Lomas de Zamora Carta abierta - Juan Botana https://juanbotana.com/secciones/festivales/corresponsales/lomas-de-zamora-corresponsales/ Comunicación y cultura Mon, 16 Sep 2024 13:16:50 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9 https://i0.wp.com/juanbotana.com/wp-content/uploads/2025/07/cropped-ico-jb.jpg?fit=32%2C32&ssl=1 Lomas de Zamora Carta abierta - Juan Botana https://juanbotana.com/secciones/festivales/corresponsales/lomas-de-zamora-corresponsales/ 32 32 El Pozo de Banfield (a 47 años de la noche de los lápices). Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/el-pozo-de-banfield-a-47-anos-de-la-noche-de-los-lapices/ Mon, 16 Sep 2024 12:50:18 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=10153 Reducto de dolor en donde mató un traidor, de uniforme y de mente deforme que supo elegir quién vive, y quién no. El sótano de la muerte para quien cayó y no tuvo suerte, y en desaparecido luego lo convertiría. Y su cocina, como contraste que supo traer vidas de

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Reducto de dolor en donde mató un traidor, de uniforme y de mente deforme que supo elegir quién vive, y quién no.

El sótano de la muerte para quien cayó y no tuvo suerte, y en desaparecido luego lo convertiría. Y su cocina, como contraste que supo traer vidas de mujeres embarazadas que después desaparecerían, para ser criadas por otras familias amigas de algún genocida. Tanto horror y dolor solo pueden soportarse entre todos, y con la paz que da la verdad de cada niño recuperado de una vida de mentira para darle una razón para florecer, y ser quien siempre debió ser. Hoy el cielo se abrió, y amanece aquella noche de lápices y de picanas en una memoriosa mañana. Hoy la luz de la justicia al sótano llegó. Hoy hay menos horror y más razones para dejar de olvidar el crimen con las apariciones, y para sentir con claridad de verdad allá, al final de ese oscuro túnel. Hoy también siento miedo al posible futuro venidero. Porque hay un peligro latente en quienes pretenden llegar al poder porque están ligados a este pasado, y que se encarnen en un futuro tan cercano que podría ser pronto, el presente mas odiado.

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En mi Banfield querido. Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/en-mi-banfield-querido-por-mariano-bucich/ Fri, 06 Oct 2023 09:32:16 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=10160 Hay un lugar tan mío como de cada vecino, hay una vida que me brindaron sus calles. Hay en él amigos entrañables. Una infancia colorida y una juventud bien vivida. Hay una huella vívida en mi, tan sutil como el aire. Hay una profesión y un amor que creció con

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Hay un lugar tan mío como de cada vecino, hay una vida que me brindaron sus calles. Hay en él amigos entrañables. Una infancia colorida y una juventud bien vivida. Hay una huella vívida en mi, tan sutil como el aire. Hay una profesión y un amor que creció con quién conocí por allí. Hay una cancha que en mi corazón late. Hay tanto que no puedo decir en palabras pero que en mi pecho yace. Y cuándo no haya latidos me habré ido, pero descansaré en su esencia, en mi Banfield querido.

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Feliz 150 años, Banfield. Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/feliz-150-anos-banfied-por-mariano-bucich/ Sat, 02 Sep 2023 19:13:58 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=9848 Felices 150 años. Felíz cumpleeee!!!! Hay un lugar tan mío como de cada vecino, hay una vida que me brindaron sus calles. Hay en él amigos entrañables. Una infancia colorida y una juventud bien vivida. Hay una huella vívida en mi, tan sutil como el aire. Hay una profesión, y

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Felices 150 años. Felíz cumpleeee!!!!

Hay un lugar tan mío como de cada vecino, hay una vida que me brindaron sus calles. Hay en él amigos entrañables. Una infancia colorida y una juventud bien vivida. Hay una huella vívida en mi, tan sutil como el aire. Hay una profesión, y un amor que creció con quién conocí por allí. Hay una cancha que en mi corazón late. Hay tanto que no puedo decir en palabras pero que en mi pecho yace. Y cuándo no haya latidos me habré ido, pero descansaré en su esencia, en mi Banfield querido.

