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]]>Yo lo estoy ayudando con esto. Es para que las escritoras y escritores, artistas y/o trabajadores culturales de la Provincia de Buenos Aires obtengan un beneficio previsional por haber realizado una actividad literaria. Las personas que quieran, pueden descargar la foto o me piden el word y se los mando. Colocan su nombre y apellido, firma y mail, le sacan una foto y me lo pasan. Muchas gracias y espero que estén bien.

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]]>de la Provincia de Buenos Aires
S/D
De nuestra consideración:
Los abajo firmantes, cuyos datos obran junto a las firmas, venimos a expresar nuestro apoyo al proyecto de Ley N° 139 2025-2026, presentado por la senadora Sofía Vannelli, que estipula un beneficio previsional para escritoras y escritores, artistas y/o trabajadores culturales de la Provincia de Buenos Aires, solicitando su oportuno tratamiento y aprobación por la Legislatura Provincial.
Consideramos de suma importancia contar con un instrumento que de esta manera reconoce la labor cultural desplegada por los creadores bonaerenses y su aporte a la comunidad.
Saludamos a Uds. Muy Atte:
Nombre y apellido Mail Firma
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]]>El Festival de Poesía organizado por Juan Botana llega al Centro Cultural El Loro con una particularidad, además del festival se presentará el proyecto “Sé la voz y la imagen de una idea” donde escritores de todas partes entregaran sus obras para que actores, músicos y documentalistas les den vidas teatral, visual o musical a sus textos.
La cita será el sábado 14 de junio de 15 a 22 horas, en la Avenida Maipú 1952, en Vicente López, frente a la quinta presidencial, con entrada gratuita. Tendrá también una mini Feria del libro, una exposición de emprendimientos y artesanías y servicio de bar.
“Mi intención es hacer del Festival de Poesía un proyecto más grande que reúna escritores con actores, músicos y gente del mundo audiovisual. Para eso me uní con Roberto Ramazotti de la Red de Escritores Independientes de Vicente López y la Cultural Independiente de Vicente López y Graciela Nicola, directora de La Movida Teatral y Musical de las Dos Orillas”. Para que sus textos cobren vida en un proyecto que se llamará “Sé la voz y la imagen de una idea”, explica Juan Botana.
Participarán autores, músicos y actores de la Vicente López, Maschwitz, ciudad de Buenos Aires, Banfield, San Isidro, Martínez, Campana, Garín, Lincoln, Marcos Paz, Lanús, Boulogne, Maquinista Sabio, Villa Adelina, Olivos, Berazategui y Carapachay. También se sumarán al encuentro desde México, Perú, Venezuela y España.
Para ser parte del encuentro hay que anotarse en el evento de Facebook a través de las redes de Juan Botana o enviando un WhatsApp al 1161817440.
Juan Botana hará de presentador, dará una pequeña charla de bienvenida y leerá poemas de su nuevo libro “Flores plebeyas” para dar luego paso al festival y a la presentación del proyecto a cargo de Graciela Nicola y Norberto Ramazotti.
El Festival cuenta con el apoyo de la Red de escritores independientes de Vicente López, la Cultural Independiente de Vicente López y la Movida Teatral y Musical de las Dos Orillas y la web juanbotana.com
Los interesados en participar del encuentro deberán poner “asistiré” en el evento de facebook siempre que puedan concurrir el 14 de junio y publicar sus textos en el grupo de Facebook de Juan Botana. Más adelante se desarrollará una plataforma para que autores, actores y músicos intercambien sus obras.
De los eventos, participan poetas y poetisas reconocidas y autores y autoras que recién empiezan, bajo la premisa que con el ejercicio de hacerlo y de mostrarse la poesía va a explotar. Y eso ocurrió durante los festivales realizados anteriormente en el Jardín Botánico. Tal como había pasado antes en el Museo Americanista de Lomas de Zamora, la Sade Central en CABA y los míticos festivales del BASA y del Club 6 de marzo en Lanús y del Oveja Roja en Lomas.
“Básicamente lo que hacemos es juntar gente. Gente que le gusta la poesía y que se quiere expresar. Buscamos un denominador común que los una y cuando no encontramos más poetas y poetisas en la zona sur, buscamos en el resto del Conurbano y en la Ciudad de Buenos Aires y por esa magia de las redes sociales el festival se volvió internacional y ahora quiere venir gente de todos lados. Un poco por eso lo de quedarnos en el Jardín Botánico fijos una vez por mes y movernos a otros lugares las demás”, destacó el escritor.
