instante de plenitud compartida.

Como en “Silla en la Vereda” de Roberto Arlt, estas escenas cotidianas revelan la esencia misma de la vida en Durán: la capacidad de encontrar la belleza en lo simple, la alegría en lo común y la felicidad en la cercanía de los seres queridos. Es el retrato de una comunidad que, a pesar de las adversidades, se aferra a sus raíces con orgullo y resiliencia.

Así, mientras el sol se despide en el horizonte, dejando destellos dorados sobre las aguas plásticas, en Durán se teje una historia de veranos eternos, donde las piscinas inflables en las aceras son mucho más que un escape: son el reflejo de una vida vivida con intensidad y solidaridad.

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El Pozo de Banfield (a 47 años de la noche de los lápices). Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/el-pozo-de-banfield-a-47-anos-de-la-noche-de-los-lapices/ Mon, 16 Sep 2024 12:50:18 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=10153 Reducto de dolor en donde mató un traidor, de uniforme y de mente deforme que supo elegir quién vive, y quién no. El sótano de la muerte para quien cayó y no tuvo suerte, y en desaparecido luego lo convertiría. Y su cocina, como contraste que supo traer vidas de

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Reducto de dolor en donde mató un traidor, de uniforme y de mente deforme que supo elegir quién vive, y quién no.

El sótano de la muerte para quien cayó y no tuvo suerte, y en desaparecido luego lo convertiría. Y su cocina, como contraste que supo traer vidas de mujeres embarazadas que después desaparecerían, para ser criadas por otras familias amigas de algún genocida. Tanto horror y dolor solo pueden soportarse entre todos, y con la paz que da la verdad de cada niño recuperado de una vida de mentira para darle una razón para florecer, y ser quien siempre debió ser. Hoy el cielo se abrió, y amanece aquella noche de lápices y de picanas en una memoriosa mañana. Hoy la luz de la justicia al sótano llegó. Hoy hay menos horror y más razones para dejar de olvidar el crimen con las apariciones, y para sentir con claridad de verdad allá, al final de ese oscuro túnel. Hoy también siento miedo al posible futuro venidero. Porque hay un peligro latente en quienes pretenden llegar al poder porque están ligados a este pasado, y que se encarnen en un futuro tan cercano que podría ser pronto, el presente mas odiado.

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Historia de vida. Por Mary Mosquera https://juanbotana.com/historia-de-vida-por-mary-mosquera/ Fri, 13 Sep 2024 11:31:13 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=15887 Esta historia conformada de recuerdos, comienza en un pequeño pueblito nombrado Moreira, de la Antigua Galicia, perfumada de nostalgias con hermosos paisajes de verdes mezclados en infinitos colores. Una pequeña aldea donde la iglesia es el centro de la convocatoria diaria, alternando sentimientos, donde en las tardes penetrando los oscuros

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Esta historia conformada de recuerdos, comienza en un pequeño pueblito nombrado Moreira, de la Antigua Galicia, perfumada de nostalgias con hermosos paisajes de verdes mezclados en infinitos colores.

Una pequeña aldea donde la iglesia es el centro de la convocatoria diaria, alternando sentimientos, donde en las tardes penetrando los oscuros matices de la noche, sonaban nítidamente sus campanas enredándose en el sonido del agua, acariciando las piedras del cristalino arroyo, con la caída del sol reflejando las vacas pastando antes de retirarse al corral.

La aldea dibujaba en su paisaje las rústicas casas de piedra de cocinas amplias y un encendido fogón, entre imágenes de mujeres vestidas de largo y un pañuelo apretado a la cabeza, con hombres de boinas negras, enmarcando sus rostros en fiestas parroquiales entre muñeiras y jotas aragonesas.

De pronto, en medio del silencio al detenerse la música, mi nombre: ¡María Jesús!, se escuchó acompañado de la suave brisa que se filtraba entre las plantas.

Era mi madre, esa gallega labradora de la tierra, que sembraba en las mañanas. Mi padre había partido hacia América a mi año de vida buscando la salida a la miseria que instaló un franquismo sometedor y represivo, resabios de esa cruel guerra que ensangrentó a España, tratando de anular la conciencia.

¡María Jesús!, se reiteró el llamado. Había llegado una carta: estaríamos viajando al encuentro de mi padre. Ya con dos años, observé el brillo de los ojos de mi madre y ese temblor en sus manos, que no tenía cuando tomaba el arado, pasaron los días entre preparativos de valijas y llenado de papeles hasta el día del embarque: el Entre Ríos barco de carga argentino.