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La cancha. Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/la-cancha-de-banfield-por-mariano-bucich/ Fri, 28 Jul 2023 19:31:52 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=9358 Y un día, fuimos a la cancha. Si no lo habíamos hecho antes, es porque yo no soy muy fan del fútbol, ni muy valiente para estas cuestiones de padre, pero ella lo pidió. Estaba en todo su derecho de hija y de hincha . Entonces, sucedió lo que tenía

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Y un día, fuimos a la cancha.

Si no lo habíamos hecho antes, es porque yo no soy muy fan del fútbol, ni muy valiente para estas cuestiones de padre, pero ella lo pidió. Estaba en todo su derecho de hija y de hincha .

Entonces, sucedió lo que tenía que suceder para que la noche fuera inolvidable. Allí aparecieron los amigos.

Mi gran amigo Juan con sus contactos infalibles consiguiendo cuatro entradas. ¿Quién se prendió entonces?, ¡Ángeles, con sus ganas de compartir y su buena onda, y ya éramos cuatro los hinchas! .

Nos encontramos en la misma cancha, mientras el partido comenzaba.

Lulú miró a su alrededor, y se quedó obnubilada con la cancha en sí. Observando, abstraída, cada detalle. La hinchada que estaba ya a pleno canto, bombo, y pasión. Los trapos , que colgaban como siempre, y también el ambiente que se sentía algo así como entre tenso y expectante. Había miles de almas soñando lo mismo, ganar y salir del apremio. Y esa energía se veía como un halo resplandeciente, sobre el campo.

Era la primera vez que mi pequeño retoño pisaba el Florencio Sola, para sellar para siempre su pasaporte de hincha. Mientras yo, envuelto en un torbellino de emoción, sentí que mi corazón no tuvo más espacio para el amor. Ese que se forjó por los colores, de pibe en el barrio. Ese que siento por mis amigos de fierro. Pero mucho más, ese que me hizo soltar algún lagrimón, al verla a ella, tan grande, tan feliz, y desenvuelta. Como una más.

Anoche mi equipo sumó a otra hincha para asegurarse una nueva generación de corazones latiendo por sus colores.

Ella, sabiéndose el centro de atención, a los pocos minutos de estar en la cancha nos dice:- ” Hoy ganamos dos a uno”… mmm, ehhh, no!!! mejor “Dos a cero”!!!.

Ángeles le dice:- “Viste Lu!?!, vinimos nosotras!, vamos a ganar…

Yo que le digo: -Si se cumple tu pronóstico nos vamos a comer milanesas con papas fritas a “Juancito”.

Y de repente….. Goooooooooooool!!!

El primero que abre el partido para seguir soñando.

Es que nuestro querido Taladro estaba tratando de salir del fondo de la tabla. Se notaba que había actitud y garra, y hasta por momentos, esbozos de buen fútbol.

Terminó el primer tiempo, momento de algo calentito más algún chocolate para calentar un poco más el cuerpo, ya que el alma estaba encendida y ardiendo.

Y se vino el segundo tiempo. Y cantar se convirtió en algo imprescindible.Y saltar, no era algo que se pudiera evitar.

Los rivales mendocinos de buen pie, nos atacaban. El Tomba, difícil de tumbar, estaba herido pero no perdido, y de a poco iba inclinando la cancha.

Nosotros, todos los miles de presentes más nuestros once guerreros sabíamos que podríamos dar la estocada final si se nos daba una de contra.

Entonces, como para cumplir el vaticinio premonitorio de mi hija, hubo un quite a favor en mitad del campo, un rebote que “sí”, nos quedó para salir a volar de contra para que el final sea feliz, para que cada alma grite de emoción con lo que las retinas veían. Y no lo pudimos creer. Porque está vez si pudimos fundirnos en grito de gooool!!!, en un abrazo interminable, y ver en ese instante que el cielo se abría con el brillo de un presagio de amor.

