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]]>The post El reality de Charly Brend: Bajando kilos en 30 días appeared first on Juan Botana.
]]>Día 2: En 30 días, rápido, para perder peso, quemar grasas y tonificar tu cuerpo.
Día 3: En 30 días, rápido, para perder peso, quemar grasas y tonificar tu cuerpo.
Día 4: En 30 días, rápido, para perder peso, quemar grasas y tonificar tu cuerpo.
Día 5: En 30 días, rápido, para perder peso, quemar grasas y tonificar tu cuerpo.
Día 6: En 30 días, rápido, para perder peso, quemar grasas y tonificar tu cuerpo.
Día 7: En 30 días, rápido, para perder peso, quemar grasas y tonificar tu cuerpo.
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]]>The post El amor no es de nadie. Autor: Juan Botana appeared first on Juan Botana.
]]>El amor
no se hace
en minutos.
Lleva tiempo.
El amor
es
un suspiro cada tanto,
no siempre.
El amor
es
paciencia,
tolerancia
y escuchar.
El amor
es
perder.
El amor
a menudo
se queja,
reclama,
patalea,
grita,
calla,
llora,
cede.
Al amor
no se lo enamora.
Es el amor
el que te enamora
a vos.
El amor
no se busca,
ni se encuentra,
ni se merece.
El amor
se va.
El amor
nos cree al principio
o eso pareciera.
Lo difícil es
que te crea
más tarde,
el resto de los días,
después…
Cuidarlo.
Como pasto
que le cuesta crecer
cuando no llueve,
como jazmín de cielo
en noviembre
al que no siempre
las flores
le brotan
de una vez.
El amor
es que te esperen
y esperar,
sin flores en la mano,
sin llanto que te ampare,
sin sueños que se cumplan.
Los plazos del otro,
los momentos del otro.
El deseo del otro.
Aunque a veces
concuerde con el tuyo
y otras no.
Hay personas
que aman con locura
y sin embargo
nadie las quiere.
Y otras que hacemos
las cosas mal
y las repetimos
hasta el cansancio.
Y somos amadas
y mucho.
¡Por suerte!
El amor
es
tener un proyecto
común
por pequeño que sea.
El amor
no es
saber lo que hace el otro,
ni imaginarlo,
ni siquiera intentarlo,
ni suponerlo,
ni saber.
El amor
no es
control.
Ni parecerse,
ni coincidir,
ni conocerse,
ni ser el uno para el otro,
ni tu media naranja,
ni tu parte de qué.
El amor
no es tuyo,
ni mío,
ni de aquel,
ni del anterior,
ni de nadie.
El amor
no es
de nadie.
Si quisiéramos conocer
todas las acciones
de la persona amada
todo el tiempo,
la vida sería
un suplicio.
El amor
no es posible
y olvidé las comillas
deliberadamente
si no existe
un secreto,
decía Kundera.
Y tantos otros
lo repetimos
sin entender.
El amor
no es posible
si no vislumbra
una hazaña,
más no sea
a lo lejos.
El amor
es
una mentira.
A la que nos aferramos,
le creemos.
Simplemente
porque queremos
creer.
El amor
te confunde.
Te ciega.
Te abraza.
Te gusta.
Te disfraza.
Te ensordece.
Te deja,
con las ganas
y te suelta.
Como pájaro sin pan
en el deseo.
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]]>The post Tengo miedo del final. Autor: Juan Botana appeared first on Juan Botana.
]]>Soñaba que viajaba en un camello y despierta dormida entre mis brazos Entonces la noche se hace larga… –Pero aún no había terminado–.
Un hombro mío que no tenía qué (…) se mueve y la despierta. Cabizbajo.
Un jaleo constante cada vez más intenso la vuelve a despertar y no tanto.
Respira profundo un sueño arrebatado. Después del amor, suspira. Se acomoda.
Abre los ojos y los cierra. El derecho se queda pestañando.
Entonces la noche se hace larga… –Pero aún no había terminado–.