Atrás la aldea con sus morriñas, sentimientos mezclados entre la ansiedad de lo nuevo. Era la mágica alegría del reencuentro con mi padre del que tantas veces me hablaron, transcurrieron días y días sobre el mar, entre suave y temperamental se defendía del viento y las mareas.

Así llegamos al puerto, que hoy llaman Puerto Madero. Repleto de migrantes entre abrazos y lágrimas. Recuerdo a papá recibiéndome entre sus brazos diciéndome dulcemente “Mi niña” con su boina de lana y sus manos callosas de tanto trabajar sobre las máquinas de una fábrica.

Allí comienzo el recorrido en esta amada patria, que nos recibió desde sus entrañas, desplegando amor desde todos sus rincones. Pasamos por una pequeña piecita de Pompeya con baño compartido, de patios amplios y plantas donde jugaba con Ernesto a la escondida, a la mancha, a la rayuela muy cerca de la Plaza Roca, con toboganes y calesitas

Mis primeros pasos escolares fueron en una escuela de monjas, mientras papá y mi madre trabajaban para el ahorro de una casita lo que yo también hacía juntando moneditas. Hasta que ese día de proyectos llegó a nuestros días, estaba la casita en el barrio que le llamaban Caraza.

Con alegría papá me dijo: “Mi niña nos mudamos”. Era Lanús, atrás quedaba el bar de la esquina “La Blanqueada”. Atrás la calesita cuyos caballos subían y bajaban al compás de la música. Otras raíces sin florecer quedarían en mi pasado, otra mudanza, esta vez no estaría el mar ni el Entre Ríos barco de carga, solo cruzar Puente Alsina hasta llegar a la casa, la más antigua con un patio soleado y enredaderas donde brotaban uvas de distintos colores, los cuartos con piso de madera, una pequeña cocina y el baño en el fondo de ese largo terreno.

Ese fue mi punto de partida, donde crecí llegando a mi adolescencia, impregnada de nuevos sueños, con papá maestro insistiendo con la ortografía. Esa casa antigua se fue transformando, llenándose de ladrillos, cambiando su fisonomía. Con el correr de los años vinieron los amores y tuve mi hijo con la casa sin patios ni enredaderas, militando convicciones, recorriendo los barrios, hasta que una madrugada golpearon la puerta los salvajes que llenarían de sangre la patria en dictadura arrancándome de mis seres queridos dejando en brazos de mi madre, mi primer hijo de tan solo tres meses.

Luego vendría el exilio, mi otro embarazo, mi hija y los proyectos, la militancia nuevamente, el compromiso, las convicciones y mi lugar en el mundo, el pago chico que con amor llamamos Lanús, su historia de lucha, sus pérdidas, de compañerismo, de abrazos con mateadas, hoy, con nietos que dicen “Baba” y agregan “Te amo”.

Continúo viviendo en el mismo lugar donde se escribió mi historia y la continúo escribiendo. Caminando sus calles, las mismas que están construidas de voces, de nostalgias, con orgullo de pertenencia y mientras escribo mi memoria mirando con esperanza el futuro alguna lágrima se desliza por mis letras.

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La luz. Por Ana María Figueira https://juanbotana.com/la-luz-por-ana-maria-figueira/ Sun, 08 Sep 2024 10:22:10 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=15845 En las noches oscuras del estío, el farol de la Tour Eiffel giraba su ronda entrando con su luz por el alto ventanal de mi habitación. Como ojo de cíclope desorbitado, incrustado en ese animal ausente de sonidos, cuadrúpedo metálico, inmóvil, tenso y magnífico, no dejaba de observar. Había calculado

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En las noches oscuras del estío, el farol de la Tour Eiffel giraba su ronda entrando con su luz por el alto ventanal de mi habitación.

Como ojo de cíclope desorbitado, incrustado en ese animal ausente de sonidos, cuadrúpedo metálico, inmóvil, tenso y magnífico, no dejaba de observar.

Había calculado el tiempo de su fisgoneo inevitable y constante. Segundo a segundo.

Corría los cortinados, pero se dejaba traslucir entre las telas protectoras.