Y ella, con una naturalidad de quién no sabe de sufrimientos, nos dice: Vieron!?! acerté!!! dos a cero…Nunca sentí más orgullo de padre futbolero como en ese instante que sin dudas será para mi, eterno.

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Mis tardes de verano en el potrero de la cuadra. Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/mis-tardes-de-verano-en-el-potrero-de-la-cuadra-por-mariano-bucich/ Fri, 30 Jun 2023 19:36:01 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=4809 En en arcón de los recuerdos atesoro el barrio de mi infancia. En él los veranos eran interminables. El fulbito del potrero de al lado de casa era sagrado, el campito se “achicaba” porque los cardos crecían y solo resistía el óvalo por dónde jugaba el piberío. Si la pelota

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En en arcón de los recuerdos atesoro el barrio de mi infancia. En él los veranos eran interminables. El fulbito del potrero de al lado de casa era sagrado, el campito se “achicaba” porque los cardos crecían y solo resistía el óvalo por dónde jugaba el piberío. Si la pelota caía fuera de él, estábamos en problemas. Meterse en ese impenetrable cardal era para valientes, pero como el ansia de patear podía más, nos metíamos todos.

Era ahí cuando aparecía la ojota perdida del día anterior, así como tantos objetos estrafalarios, ya que al potrero de la canchita lo cruzaba un sendero que la gente usaba para cortar camino y de pasada, los arrojaban.

Detrás de este había otro mas grande que estaba repleto de escombro. Moles de piedra gigantezcas como montañas fruto del descarte de la reparación de las calles, eran para nuestra lúdica edad ,el escenario perfecto para mil juegos. Entre ellos jugábamos a “Combate” en réplica de la serie de la segunda guerra de aquellos tiempos. Con gomeras de horqueta, piedras, y los rifles de gomera, nos enfrentábamos en dos bandos. El ganador era quien llegaba y lograba defender “la gran montaña” que estaba en el centro con una “cueva” que quedó formada por un trozo gigante de hormigón levantado de alguna calle bacheada, y que aún conservaba el cordón. Para hacer mas épico el juego haciamos emboscadas, trampas con pozos a los que les clavávamos estacas de madera con punta y las cubríamos de hojas, claro que además, para que los enemigos trastabillen y caigan, cruzábamos alambres de los que conforman el acero de las cubiertas radiales que , para obtenerlo las quemábamos, generando cortinas de humo espeso que de paso servían para desconcertar al enemigo. No habia tarde en la que alguno no quedara lesionado por algún proyectil o trampa! Luego , en la gran montaña acampábamos y tomábamos café hecho en una lata en un fogón , tostábamos pan ensartado en un alambre, y fumábamos cardo seco.

Eran tardes increíbles en compañia de amigos que quedaron marcadas a fuego en el corazón, y que además dejaron otras en la cabeza con hilos de sutura y jabón.

Corresponsal: Mariano Bucich, desde Remedios de Escalda, Buenos Aires, Argentina

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El fusca de Coco. Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/el-fusca-de-coco-por-mariano-bucich/ Fri, 30 Jun 2023 13:53:58 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=4915 Estacionado sobre la margen del cordón de la vereda lo veo brillante mientras me acerco en mi bicicleta. Ahí en la puerta del edificio de los cuatroveinte en donde vivía Ezequiel. Era el Volkswagen de Jorge Horacio Evangelista, alias “Coco”, el papá de mi amigo. A Coco le encantaba ir

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Estacionado sobre la margen del cordón de la vereda lo veo brillante mientras me acerco en mi bicicleta. Ahí en la puerta del edificio de los cuatroveinte en donde vivía Ezequiel.

Era el Volkswagen de Jorge Horacio Evangelista, alias “Coco”, el papá de mi amigo.

A Coco le encantaba ir de pesca y a nosotros ir con él. Coco era sinónimo de aventura asegurada, poseedor de historias de pesca reales o no tanto, pero que de seguro y como todo pescador que se digne de serlo; ¡Eran exageradas!