Desde sus comienzos el festival nació itinerante y reunió escritores, escritoras, narradoras, músicos y actores y actrices de diversas latitudes.
“Ya de entrada se venían de Azul, Mar del Plata, Gualeguaychú, Montevideo, Córdoba, Chivilcoy y México. Y ahora de Campana, Escobar, Luján, La Plata, Lincoln, Venezuela, Perú, España y Chile, a los distintos escenarios que proponíamos, únicamente para leer un poema o dos, simplemente porque querían estar. Parecía tener destino masivo de entrada”, agrega el organizador.
“Yo soy comunicador social y probablemente hice algo para que la poesía fuera masiva y popular, pero la comunicación no es matemática, vos podés hacer todo para lograr algo y ese algo no pasa. Esto excede cualquier expectativa, pero es hermoso y lo vamos a disfrutar”, concluyó Juan.
EL ORGANIZADOR
Vecino de Banfield, nacido en Palermo y educado en Caballito, Juan Botana es escritor y licenciado en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires.
Es autor de los libros “Recovecos”, “Amores truncos”, “Toda la voz de América en mi piel”, “Sin ojos que los miren” y “Flores plebeyas”, es redactor de contenidos web para el Gobierno de la Ciudad, director de la web juanbotana.com, colaborador de Urbano Cotidiano y es el organizador del Festival de Poesía. Además, hay dos documentales realizados sobre su obra literaria, condujo programas de radio sobre poesía y dictó talleres de escritura.
SÉ LA VOZ Y LA IMAGEN DE UNA IDEA
Es un proyecto teatral, musical y audiovisual pensado por Graciela Nicola, directora de la Movida Teatral y Musical de las Dos Orillas, para que autores de todas partes coincidan con actores, músicos y documentalistas y hagan de su arte una unidad.
Los textos y guiones de los autores se publicarán en una plataforma digital para que los actores, directores de teatro, músicos y documentalistas los tomen y hagan de ellos una obra de teatro, un monólogo, una canción o un video.
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]]>Además, en una pensión de la calle Miravé, casi esquina Velez Sarsfield, en el
barrrio de Barracas… “laala, la la lalaala la la lalaala lala lala….” desde la vieja radio de madera oscura, grandes perillas cromadas y tela marrón sobre el parlante, la sirena de una ambulancia acompaña la melodía con su toque desolador, mientras Domenico Modugno entona “…sabes que la distancia es como el viento…”
A un costado de la pequeña mesa, misma en la que cocina, come, lee, pinta sus uñas o plancha, encorvada sobre ella, Antonia repasa una tras otro, camisas y pantalones que mañana sus clientes lucirán impecables, con cuellos almidonados y rayas perfectamente
marcadas, y los amontona sobre los asientos de las dos únicas y desvencijadas sillas que,
junto a una crujiente cama de dos plazas, un placard de pino apolillado y una vieja heladera Siam, integran el frugal mobiliario de esta pieza de tres por dos noventa, paredes encaladas y pisos de mosaicos, que es su vivienda desde hace mas de cinco años.
Ruedan dos lagrimas por sus mejillas al oír la canción. Recuerda la casa de la infancia allá, en Saldungaray; sus padres, el campo. Le duelen, aún, la soledad y el desgarro que le produjo la muerte de su esposo, siete años atrás y su huida a la gran ciudad buscando el olvido.
Mientras esto sucede adelante, en lo que fuera la sala de la vieja casona, ahora partida en dos pequeñas piezas cuya única fortuna son los sendos ventanales a la calle, con balcón francés y postigones, que Antonia tiene siempre cerrados para no perder intimidad,
en el primer piso, al fondo… “laala, la la lalaala la la lalaala lala lala….” desde la vieja radio de madera, con algunas perillas faltantes y tela raida sobre el parlante, la sirena de una ambulancia acompaña la melodía con su toque desolador mientras Domenico Modugno entona “…sabes que la distancia es como el viento…”
A un costado de la pequeña mesa, misma en la que cocina, come, lee y arregla algún
artefacto eléctrico, encorvado sobre ella, Antonio rebusca de entre cuatro o cinco latas
grasosas, tornillos, tuercas o alambres con los que arreglar una agujereadora u otra
herramienta que sus clientes usarán despues en sus trabajos, amontonándolas, mientras
tanto, en los asientos de las dos únicas y desvencijadas sillas que, junto a una crujiente
cama de una plaza y un placard de pino apolillado, la puerta sin una bisagra y un cajón
faltante, integran el escueto mobiliario de esta pieza de tres por dos noventa, paredes
encaladas y pisos de mosaicos que es su vivienda desde hace seis meses
Ruedan dos lagrimas por sus mejillas al oír esta canción. Recuerda la casa de la infancia allá en Bahia Blanca; sus padres, el campo. Le duele la soledad, el desgarro por el abandono de su esposa, siete años atrás; su huida a la gran ciudad buscando el olvido.