Giraba sin propósito alguno, salvo meterse en mi vida. Me daba la espalda disimulando, para retornar luego con placer a mi ventana. Ahíto de novedades, partía con desprecio.

Llega y se va. Llega y se va.

Aunque cerré las persianas, el ojo inquieto penetraba por las rendijas invadiendo mi privacidad. Noche tras noche, esto hacía.

Te veo allí. Te estoy viendo…

Una tarde decidí levantar una tapia inexpugnable.

Al llegar las sombras, no pude percibir el rondar constante, pero sabía que pasaba de tiempo en tiempo.

Hora tras hora, intentando perforar la muralla.

Justo a medianoche, en silencio, todo estalló. El mundo brilló y se incendió.

Lo había sabido siempre.

El haz de luz candente penetró consumiendo todo, hasta la pequeña lámpara que velaba mis sueños, compañera insomne de mis noches en soledad.

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La cruz. Por Ana María Figueira https://juanbotana.com/la-cruz-por-ana-maria-figueira/ Sun, 08 Sep 2024 09:29:06 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=15842 Iba Cristo en busca de una remera. Era hora de renovar su viejo atavío. Siempre le costó andar de compras. Era tan despojado de las cosas superfluas. Optó por ir al lugar de siempre, algo caro pero clásico, conocido, seguro de encontrar allí ese algodón suave y sentador. Se probó

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Iba Cristo en busca de una remera.

Era hora de renovar su viejo atavío. Siempre le costó andar de compras. Era tan despojado de las cosas superfluas.

Optó por ir al lugar de siempre, algo caro pero clásico, conocido, seguro de encontrar allí ese algodón suave y sentador.

Se probó varias, pero no estaba satisfecho, no le sentaban a su cuerpo. Sintió algo de indecisión.

No deseaba seguir buscando en diferentes lugares desconocidos. También notó que el vendedor esperaba de él, esa compra definida. Esa solución practicada de doblarla, ensobrarla y guardarla en la bolsita con el sello y la marca impresa. Ese fin tan cotidiano y habitual.

Pero Cristo, esta vez, con algo de esperanza, con algo de vergüenza, le dijo no, esta vez no. Y decidió seguir caminando hacia su destino final.

Recorriendo las calles de Jerusalén vio luminosas vidrieras con remeras expuestas por allí. En un
instante observó una que, para sorpresa, le gustó: era sencilla, elegante y además, sin tanta marca, con un costo menor.

Entró, la eligió, la probó. La doblaron, ensobraron, guardaron. La pagó y se la llevó.

Caminando con su compra llegó al Monte de Los Olivos. Protegido tras un árbol cambió su ropaje por la nueva adquisición. Tiró lo viejo en el tacho de reciclables. Había sido un regalo de Magdalena.

Salió a la vista de todos. Lo venían a buscar.

Sabía que tendría que cargar con una nueva cruz, pero estaba vestido para la ocasión.

Con su espalda protegida ante las nuevas y repetidas heridas.

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San Vicente. Por Maigualida Pérez Paredes https://juanbotana.com/san-vicente-por-maigualida-perez/ Sat, 07 Sep 2024 09:37:11 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=14194 …En el silencio de la tarde, la polvareda del camino penetra las fosas nasales dejando una tos seca que cosquillea en los oídos. Los vehículos rústicos que suben y bajan a un costado de la construcción, no se detienen a observar. Es un viaje más; es rutina. Es trabajo! La

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…En el silencio de la tarde, la polvareda del camino penetra las fosas nasales dejando una tos seca que cosquillea en los oídos. Los vehículos rústicos que suben y bajan a un costado de la construcción, no se detienen a observar. Es un viaje más; es rutina. Es trabajo!

La neblina, como algodón azucarado, se desvanece mientras la mirada, atraviesa la densidad del fenómeno por donde se cuelan imágenes y sonidos que emergen de la tierra escondida en el tiempo, he impone el silencio de los viajeros que hacen un alto para contemplar la majestuosidad de “San Vicente”.

Ante tanto misterio, avanzan al interior de la estructura, pensando en los bichos rastreros que se esconden en la maleza y que integran el conjunto, internándose por los túneles que se desplazan en un recorrido fantástico hasta otro extremo de la montaña… hacia la profundidad en la historia.

El golpeteo de herramientas contra la piedra y la tierra hacen la atmósfera marrón, seca y calurosa. Los zambos, brillantes por el esfuerzo que requería el trabajo, goteaban sudorosos y agotados…


…Trabajad, inútiles!… Trabajad!