Podían ser reales o no, pero siempre eran “Divertidas”

Al principio, lo que Coco nos decía, lo creíamos sin ponerlo en duda . Pero con el paso del tiempo, y el de sus historias de pescador narradas en algunos viajes, aprendimos a verlas un tanto exageradas como ( por ejemplo) cuando el tamaño de un dientudo que pescó superaba al mayor de los ¡pejerreyes!, Asi empezamos a cuestionarnos su credibilidad…

Si nos decía que había pescado cien pejerreyes, traía veinticinco. “¡Los otros los devolví!”, porque no daban la medida. Decía.

Las salidas se empezaban a organizar unos días antes, y cuanto menos quedaba por preparar, mas ansiedad por partir teníamos.

Jorge era fanático de la marca Volkswagen. Tenía y se vanagloriaba de su “Fusca,” el escarabajo Alemán al que en varios viajes estivales a Brasil fue poniendo como nuevo. “Este coche es increíble” nos decia; “si hasta es ANFIBIO”.

Una vez salimos en el escarabajo hacia General Belgrano para pescar en la orilla del río Salado .

Coco iba al volante , Ezequiel de acompañante y Cristián y yo, atrás.

A poco de llegar a destino se desató una tormenta infernal. Un aguacero de tal magnitud que obligó a Coco a reducir al mínimo la velocidad del vehículo.

Así llegamos al puente de hierro del río, y la lluvia desapareció tan rápido como había aparecido.

El claro de costa elegido para el acampe se veía seco y libre, pero para llegar a él había que descender por el terraplén del puente, por un sendero hecho por las huellas de los autos, y cruzar un charco de poco mas de veinte metros de largo.

Al fusca le había llegado la hora de cruzar un vado, y a Coco la de convertirse el nuestro héroe.

Descendimos la huella y ya notábamos lo blando del suelo en los continuos derrapes de las ruedas al traccionar, sus patinadas…así nos fuimos acercando al charco.

Ya con el coche frenado en el borde del agua, con la mirada fija , con las manos firmes sobre el volante y el acelerador haciendo bramar al motor boxer, Coco se alistó para el cruce.

Fue entonces cuando Cristián rompe el silencio y le pregunta; ¿Coco? ¿ Cruzaremos ?

La pregunta fue como un dardo en el medio del blanco de su pecho agitado. Sin dudarlo y con un la confianza y seguridad intacta en su máquina nos dice…

” ¿Cómo se atreven a dudarlo? Este vehículo fue creado para cruzar el desierto del Sahara y los lagos congelados del norte de Alemania, y todo fue calculado en él. Está probado que supera cualquier obstáculo y “les aseguro que es completamente estanco”. Él es ANFIBIO.

Sin más aceleró el bólido directo al agua. El coche parecía cruzar sin problemas hasta que perdiendo inercia empezó a bajar la velocidad y la línea de flotación. Tanto bajó que el motor se ahogó.

El agua comenzó a filtrarse por los pedales del conductor y por debajo de las puertas.

Coco estaba pálido y nosotros mudos como el motor.

¿Y ahora que hacemos? Le preguntó Eze a su padre:. Bajar y empujar… dijo resignado.

Al abrir las puertas se terminó de inundar y entre barro y risas contenidas, comenzamos a empujar.

Lo que de entrada parecía terrible fue divertidísimo al extremo de querer que el charco nunca termine. Pero terminó y logramos sacarlo.

Lo que nunca terminó fue la alegría por la aventura…

Jorge nos dijo reflexivo. “Ahora lo entiendo… desde que lo desarmaron para repintarlo, el coche ya no es estanco como yo creía”…

Nadie se animó a reirse hasta que el propio Coco estalló en risas, invitándonos a reir a pata suelta llenos de complicidad. ¡Qué lindo ir de pesca con amigos!

Así da gusto compartir la aventura, atesorando historias para toda la vida como la del glorioso “Escarabajo:, que aunque no fuera estanco como decía Coco;

¡Nos llevó y nos trajo!.