-¿Me dejaría un lugarcito en la soga?, preguntó el muchacho aquel día con mucho
respeto, a poco de llegar, sin conocer las costumbres de la casa cuando, al subir a la terraza, encuentra el soguerío repleto y a la muchacha colgando ropas desde un gran fuentón plástico.
-No. Esta soga no es de la pensión. Esta la compre yo, para colgar todo lo que lavo.
Por eso la saco y la coloco otra vez, solo cuando la necesito ¿Entiende?, contestó la chica
con dureza.
-E-es solo una camisa y un calzoncillo.
-¡Cómprese usted también una soguita!, terminó de colgar sin dejarle sitio y se fue.
Mientras que los conventillos los habitan familias, las pensiones son para hombres
y mujeres solos que duran poco tiempo en ellos. Antonio empieza, poco a poco a conocer
las costumbres del lugar.
-¿Qué es eso del candadazo? Pregunta un día refiriéndose al candado colocado en la
puerta de la pieza del que no paga a tiempo el alquiler, que deja a este afuera y sin sus
pertenencias hasta que se pone al día.
-¿Tendría una papa de mas? Después compro y se la devuelvo.-consulta una noche
en que, como ha trabajado hasta tarde, no alcanzó a pasar por la verdulería.
-No. Pero…,¿te crees que soy tu hada madrina, pánfilo?-Después de años de vivir sola, la chica está mas que entrenada para evitar que la usen.
-¡Dale che, que yo también tengo que bañarme! Antonia a los gritos contra Antonio
que se demora un poco de mas en uno de los baños. El uso de los tres baños para las quince piezas es siempre un punto de conflicto, así como las seis hornallas, no hay horno, en el horario de la comida.
-Antonia, ¿me podes guardar esto hasta mañana en tu heladera?
-Esperá. Me fijo a ver si me queda lugar, porque José también me encajó una fuente.
Al final, yo pago más caro el alquiler para tener esta heladera y me la usa medio mundo.
-¡Ufa, che! Yo nunca te pido nada, que joder.
-¡Si, si, tomátelas.!¡Y limpiá bien tu pieza que está llena de cucarachas y se pasan a la mía!
-¡A ver, todos! ¡Inspección policial! Apenas termina el encargado de avisar, cuando una decena de policías fuertemente armados irrumpe atropelladamente por los pasillos y entra en cada una de las piezas, los baños, la cocina, la habitación del encargado y también en el cuartito que guarda los elementos de limpieza buscando…¿armas, libros prohibidos, panfletos subversivos?. Bueno…todo eso. Cuando ya habían pasado por su pieza y luego de pedir autorización, Antonia sale con una pila de ropa recién planchada para repartir.
Subiendo la escalera, ve en el pasillo del primer piso a Antonio con la cara descompuesta y un pequeño paquete en sus manos, mirando preocupado a uno y a otro lado por donde entra y sale la policía de una a otra pieza. Al acercársele el muchacho, Antonia puede ver, por una rotura del paquete, un impreso con una Pe y dos fusiles cruzados abajo formando una ve corta. . No dudó. Sabía que si lo encontraban con eso su futuro sería, al menos, complicado. Lo miró a los ojos.
Con una seña muda le hizo poner el paquete entre la ropa que trasportaba y se metió en una de las habitaciones por donde ya había pasado la requisa, confiando en poder descargar el paquete de impresos. Un vozarrón la detuvo.
-¿A dónde va? ¡Venga para acá!
-Estoy repartiendo la ropa que terminé de lavar y planchar, oficial. Como ya pasaron
por mi pieza, el responsable de abajo me autorizo a traerla.
-¡Que responsable ni ocho cuartos! Vuélvase a su pieza y se queda ahí hasta que nos
vayamos, ¿entendió? A ver, Rodriguez. Ayúdele con ese montón de ropa a la señora. Que
le debe pesar bastante ¿no?
Antonio, que mira de lejos la acción, comienza a traspirar. Antonia, con una frialdad
increíble, pone en brazos del agente la pila con los impresos convenientemente ocultos, da
media vuelta y comienza a bajar la escalera.