Yo me agarro fuerte de su mano. Me sostengo. Como si eso me salvara. Entre sábanas cruzadas una ráfaga de aire fresco entra por la ventana, y enfría nuestros cuerpos destapados. Tibios todavía.
Acurrucados.
Nos acolchamos con un amor de paso que se queda, –hace poco más de nueve años–
E insiste:
Tímido, rebelde, inquieto, inseguro. Agazapado.
De guitarra criolla, de mantas brasileras, de manteles con aguayos.
De manos que se buscan por la noche,
de charlas a la hora de la siesta,
de máscaras, de paseos, de comidas, de arreglos en la casa,
de cortinados blancos.
De cuerpos desnudos traspirados.
Es dueña de una belleza enfurecida.
Sus ojos un enigma: bellos, misteriosos, penetrantes.
Marrones casi pardos.
Son mi penumbra, mi sur, mi guía, mi descanso.
Nos acompañamos.
Una tarde nos besamos en un beso prolongado.
Cuando me dijo que con ella iba a conocer el mundo y en la estación José Hernández, de la línea “D” del subte, nos perdimos para encontrarnos.
Sin destino ni salida ni fecha de vencimiento ni contrato.
Lo acordamos.
Una vez un amigo me preguntó:
–¿La aventurera es ella? o ¿el aventurero sos vos?
Al notar que yo tardaba en contestar…
prefirió hacerlo por mí y se dijo:
–¡Ella! … ¿Y vos?
(Sonrió como solo pueden sonreír aquellos que te conocen demasiado)
–“Vos la seguí-ís”.
Soñaba que viajaba y habíamos viajado.
Por ladrillo y terracota al Talampaya estrellado,
a la luna y su valle entre abril y marzo,
por lagos que se cuentan de a siete y ese verde claro,
del Huechulafquen que no pude olvidarlo.
Las playas calientes de un Brasil extraño,
lejano
y sus pies descalzos.
De mochilas llenas. Del Uruguay a Buenos Aires
y otra vez a las afueras, cruzando el Riachuelo.
Regresando.
Nuestro jardín se construye de plantas y de flores.
Al entrar me detengo.
Flores que crecen cuando quieren. Paredes recién pintadas de amarillo. Gotera. Gotas de lluvia que golpean en la chapa. Hojas de araucaria que caen. India que va y viene… Y se queda en su almohadón. Vos estás dormida. Yo me acuesto a tu lado y pienso que este lugar es más mío que cualquier otro en el que estuve. Mi amor me ancla a esta casa, a tú compañía. Ojalá siempre esté donde están mis afectos. El lugar puede cambiar. Lo que no puede cambiar es ese aroma a azucenas que creía no percibir y las flores de tilo que robamos en la calle San Martín doblando por Aráoz.
Ya no llueve. Soñaba que viajaba en un camello y despierta dormida entre mis brazos. Sus labios balbucean un te-a-amo. Al oído. Da media vuelta y se acuesta de su lado. En la oscuridad la miro. En esas noches de insomnio. Custodiando. Un amor: Seguro, incansable, desconfiado; detenido en ese instante, apresurado. A fuego lento, entre brasas. De ojos abiertos y cerrados. Simple, complejo, complicado. De silencios, de dientes apretados, de palabras lindas, de gritos callados, de color azul, de celeste pálido. Ingobernable a veces, asustado. Malhumorado, molesto, fastidioso, irritado, de mal carácter. Desvelado.
A la madrugada me levanto y una vez más fracaso. Siguiendo el camino de la babosa en el mosaico. De restos de chocolate suizo, de piezas robadas al ferrocarril y de juegos de la abuela. Heredados. Hacia el baño. Me tropiezo, conmigo.
Dejé de dejarme querer para querer como nunca antes había querido. Dejé mis fantasmas de lado y los de ella. Dejé tantas cosas desde que la conozco, que me sentí dejado.
Y así la vida, en un Tigre desolado, de pájaros cantando. Hacia el Paraná de las Palmas donde el río se hace llanto. Una mujer suspira, conmovida, deslumbrada ante tanto encanto Que el paisaje anula a su adversario. Y este abandonado, culpable por amarla tanto.