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El tenis callejero. Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/el-tenis-callejero-por-mariano-bucich/ Fri, 30 Jun 2023 13:45:40 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=4919 Una imagen que persiste en mi recuerdo infantil es el tenis callejero. En mi cuadra se había asfaltado la calle, era el año mil nueve ochenta y dos. Desde ese momento mi cuadra era el lugar elegido por todos para jugar a cuanto deporte o lo que fuera en la

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Una imagen que persiste en mi recuerdo infantil es el tenis callejero. En mi cuadra se había asfaltado la calle, era el año mil nueve ochenta y dos. Desde ese momento mi cuadra era el lugar elegido por todos para jugar a cuanto deporte o lo que fuera en la calle ya que era casi una cortada. La calle moría en una ” avenida ” de tierra. Por ende nadie la transitaba en auto. Solo los vecinos de la cuadra. Así es que era zona de patín, de carrera de carritos a rulemanes, cancha de voley, de fulbito cuando el potrero estaba embarrado, y por supuesto , de tenis!.

Yo era fan de Guillermo Vilas, así que con una vincha improvisada y mi Slazenger de madera me batía a duelos con mis amigos intentando la ” gran Willy “. Cada uno con su ídolo apropiado, y rivales entre sí, éramos la elite del circuito.

Sólo teníamos un par de viejas “Lincoln” blancas descartadas por mi papá y mi tío. La red la habíamos fabricado con bolsas de cebollas, esas que eran de color naranja, palos enterrados a los costados de los cordones y un alambre en una punta para soltar y dejar caer la red en caso de ser interrumpidos cada tanto por algún vehículo.

La cancha la marcaban las líneas de brea y de costado, los cordones.

Una vez, durante uno de los épicos partidos disputados contra mi archi rival Héctor (Bjorn Borg) corté la cuerda del encordado de mi Slazenger. Él me dijo. Te das por vencido? Nunca! Dije. Pido trainer!. Dame cinco minutos… Está bien, dijo, seguro de su triunfo.

De inmediato entré al garage de casa. Fui derecho a las herramientas de mi papá y tomé una pinza y una tijera fuerte de esas que usan los sastres. Puse la raqueta en la vieja “morsa” envolviendo el mango con trapo y solté una vuelta de cuerda. La estiré con la pinza, anudé y corté el exedente… listo!!! Ya estaba en condiciones de seguir.

No recuerdo quien ganó el partido pero nunca me voy a olvidar de la cara de Héctor (Borg) al ver mi raqueta, ni de la cantidad de partidos disputados con mi vieja Slazenger de madera.

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El ingenio de mi padre. Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/el-ingenio-de-mi-padre-por-mariano-bucich/ Tue, 13 Jun 2023 18:07:05 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=4750 Una noche al llegar a casa con mi padre, y después de pasar la tarde jugando con mi amigo Sebastian Martinez en su cuarto por horas con sus autitos de colección, le dije …. -¡Papá,! ¡Sebas tiene una estación de servicio para los cochecitos de colección, está buenísimaaa!!! Mi papá

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Una noche al llegar a casa con mi padre, y después de pasar la tarde jugando con mi amigo Sebastian Martinez en su cuarto por horas con sus autitos de colección, le dije ….

-¡Papá,! ¡Sebas tiene una estación de servicio para los cochecitos de colección, está buenísimaaa!!!

Mi papá me oyó mientras me miraba con esos ojos buenos, en silencio. Yo que era un pibe de no mas de diez años me quedé como él, sin hablar. Fue cuando noté en su mirada frustración. De inmediato me dijo lo que ningún padre querría decirle jamás a un hijo.

-” Marianito, me encantaría poder comprarte una estación de servicio como la de tu amigo pero este mes no puedo gastar en nada mas, no tengo dinero”.

Después de esto no pronunció palabra alguna, y se perdió tras su libro.

Mi padre trabajaba mucho, se iba temprano y regresaba a la tarde, o a veces, a la noche. Se esforzaba por darnos todo lo material que necesitábamos, tanto a mi hermana como a mi, pero lo cierto es que, en lo económico no tenía mucho resto.