Hora y media después, luego de que se fuera el comando policial de la pensión, el
muchacho golpea a la puerta de la chica. Ella aún tiembla cuando le abre.
-Pasá, le dice.- Ya que arriesgué mi tranquilidad por esto, me vas a contar de que se
trata.
Fue la primera vez en años de vivir en pensiones, que un hombre estuvo a solas con
ella en su cuarto. El mate fue testigo de todo lo que hablaron. Hablaron de la dictadura.
Hablaron de la gente sin trabajo. Hablaron de los mártires de Trelew. Hablaron…
hablaron…
Antonio la invitó a una manifestación. Allí estuvieron juntos repartiendo volantes, cantando contra los militares, denunciando la entrega del país que ellos mismos habían ayudado a nacer y ahora vendían, corriendo cuando comenzó la represión. Después fueron a otra y más tarde a otra y a otra más. Estuvieron juntos también en la Plaza de Mayo cuando asumió Hector Campora su presidencia. Creció entre ellos el respeto mutuo por la entrega y la decencia moral de ambos. Y poco después, algo especial comenzó a brillar en sus ojos, a latir en sus corazones.
-Pasado mañana regresa Perón al país. Vamos al puente doce a recibirlo-se decidió
en una reunión del grupo que los contaba a ambos en sus filas.
-Pasado mañana no, porque vamos a terminar muy cansados. Pero al día siguiente
quiero que vayamos al cine, vos y yo, le dijo Antonio al oído.
-¿Qué, es una cita?-contesto ella con una amplia sonrisa
-Si.
El 20 de Junio amaneció como un día normal. Pero no lo era.
-¡Mirá, mirá la cantidad de gente que va para allá!¡Nunca vi tanta gente reunida para
ver a un político!-se maravillaba la muchacha
-¡Perón, Perón, que grande sos…! La marcha peronista se cantaba de un grupo a
otro, de un colectivo a otro, en las estaciones de trenes, en los subtes, en todas partes.
-Es que…¿sabés?- contaba el muchacho,-¡hoy recuperamos la esperanza de tener un
país mejor! Fijate en la sonrisa de la gente. ¡Son dieciocho años esperando!,¿entendés?
¡Cuanto lloró mi vieja por la muerte de Eva! Y la bronca cuando lo echaron, los cientos de
muertos en la Plaza de Mayo .
Enormes multitudes llegadas de todas partes se dirigían a escuchar al líder a Puente 12.
Se hablaba de cientos de miles, de un millón, de varios millones. Los que salieron más
temprano, para ocupar lugares, se fueron acomodando. Los demás, quedaron atrás. De
pronto, disparos. Todo un sector de la enorme manifestación se echó cuerpo a tierra. Del
palco salían disparos. De los arboles les contestaban. En las ambulancias de Bienestar
Social eran trasportados grupos paramilitares armados que también disparaban. Caos.
Muerte.
-¡Ay!-grito Antonio alcanzado por una bala en su cabeza un segundo antes de tirarse
al suelo. Cayo inerte en brazos de Antonia, bañando con su sangre la blusa blanca con
bordados que la muchacha estrenara este dia .
-¡Nooo!.gritó ella abrazándolo y besándolo.-¡Noooo!…
No fueron ellos los únicos para los que la esperanza quedo trunca ese día.
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]]>Comentan algo bajito, para ellos. Ahora, papá se levanta, le devuelve el mate, le besa las mejillas, toma su guitarra y empieza a tocar. ¿Era esta misma pieza? Si, la misma. ¡Qué bonita y…¡qué bien tocaba papá! Papá…>>
-¡Abuelo, ¿Qué tenés, que te pasa, por qué llorás?¡Abuelo!
-¿Eh?…ah…s-si, no, naada, nada, Lucía. N-nada. Pero, ¿Por qué a-
apagaste el cidi?
-Estaba muy alto y no te escuchaba. ¿Qué te pasa, tenés frío? ¿Querés que te acerque la silla a la ventana? Mirá que lindo solcito que entra y que linda esta la Plaza Colombia. Tomá este pañuelo y secate las lágrimas.
-Gracias, t-tesoro. ¡A-aatchisss!
-¿Viste? ¡Te pescaste un resfrío! Te traigo un tecito y una manta para abrigar las piernas. Tenés que cuidarte abuelo. En pocos días cumplís cien años. ¡Hay que festejarlos!
-¿Te gustó el te? ¿Estás mejor ahora? ¿Qué te pasó? ¿Por qué llorabas?