–Uno puedo estar celoso de otra persona, ¿pero de un paisaje? –Uno puede estar celoso de un paisaje, ¿pero de un sueño que decidió soñar sola? O le tocó. En viaje y en camello. Despierta queriendo dormirse.
Y yo que esta vez no pude seguirla. Ni con los celos a cuestas ni de a ratos. Todavía guardaba su olor en mi cuerpo, tan perfumado. Su piel, sus cabellos largos. Y esa humedad que deja la lluvia en las casas viejas. Su cansancio. Pero no me alcanzó. Todavía guardaba su olor en mi cuerpo y la huella de sus ojos en los míos. La misma cicatriz que sangra y el orgasmo.
Pero no me alcanzó.
Con la luz apagada ya no la veía como antes, como siempre. Tan cercana. Ya no atrapaba sus besos remolones con mis labios. Entonces un escalofrío corrió por mi espalda y me caí al piso. Desplomado. Me tropecé, conmigo, en el pasillo antes de entrar al cuarto.
Su sueño era tan suyo, su viaje, su camello, su aire. Tan suyo que asfixiaba (…) el sentirla respirar profundamente. Llena de placer. Parecía colmada. Decirle que su amor silencioso, dormido, me estaba ahogando que condenaba mis deseos y mis ganas, y la vigilia de mi corazón en esa noche.
Al abrir mis ojos, frente a ella. Seguí durmiendo. India abrazada a mis piernas ronroneaba. Ella estaba apenas un poco más a la derecha de la cama. Descansando. Y si no fuera por ese “apenas”. Todo me hacía pensar que el descalabro de imágenes previas: mi ida al baño, las babosas y su camino a ninguna parte, mi tropiezo, los celos. No pasaron, aunque dudé. Pero a la distancia:
¿Puede uno estar celoso de aquello que uno mismo ha generado? ¿De un viaje al que no fue invitado? Y que la hacía tan feliz.
Tal vez porque: El amor no pasa. Te atraviesa. Te desbasta. Te envuelve. Te ilusiona. Te confunde. Te atrapa.
También en pesadillas. Tal vez porque:
“Nos amamos hace una vida. Hace un momento. Nos amamos sin certeza del principio. Por eso no sabemos si este amor terminará alguna vez”.
Dos cuerpos que se encuentran, pero uno de ellos se pierde, cada tanto. Y olvida y se siente desplazado. Nuestra casa se construye de ladrillos, de memoria en las manos y de granos de barro. Mojados. Un capricho, para que este amor y no otro, sea el primero. Un sueño que nos une y nos aleja estando. Que me traiciona imaginando.
Tengo miedo que nuestras manos por las noches no se encuentren ni se busquen, ni se contengan, ni se extrañen, ni se rocen, ni se quieran. Tengo miedo que nuestro amor se quede sin aire. Asfixiando. Tengo miedo de un final, celoso de sus actos.
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]]>The post Los amores de Laura. Autor: Juan Botana appeared first on Juan Botana.
]]>¿Cuánto tiempo más me vas a tener así? Que venís y no, que hoy tampoco pudiste, que se te hizo tarde. Que te cayó de improviso ese amigo del sur del que nunca me hablaste. –¿Qué querías que hiciera, que lo echara?– Y te cambió los planes.
¿Y yo qué? Acaso te importa un poco lo que me pasa. Si no me preguntaste nada la última vez que nos vimos y te la pasaste callado mirando de lejos a cualquier minita con más ganas que a mí. Justo la noche que me había puesto ese corpiño piel que me marca las lolas y creí te gustaba. Si ya casi ni hablamos. Si incluso estaba decidida a escaparme con vos después a tu casa como habíamos quedado, y nada. Si hasta tus amigos pegaron más onda con mis amigas que vos conmigo esa noche. Y eso que nos conocemos hace más de un año y recién ahora nos decidimos a esto.