Volviendo a la estación, yo ya me había resignado a no tenerla nunca.

Pero mi padre era un tipo muy hábil con sus manos y creativo con su mente. Él reparaba todo, hacía inventos para resolver cada necesidad con lo que tenía al alcance de la mano, y además lo hacía con una paciencia y prolijidad envidiable. Yo lo veía trabajar y lo admiraba profundamente.

Después de aquella charla mi padre no volvió a tocar el tema, pero yo podía ver en su rostro la necesidad de resolverlo.

Al principio no me di cuenta, pero luego intuí que tramaba algo. De pronto, comenzó a encerrarse en su taller, todas las noches después de cenar, un rato.

Esta rutina se repitió por un par de meses hasta que algo sucedió después de una cena: me miró con cara de felicidad, diciéndome: – ” Hijo, hay algo en tu cuarto que quiero que veas, ¿vamos?

Y allá fuimos….

La puerta de mi cuarto estaba sospechosamente cerrada y su rostro sensiblemente feliz: – ¡Abrí !!!. (Continuó ya ansioso).

Yo, entonces, obedientemente lo hice.

Sobre mi cama había una caja envuelta en papel madera, lo miré nuevamente y sin dudarlo me imploró: – ¡abrilo hijo! ¿Qué esperás???

Al oírlo reaccioné y corrí hacía la cama, tome la caja y rompí el papel…

¡Wow!!! ¡ No podía creer lo que mis ojos veían! mientras la saqué de la caja.

Era una “estación de servicio increíble”, única, y casera . Con muchos detalles que la hacían bellísima. El salón de la cafetería etaba hecho con una vieja caja de madera terciada en la que había venido embalado un whisky. Tenía las ventanas y las puertas caladas con aberturas móviles a donde yo luego metería los muñequitos del chocolatín Jack. El techo de la playa, y el piso , también estaban hechos de terciado, así como la rampa de acceso al primer piso. Con un elevador, fosa, e isla con dos surtidores.

Éstos estaban hechos con unos componentes que mi padre utilizaba en el armado de plaquetas electrónicas para una empresa y a pedido, como segundo empleo en sus pocos ratos libres. ¡Se veían casi idénticos a los reales!. Recuerdo que las mangueras de los mismos estaban hechas con fundas de cables eléctricos y hasta se podía despachar el combustible. Era sorprendente lo similares que eran a los surtidores de aquella época…

Todo estaba hecho con un máximo nivel de detalle. Pintado prolijamente, y hasta había calcos publicitarios en las paredes y un cartel de “YPF” que habían venido en un auto “duravit”.

¡ Yo era tan feliz!!! Y él más que yo, al verme jugar sabiendo que sin dinero pero con su esfuerzo me pudo dar esta estación tan anhelada. Él sintió entonces, que había cumplido conmigo. Y yo; ¡Hasta creí que mi papá todo lo podía! Luego aprendí que no, pero que todo lo que él hacía era quererme, tanto como para superarse y ser el padre que me dio todo de otro modo. No con dinero, sino con el amor de su gran corazón.

Porque eso era más valioso que cualquier cosa. Porque eso, no tenía precio.

Corresponsal: Mariano Bucich, desde Remedios de Escalada, Buenos Aires, Argentina

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Paseando por Banfield. Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/edward-banfield-por-mariano-bucich/ Sat, 03 Jun 2023 11:49:26 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=5544 Hoy te visité Edward, siempre hacés que vuelva. Caminamos juntos un rato y te vestiste de gala como antaño, como ese lord que supiste ser y aún lo seguis siendo. Bien inglés. Porque aunque te hieran con torres con murales descomunales sin sentido, yo te sigo sintiendo en ese cartel

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Hoy te visité Edward, siempre hacés que vuelva. Caminamos juntos un rato y te vestiste de gala como antaño, como ese lord que supiste ser y aún lo seguis siendo. Bien inglés.