-E-esta melodía que escuchaba, A-asturias, la tocaba en su guitarra mi p-papá, Ramiro, tu bi-sabuelo.
-¡Ah, mirá! No sabía que el bisabuelo tocaba la guitarra.
-Si-…n-no. Es quee…t-te cuento.
<<…lo veo ahora, alto, fuerte… justo. El seño fruncido, los bigotes y la ropa oscuros, el sombrero y los botines gastados. Esa tarde cuchicheaban con mamá algo acerca del taller, mejores sueldos, ocho horas de trabajo.
–Cuidate Ramiro- le dijo mamá. El tomó su guitarra y comenzó con… si, con Capricho Arabe, que ella le pedía siempre. Continuó con Recuerdos de la Alhambra y por fin, su preferida:
-¡Ta,ta,ta,taaa, escucha Josecito!, -y su rostro se encendió en una sonrisa que le hizo subir y bajar el bigotón, brillar los ojos marrones y dejó al descubierto sus dientes grandes, algo manchados de nicotina, mientras yo, en el regazo de mamá, escuchaba quietecito al conjuro del sonido de su instrumento.
-Escucha Josecito, este es el tañido de las campanas de la iglesia de mi pueblo, -dijo al comenzar el Andante ma non troppo y, mientras las notas graves llamaban a misa encendiendo la fe en la pieza humilde, uno tras otro los vecinos del conventillo se fueron acercando.-
¿Escuchas? Es el tintineo del agua en las acequias de mi valle,-contaba en tanto que sus ágiles dedos acariciaban las cuerdas y la habitación se convierte, ahora, en una fraccion de la tierra Española.
-Escucha Josecito: esto es un rayo enviado por la tormenta que se abatirá sobre mi aldea, -se exaltaba al tiempo que sus dedos rasgaban con firmeza las cuerdas.
-¿Lo ves, Josecito, ves ahora como la lluvia se derrama mojando tejados, graneros, acequias y también a la gente, que sigue aún agachada sobre los campos para extraerle sus frutos?,- dijo, llegando poco a poco al final de la primera parte.
-Escucha, escucha. Aquí es el descanso obligado por la lluvia. Campo y gente, que han recibido la bendición del agua, se preparan para continuar, ¿lo ves?;…Y aquí… ¡Mira, mira!,- dijo mientras la melodía que brotaba de su instrumento crecía en intensidad, -el sol está saliendo una vez más, regalándonos su luz y su calor. ¿Lo puedes sentir?
Y esto, Josecito,- continuó llegando al Quasi Andante final,-esto es el merecido descanso de la gente buena, trabajadora, que ha dejado su vida en el surco>>
-E-es que mi papa, además de la g-guitarra, había traído de España sus ideas libertarias: e-era anarquista. Trabajaba, como muchos, en un lavadero de l-lana que los Vasena t-tenían aquí, en Barracas y c-comenzaron una huelga p-pero, a poco andar, e-estalló la represión i-indiscriminada de la policía. Hasta al ejército ll-llamaron a actuar. Hubo m-muertos. Muchos. E entonces, tirotearon desde una i-glesia a una enorme columna de t-trabajadores que llevaba sus mártires a La Ch-chacarita, y al llegar al cementerio f-fueron e-emboscados y masacrados.
<<Como olvidar esa tarde. Aun sufro al recordarla.
-¡Dantesco! ¡Demoníaco! –llorabas, papá, aferrado a la cintura de mamá con los ojos cerrados tratando de no ver y los puños apretados con odio.
-¡Vi caer un camarada a mi lado, a la viuda de otro compañero mas allá, cerca de una tumba recién abierta, alcanzados por las balas. Atrás, un niño muerto y otros sangrando y todos a la carrera buscando escaparle a la balacera de los asesinos. ¡Sacramento! Vine de España buscando una tierra más fértil y unos hombres más justos. La tierra la encontré, pero… ¡los hombres siguen siendo unos miserables, tanto allá como aquí!>>
-… y p-por eso nunca más tocó su g-guitarra. Es q-que, sabés L-lucia,
había visto y oído tanto d-dolor que p-perdió su capacidad de e-engendrar
belleza.
-¡Que pena, abuelo! Bueno, llevo la taza a la cocina y vuelvo a hacerte
un poco de compañía, ¿Si?
-E-ehh, Lucia, poné otro poco el cidi, por f-favor.
-¡Ay, ay, ay! Otra vez llorando, abuelo. ¿qué tenés ahora?
-Es que… ¿s-sabés?, n-nunca pude aprender a t-tocar como mi papá.
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