¿Por qué no me vas a decir que lo nuestro es algo más que esto? Porque amor no es. Calentura ni llega, sino un fuego apagado con canciones gastadas en un campamento. –¡A los campings me dijo mi psicóloga que fuera! ¿Sabés como levantás?– Y yo en cambio me la paso en boliches caretas sanando mis penas en el frío mezquino de un vaso de alcohol.
¿Cuántos mensajes más tengo que mandarte para que te des cuenta que nos sos un chape? Que me interesás. O mejor dicho que me interesabas.
Ahora no. Ya no. Por suerte me di cuenta a tiempo. ¡Qué tonta, no!. Que apagó tu sonrisa una nube de polvo en mis ojos de acaso. Que ni siquiera los viste. Que no quisiste mirar. Porque no te hubiera echado de mi corazón asustado mientras no lo sabía. Que no me querías, que lo hiciste sin ganas. Porque no fuiste capaz de invitarme a tu casa, y paraste tu auto en diagonal canchera con cara de vamos. ¿Con cara de qué? Como si hiciera falta la pregunta. Como si no te hubieras dado cuenta que mi boca cereza se quedó temblando de tibio a tu lado soñando tu amor. Porque ni siquiera tuviste el valor de invitarme a tu casa. Porque ni siquiera estoy muy segura de que tengas una casa donde decís la tenés.
¿Y quién sabe por qué mierda te escribo esta carta? Si vi más veces tus fotos del facebook que no estabas conmigo que mi cara al espejo por miedo al fracaso. Que fracasé otra vez. En enviarte esta carta sin saber por qué lo hago. Si le gusto a tanto boludo sin gustarte a vos. Si es con Lau con quien estás hablando, ¡tarado!, en la sombra ebria de mí andar hormigo por volverte a ver.
4 de febrero de 2015
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]]>The post Palermo viejo. Autor: Juan Botana appeared first on Juan Botana.
]]>¿A dónde te fuiste, Palermo orillero?
De Jorge Luis Borges y Miguel Abuelo.
De adoquín en las calles. Ni seco ni enfermo.
Un poco cambiado, te fuiste perdiendo.
¿A dónde te fuiste, Palermo tan viejo?
Ni Soho ni Hollywood, ni siquiera nuevo.
Te fuiste alejando de tus casas bajas.
De Hipódromo a Bingo, de vereda ancha.
Dos o tres bodegones cierran tus ventanas.
Para los que no queremos mirar.
Ni árabes ni turcos, tampoco gitanos.
Algún que otro judío se pasó de lado,
cruzó la avenida Córdoba sin el Atalaya
y se perdió en Armenia
que se volvió plaza y feria después.
Una herida en mi pierna recuerda el gasómetro
y los conventillos reciclados, rotos,
sin vidrios, ni ser, que envuelven la plaza.
De puertas abiertas a tiendas de ropa,
harapos reales, “vestite y andate”,
edificios altos, bares sin antorchas,
gimnasios sin clubes,
milongas sin tango,
sin pasado ni penas.
Ni esquina rosada, ni rosa salmón.
Hoteles boutiques y restó temáticos
no alumbran tus velas
ni tu luz de patio
menos un farol.
Para turistas franceses obras de teatro,
que no te conocen, prefieren París.
Agua que salpica no inunda tu lago.
Un paseo en mateo se escucha venir.
Para mí la nostalgia de una zapatilla rota,
la pelota, la cuadra
y la cara de mi abuela en la ventana
se nubla entre sombras,
me dice quien soy.
Para mí los aviones, la costanera, la soga,
el elástico y las mojarritas.
La rayuela perdida en alguna baldosa
dibuja con tiza los pies de mi hermana
y su amiga Noceti.
Tampoco Lucía, aunque sigue Ariel.
Ya no te busco por las tardes,
Fernando Vizcaíno, en la esquina
que cuando fue del sol
dejó de ser nuestra
y apagó tu almacén.
Ya no huelo
el olor a eucalipto en la estufa.
Ni me cruzo a lo de Don Luigin
a comprar kerosene.
