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]]>Doblar por la calle del viento, retomar por la avenida que hace ruido en la soledad del tiempo.
Palpar el reciente otoño acaecido en la hoja del árbol que supo ser tuyo y un poco mío.
Juntar a la nube y al sol en ese rincón en el que alumbra la sombra y se hace ver la emoción.
La verdulería del barrio escogiendo aromas, seleccionando especias, escribiendo a mano en el anotador fiado.
El pasto y el invierno tensando esa relación que cuesta, pero asoma al costado de una vereda de recuerdos.
Y un párrafo aparte para las diagonales del desencuentro, que saben cruzarse, amarse, olvidarse para que este pueblo sea la alegría de caminar un sueño.
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]]>Desde José Mármol, Buenos Aires, Argentina
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]]>Desde Adrogué, Buenos Aires, Argentina
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]]>Así, de una manera parecida a saber diferenciar al viento de tu brisa.
En el bosque de los sueños encontrados, jugando a la escondida mientras los ojos no pueden con el desengaño.
En el tender que yacen las prendas del pasado, un broche desteñido sostiene que el callar es mal pensado.
Y en esta maceta repleta de tierra vieja, atisbo de flor, dos gotas de agua enamoradas, reseña de una primavera que, por querer ponerle punto final a su dolencia, apuró a un verano a encender tu presencia.
Desde Adrogué, Buenos Aires, Argentina
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]]>Es que para mi es tan familiar este lugar…
Me encuentro sentado envuelto en el hoy, pensando en mi pasado. El sabor amargo del café recién servido bien caliente, me transporta, y yo, casi sin esfuerzo acepto el viaje propuesto por mi mente, mi corazón, y mis sentidos.
Así sobrevienen mis recuerdos resilientes.
Es que las vueltas al perro en aquellos días veinteañeros se me grabaron a fuego. Entre Mitre, Esteban Adrogué, y Macías.
Cada “Esquina”perdida como la de “aquel bar” del mismo nombre que yo siempre elegía, hoy se ve transformada en un comercio languidecida. Igual que la del “Bar Central” que hoy es heladería.
Los paseos por la galería Trote y su bar del mismo nombre, en el que al Back Gammon me debatía sin dudar, o saborear alguna pizza en El Faro, o en “Don Esteban”, que era más de mi agrado.
Cada rincón me trae alguna historia entre amigos y risas. Entre birras y pizzas.
Desde tu estación, y a deshoras después de que el último tren pasara, bajar del anden en barra, para patear la vía en busca de alguna fiesta en la siguiente parada.
Es que esa entrañable juventud marcó una época de amistad a fuego grabada. Entre el viejo Cine y El Nacional, o de noche el billar cruzando la vía, en donde Mitre se hace Seguí , pasando el club que lleva su nombre, en el bar ” El Resorte”, antro si los había.
Y después ir a bailar a Pokys, Scrum, o Custom en busca de diversión, y de alguna chica.
Es que mi vida tiene un arraigo bien marcado en este barrio del cual siempre seré un nacionalizado. Él me dio a mis amigos de antes que aún conservo de aquel pasado, y los más recientes, los de fuste, últimos del listado.
En su suelo mis padres murieron y mi corazón partieron, y allí mismo en contrapartida, vi nacer a mi hija mi mayor alegría.
Por todo esto mis sentimientos afloran en cada una de sus esquinas. Es que a pesar de los años se conserva bello, me envuelve en un abrazo, me atrapa con su encanto estrechándome su mano. Mi querido Esteban Adrogué, mi cómplice de hoy y de antaño. Tu también serías mi amigo si fueras humano. Vaya que lo serías…
Desde Adrogué, Buenos Aires, Argentina
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]]>Letra “De Mármol no me quiero ir…”
Adoquines en la esquina, plaza de melancolía.
Un banquito en la vereda, mate amargo, luna llena
Los gitanos y la feria, Don Bassetti y Hugo Peña.
En la tierra más querida la gente es más que conocida.
No me vengan a insistir, yo de Mármol no me quiero ir…
Detrás del viejo Ferruccio, luce estoica la estación
Desde donde elige el sol llevarnos a Constitución.
Siempre suena una pelota, acá es victoria hasta la derrota
El pan nuestro de cada día, Mouzo al lado de la vía
No me vengan a insistir, yo de Mármol no me quiero ir…
Flor robada de un jardín, amores de un tiempo sin fin
Pibes, barro y esas vueltas interminables en bicicleta
La chanchita y el andén, Mónaco en la tapa del diario en papel
Lanzillotta, otra soda y el después.
No me vengan a insistir, yo de Mármol no me quiero ir…
Paraísos de mi vida, bolillitas de una infancia que nunca termina
Bynnon, Mitre, Amenedo, la calesita y el adiós.
Y a mitad de cuadra, el club es El Fogón, El Fogón
que nos invita, a mí, a todo el barrio y a vos.
Desde José Mármol, Buenos Aires, Argentina
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]]>Angela fue mi segunda mamá. Una fortachona entrerriana, descendiente de alemanes, que detrás de sus ojos hermosos, vidriosos, dejaba traslucir todas las emociones. Transparente, incansablemente trabajadora, ayudaba en mi casa y siempre, pero siempre tenía tiempo para jugar conmigo. A la guerra de almohadas por las mañanas, a la escondida por toda la casa, con el repasador en la cocina y hasta con la pelota en el parque. Angela era quién me defendía ante las “viejas” que venían a tocar timbre para increpar a mi madre para quejarse a viva voz de mi andar temerario con la bicicleta por las veredas de José Mármol.
Esos mediodías almorzando con mi vieja, con mi hermana Paula y con Mirtha Legrand. Y yo sólo no cambiaba de canal por amor a Angela que, en contrapartida, se reía a carcajadas de mis comentarios críticos hacia la Chiqui.
Angela era paz y ternura, hogar y tranquilidad, fuerza y honestidad. ¡Cuánto la extraño aún hoy! De esos seres que nos marcaron, acompañaron y dejaron huella profunda en nuestra vida.
Recién a mis casi treinta años cuando me fui de mi casa materna, ella, ya jubilada, extenuada, pero fiel como pocas, decidió también ponerle punto final a su labor en Sáenz Peña 660. Pocos años después dicen que murió. Yo elijo creer que la volveré a encontrar en algún lugar, allí donde reine el aroma a “caldo” inconfundible y donde el abrazo más verdadero me esté esperando, entre el tender de la ropa y el sauce llorón, cerquita del quincho de aquella casa.
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]]>La sombra despliega su talento en el taller de arte que se encuentra en el adoquín que viven tus recuerdos.
Los árboles pintando el cielo, los pájaros colaborando con el viento, las veredas soportando el fiel paso del tiempo.
El sol sacando fotos subido al viejo tanque de la estación, para que el tren tome coraje y parta a su destino y a nuestro corazón.
Las casas cobijando el sueño de sus dueños, aquí se duerme en serio, por algo somos pueblo.
Me clava la mirada el cordón, me dice algo al oído el reflejo de un amor y en la esquina de allá al fondo, entre las vías, la carbonería y tus idas y venidas, se luce Erézcano para unir los mejores barrios del mundo dónde uno pueda vivir.
Corresponsal: Nacho López, desde José Mármol/Adrogué
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