Con la amenaza del látigo y los mosquetes, estos, no tenían más que hacer sino fabricar ladrillos de adobe y arrastrar piedras cuesta arriba, 12 kilómetros desde el río Buría, hasta alcanzar, en La Montañita, el lugar destacado por el teniente Juan Bautista Veintemilla para construir El Fuerte Real Minas de Buría, el único fuerte tierra adentro de toda América…y ubicado cerca de Santa Ana de Alquiza que era el camino real a Caracas…


… Inútiles negros… Indios mal olientes, Trabajad!

La historia emergía fiel y cruda. Los españoles dirigían la obra maestra de ingeniería, una fortaleza para cuidar los caminos, las riquezas allí almacenadas y acuartelar a los enemigos que no serían otros que los verdaderos dueños de la tierra: Los Indios Jiraharas-Ayamán que ante el atropello del invasor europeo se mimetizaban para así obstaculizar los asentamientos.

La construcción se eleva hasta el cielo con sus pilares imponentes y el mirador alcanza los sueños que llevaron a una lucha que tomo casi 100 años a los conquistadores para consolidar la fundación. En lo profundo de la tierra y en las paredes del fuerte dejaron las muestras de luchas sangrientas, manifestaciones artísticas que dan fe de su existencia, de su organización social y la belleza mítica de sus paisajes.

Cuenta la historia que por los años 1.566?(…) cuando Don Diego de Lozada iba a fundar Caracas, se detuvo cansado del viaje proveniente de la Provincia de Barquisimeto y pernoctó allí, en el poblado que estaba al pie del “Fuerte Real de San Juan de Buría” con sus tropas y en gesto de bienvenida, el gobernador de la provincia: Pedro Ponce, ofreció una corrida de toros, la primera efectuada en tierras de Nueva Jerez del Rey, donde los animales fueron expuesto en la manifestación taurina, tradicional del viejo continente y entre Pases de Capote y Muleta comienza el matador…

…En un gesto de admiración saludan al toro que sale a la arena, cabecea los tableros, atento a los movimientos del peonaje, embiste a la capa con nobleza. Dándole el pecho al animal, el torero hace giros suaves con el cuerpo, luciendo la muleta en la mano izquierda y sujeta en la derecha la espada…

Como en una vieja danza colonial, la vida del animal esta en las manos del matador que lo seduce con el filo de su espada amenazadora y disimula el dolor con su capote oscuro y elegante…

…En derechura al toro, apoya en la cadera la espada y adelanta con suavidad la pierna de ese lado; lo atrae, curvando su trayectoria en un pase natural que prepara al animal para amansarlo…

Los espectadores celebran el acto con expresiones de aprobación que no alerten al toro de su destino…

…Bajando la mano, remata atrás, a su espalda y acompaña el recorrido del cuerpo de la res

Exclamaba Don Diego maravillado por la exposición taurina en aquel marco embriagador y el alcance visual del terreno desde la altura en las montañas de Nirgua…

…La estocada final, penetra hasta la empuñadura del cuerpo del bovino: En la cruz, dándole el remate lógico a la suerte del animal. El torero muy ceñido al animal, adelanta la pierna y lo llama, con el dorso de la muleta para hacerlo girar y le hace pasar, recorriendo, con lentitud de “Pitón a Rabo”…

Lo cita al centro del platillo y recibe su embestida por un lado…

El matador gana terreno en cada muletazo y lo lleva así al punto que desea, quebrantándolo e imponiendo el mando… El toro ha pasado en breve tiempo de la apacible tranquilidad de la vida en el campo a un encuentro con lo desconocido…

En sus querencias comienza a buscar la salida dando saltos sin hacer caso de nada ni de nadie… Suena el clarín en el último instante de la faena y aquel en el que, más igualados están ante la muerte.

Nunca se dijo cuanto tiempo descanso y se reabasteció Diego de Lozada por estas tierras, lo cierto es que hoy, San Vicente, ciudadela fantasma, grita silenciosa reclamando su lugar entre la mitología y la historia.

Cuenta la leyenda que fue aquí, donde El Negro Miguel dio el primer grito de Libertad para los hombres de estas tierras, pero esa, es otra historia…


Maigualida Pérez Paredes
Del libro digital “Nirgua… Tierra de Magia”
Venezuela 2019

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