Se sigue inundando tu Juan B. Justo.
Juan José Botana ya no camina tus calles
cansadas de andar.
De Plaza Guadalupe a Placita Serrano,
ahora Cortázar se hamaca el ayer,
se venden los años,
se escucha volver.
Carriero no estaba
en las paredes manchadas.
Un tranvía escondió sus vías
en la calle Guatemala.
Dios olvidó un alma
entre Santa Fe y Güemes
sobre Gurruchaga,
la dejó abandonada,
sola, pobre, en situación de calle, desolada
y se fue como él.
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]]>The post El amor no es de nadie. Autor: Juan Botana appeared first on Juan Botana.
]]>El amor
no se hace
en minutos.
Lleva tiempo.
El amor
es
un suspiro cada tanto,
no siempre.
El amor
es
paciencia,
tolerancia
y escuchar.
El amor
es
perder.
El amor
a menudo
se queja,
reclama,
patalea,
grita,
calla,
llora,
cede.
Al amor
no se lo enamora.
Es el amor
el que te enamora
a vos.
El amor
no se busca,
ni se encuentra,
ni se merece.
El amor
se va.
El amor
nos cree al principio
o eso pareciera.
Lo difícil es
que te crea
más tarde,
el resto de los días,
después…
Cuidarlo.
Como pasto
que le cuesta crecer
cuando no llueve,
como jazmín de cielo
en noviembre
al que no siempre
las flores
le brotan
de una vez.
El amor
es que te esperen
y esperar,
sin flores en la mano,
sin llanto que te ampare,
sin sueños que se cumplan.
Los plazos del otro,
los momentos del otro.
El deseo del otro.
Aunque a veces
concuerde con el tuyo
y otras no.
Hay personas
que aman con locura
y sin embargo
nadie las quiere.
Y otras que hacemos
las cosas mal
y las repetimos
hasta el cansancio.
Y somos amadas
y mucho.
¡Por suerte!
El amor
es
tener un proyecto
común
por pequeño que sea.
El amor
no es
saber lo que hace el otro,
ni imaginarlo,
ni siquiera intentarlo,
ni suponerlo,
ni saber.
El amor
no es
control.
Ni parecerse,
ni coincidir,
ni conocerse,
ni ser el uno para el otro,
ni tu media naranja,
ni tu parte de qué.
El amor
no es tuyo,
ni mío,
ni de aquel,
ni del anterior,
ni de nadie.
El amor
no es
de nadie.
Si quisiéramos conocer
todas las acciones
de la persona amada
todo el tiempo,
la vida sería
un suplicio.
El amor
no es posible
y olvidé las comillas
deliberadamente
si no existe
un secreto,
decía Kundera.
Y tantos otros
lo repetimos
sin entender.
El amor
no es posible
si no vislumbra
una hazaña,
más no sea
a lo lejos.
El amor
es
una mentira.
A la que nos aferramos,
le creemos.
Simplemente
porque queremos
creer.
El amor
te confunde.
Te ciega.
Te abraza.
Te gusta.
Te disfraza.
Te ensordece.
Te deja,
con las ganas
y te suelta.
Como pájaro sin pan
en el deseo.
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]]>The post Alguito (en el Día del respeto a la diversidad cultural). Autor: Juan Botana appeared first on Juan Botana.
]]>A los pueblos originarios
Hay alguito de luna en sus miradas.
Hay alguito de sol en sus arrugas.
Hay alguito de llanto en sus quebradas.
Hay olor a jazmines en sus cunas.
Nacieron como nacen las estrellas.
Todas juntas y se juntan en sus pechos.
Nacieron como nace el firmamento.
Donde hay uno, habrá más en el silencio.
Hay alguito de río en sus montañas.
Hay alguito de voz en sus recuerdos.
Y si digo hay alguito es porque hay algo.
Hay amor
que pinta de marrón el mismo cielo.
The post Alguito (en el Día del respeto a la diversidad cultural). Autor: Juan Botana appeared first on Juan Botana.
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