Porque aunque te hieran con torres con murales descomunales sin sentido, yo te sigo sintiendo en ese cartel de pastillas Renomé de cuando era chico. Te añoro, y ahí, te encuentro tan mio.

Es en lo pequeño, en tus historias y rincones en donde radica tu magia de adoquines, árboles, y caserones.

En este estilo tan tuyo que está entre el este y el oeste, en donde camino hasta perderme. En la paz de Alvear y su charme, o por Maipú y su trajín, dejavú de historias vividas y grabadas en mi, o que como fantasmas, flotan por tu aire.

Porque si le sirve a alguien . Mi alma está aqui, siempre con Banfield. Fiel a alguien como vos que me vio crecer. Sintiendo que tenés mucho que ver en cada pedazo de mi ser. Porque vos sabés, viva a donde viva, soy tuyo, y “siempre lo seré”.

Desde Banfield, Buenos Aires, Argentina

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Domingos de antaño. Por Mariano Bucich https://juanbotana.com/domingos-de-antano-por-mariano-bucich/ Thu, 01 Jun 2023 17:32:51 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=5353 A veces extraño, aquellos años. Era más lindo cuando compartíamos tanto. El barrio, sus calles tranquilas, mi casa, el silencio de los mediodías, las chicharras en las siestas, las tardes llenas de pájaros, y en las noches las luciérnagas… La familia. Los domingos a la mañana despertar con la música

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A veces extraño, aquellos años.

Era más lindo cuando compartíamos tanto.

El barrio, sus calles tranquilas, mi casa, el silencio de los mediodías, las chicharras en las siestas, las tardes llenas de pájaros, y en las noches las luciérnagas… La familia.

Los domingos a la mañana despertar con la música de mi padre, oír a lo lejos el típico sonido del Citroën de mis abuelos acercarse y a los perros con sus ladridos, felices por su visita, también porque sabían que en una bolsa de tela con dos argollas como manijas, el pan venía.

La casa y el desayuno, con ese aroma a café recién hecho. El café con leche con tortas negras que me traía mi abuela hasta la cama, mientras abría la persiana, inundando el cuarto con su luz, más que el mismo sol al entrar por la ventana.

O con mi abuelo arreglando el parque, entre el verde del césped y su olor a recién cortado, y el de las plantas de los canteros repletos de flores, por estas perfumados. Y la “tierra fresca” luego de removerla, sacando los yuyos de abajo de las piedras, volviéndose así, esponjosa y negra. Podábamos la enredadera, así como también al limonero, entre sus espinas, con cuidado y esmero.

Luego de tanto esfuerzo armar la leña en la parrilla, encender el fuego, y con las brasas cocinar la carne para el almuerzo.

Luego, en la sobremesa, jugar con mi hermana, a las cartas o al estanciero.

Y después la siesta. Recuerdo en ella y desde mi cama ver los reflejos en la pared de la luz que entraba por las endijas de la ventana. Con miedo, porque en ellas y con mi imaginación en la mirada se transformaban en ogros y fantasmas que me quitaban el sueño.

O con mi viejo me veo haciendo algún invento en el taller, excusa para compartir con las manos y el corazón, aquellos encuentros entre martillo, clavos, y sueños, devenidos en ansiados proyectos.

O con mi madre enhebrar una aguja para coser algún sueño.

O en la cocina preparar bizcochuelo, para acompañar los mates de la merienda de la tarde.

A veces venían, mi tío en su Fiat junto a mi tía y mis dos primos a pasar el día. Cada tanto traían dulce de batata que devorábamos directo de la lata.

Es que en esos domingos estábamos todos, y la vida era disfrutar sin que faltara nadie.

Hoy, al volver sobre mis recuerdos no puedo evitar pensar en la nostalgia que siento, que me invade, ya que es algo irremediable, en estos tiempos longevos.

Pero la vida que es sabia por vieja, me dio una hija y dos sobrinos, ellos me dan la alegría y el equilibrio, que todo lo compensa a puro cariño.

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