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]]>Te dirijo esta carta a ti, que sabes ver, que sabes apreciar aquellas obsesiones que me sustentan. Solo tú eres capaz de saber que las obsesiones que te muestro son producto de mis más intimos deseos, mis más íntimos anhelos. Los pájaros, las aves. La feminidad, el lado sensible de las cosas. Las flores, las plantas. En todo ello encuentro un resquicio de fe y esperanza, de juego y me atrevería a decir, ninguna carencia. En ellos se encuentra la libertad soñada. La creación es así una forma de libertad, de ser libres ante el mundo, de poder elegir qué mostrar en él, aunque las obsesiones sean las que manden. Te escribo a ti, lector, tú que desconoces mi forma de crear: ¿sabes cómo cantan los pájaros que amo? ¿sabes cómo florecen aquellas plantas pegadas sobre el lienzo, la página en blanco? Ambas cosas lo hacen dentro mío. Lo hacen de tal manera que ni siquiera yo soy capaz de darle nombre ni palabras a la creación misma. Salen del misterio. El arte es un misterio que nos es velado. El arte como necesidad intrínseca de lo no visible, de lo indecible. Así pues, la creación surca los mares de lo que no conocemos y no podemos conocer, pero que atisbamos gracias a nuestras obsesiones. Son ellas las que le dan forma. Las que lo hacen visible. Me pregunto si todas esas visiones, esos destellos de conciencia que todo el mundo puede ver en el arte, ya sea en una pintura, una pieza musical o una fotografía no son sino reflejos de nuestro mundo interior. Creo que el artista canaliza su interior de manera que lo representado deja en cierto modo de pertenecerle a él para pertenecerle al mundo. Las obsesiones son asi señuelos de lo que puede ser, terminan por dejar de ser misterio para empezar a ser mundo, nuestro mundo. Un mundo lleno de deseos y anhelos, de esperanza, de vida soñada.
Tenemos el arte para no morir de desesperanza, dijo alguien. Efectivamente así es. Tenemos el arte porque no podemos tener otra cosa. Me agarro a la creación aunque sea un clavo ardiendo. En la creación el mundo no se escinde, al contrario, se unifica. Se unen los opuestos, se juntan los polos. Tenemos la creación para unir al mundo de la escisión que la tempestad hace en nosotros. Una vez que mostramos nuestro arte, la tempestad cesa, da paso a la calma. Una sensación de agradable estar en el mundo, nuestro mundo.
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]]>Me gusta cuando los mayores me cuentan historias de sus pueblos, de su infancia. ¿Pero a quién no? Pareciera que en esas historias nos encontrásemos a nosotros mismos de alguna manera que no conocemos. Como si te contaran algo lejano de ti misma: una especie de eco que resuena en tu interior. Echo de menos a mi abuela Carmen y sus historias de cuando se iba a recoger flores al campo, de cuando jugaba con sus amigos. Ah. Tierna infancia. Yo cuando era pequeña también iba a la huerta, sólo que recogía higos y albaricoques. Aún recuerdo el aroma de los albaricoqueros y los melocotoneros. Si bien mi estancia en el colegio no fue del todo feliz, si lo fue fuera de él. Creo que, en el fondo, me agradezco a mí misma haber sido una niña introvertida porque era capaz de retener cosas que nadie más hacía en mi entorno. Eran momentos conmigo misma en el ático haciendo casas para mis muñecas, de ver y rever libros y grabar sus cubiertas en mi memoria. Recuerdo una cubierta rosa de un libro de Carlos Castaneda, en la que había un dibujo a lo Leonardo da Vinci que me gustaba mucho. Podía pasar horas observándolo. También me gustaba mucho leer enciclopedias y fijarme en las ilustraciones. Me gustaba (y me sigue gustando) esa manera de aprender a mi manera. Creo que ya de pequeña era la mujer en potencia que soy ahora. ¡Si solo mis padres hubieran tenido atisbos de todo aquello que llamaba mi atención! La música, la curiosidad innata por las cosas, el arte… Si hubiera tenido las herramientas necesarias para formarme en algo que me gustase desde que era pequeña, hoy las cosas, probablemente, serían diferentes. Lo dicho, me habría gustado tocar algún instrumento, o ir a clases de pintura o escritura… pero antes esas herramientas y en un pueblo eran bastantes desconocidas. Sin embargo creo que ello ha formado a la persona que soy ahora, una persona autodidacta en muchísimos aspectos que busca y busca hasta dar con la tecla de lo que realmente quiere o necesita.
Me vine hace unos días a Murcia a descansar, a desconectar de mi rutina valenciana que a veces me ahoga. Y me encuentro con que aquí de alguna manera también me ahogo (parece que llevo el buzo conmigo). ¿Qué es lo que me pasa? ¿Qué es lo que necesito en este momento de mi vida? Me atrevería a decir que me falta una menor dosis en la medicación que tomo, pues tiende a limitar mis movimientos y me aporta una pereza excesiva. Me atrevería a decir que aunque haya venido a desconectar, también estoy conectando con una parte muy ancestral en mí, que es la que me ata a mi familia. Pese a vivir lejos de ellos, cuando vengo es como si no hubiera pasado el tiempo y siento un sentimiento de pertenencia muy grande, muy vivo. Esto antes nunca me habia pasado y me doy las gracias por ello, por querer abrirme a las personas que me quieren y que quiero.
Me pregunto qué le contaré a mi descendencia cuando llegue a anciana, si es que llego a serlo. Les contaré que era una niña tímida, introvertida, que se bastaba con ella misma para hacer otros mundos posibles, pero que no le negaba la posibilidad a jugar con otros que quisieran jugar con ella. Que esa niña introvertida hoy lo sigue siendo aún. Y en esta carta, en estas palabras, le diria a esa niña que solo le bastaba tener confianza en sí misma, pues teniendo confianza es posible hacer y ser todo lo que uno tiene destinado para sí mismo.
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