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]]>Con una impresionante escenografía como marco, el dj, compositor y productor de 24 años montó una performance atípica aún para la escena a la que pertenece.
No fue un recital, tampoco un DJ set. La denominación que mejor le sienta a lo que presentó Bizarrap en la noche del jueves, en el Hipódromo de Palermo, es la de show. ¿Performance quizá? ¿Live set? En la previa del evento, mientras el público ingresaba, alguien destacó el perfil marketinero del músico y productor. Digamos que hay que tener mucha pasta de entrepreneur para salir en la revista Forbes, la biblia de los negocios. Y el de Ramos Mejía apareció ahí en 2022, convirtiéndose en el primer artista latinoamericano de su generación en hacerlo. No le sucedió ni a Bad Bunny ni a Rosalía: le pasó a él. El año anterior, el conductor estadounidense James Corden lo entrevistó. Pero no lo hizo para su late night, sino para el encuentro empresarial Converge, organizado por la empresa Globant. De la tertulia, destacó una afirmación del álter ego de Gonzalo Conde: “Me reinventé”.
Una vez adentro del predio, lo primero que se percibía era la sensación de kermese y también de novedad. Detrás de la luminosa cadena de puestos de fast food, se erigía una especie de domo. A medida que se recorría, bien fuera por un extremo u otro, la estructura tomaba forma de plaza de toros. Al menos en las últimas décadas, no se vio nada así en Buenos Aires. En tanto el público se ubicaba en el campo, bajo el cielo abierto, detrás de ellos se alzaban varios módulos con un poco más de gente. Y enfrente de todos se encontraba el escenario. Cuando la luz brillaba, se distinguía el lugar que iba a ocupar el artista en la inmensa estructura. Parecía esas torres puntiagudas de la última planta de los rascacielos arte decó, como la del Edificio Chrysler. Sostenida en los costados por dos pantallas en las que se proyectaba merchandising relacionado a Biza.
En el medio de la tanda publicitaria, y justo cuando el viento gélido arreciaba desde la Costanera, llamó la atención una advertencia que sugería tener cuidado con los efectos que podía provocar la iluminación del show. De pronto, Bizarrap se subió a su nave, y el cohete 360 se encendió en su totalidad. Entonces deslumbraron las pantallas verticales apostadas a lo largo y ancho de ese coliseo cuya preparación, según contó la producción del show, llevó ocho meses. Es curioso: a pesar de su popularidad, que tuvo un alcance mundial a comienzos de este año con la sesión que protagonizó con Shakira, Bizarrap nunca había tenido una actuación propia ante el público local. Siempre lo hizo en el marco de algún festival. Por ejemplo, ya se había presentado ahí, en el Hipódromo de Palermo. Aunque como parte de la grilla del Buenos Aires Trap.
La última vez que Bizarrap se presentó en Buenos Aires o sus alrededores fue el año pasado, cuando cerró una de las noches del festival Lollapalooza. Para quien nunca vio su accionar en vivo, se trató de un justo muestreo de la manera como encara su performance. Si bien comenzó siendo un referente de la música urbana, a partir de sus BZRP Music Sessions, sus sets empezaron a empujar al trap y al rap hacia la música electrónica orientada a la pista de baile. Al mejor estilo de la escena EDM. Por eso su aparición en el set de Skrillex en el último LollaAR, fue más que significativa. Y es que era una suerte de bendición de uno de los tótems de ese movimiento, amén de gran influencia del nacido en 1998. Días antes de que Holanda se convirtiera en verdugo de la Argentina en el Mundial de Francia. Toda una paradoja de la ecuación, si se piensa en Qatar en términos de álgebra.
Luego de que un haz de luz verde girara en torno a todas las pantallas, como traccionada por una moto moviéndose de forma centrífuga, Bizarrap disparó la sesión que hizo junto a Nathy Peluso. Si hay un rasgo que atraviesa a su joven obra es que instaló el hecho artístico por sobre la tradicional manera de comprender la música. Entonces, en vez de títulos de canciones, hay número de sesiones. La de Peluso fue la 36, secundada por la 38, a cargo de L-Gante. La del boricua Eladio Carrión es la 40, mientras que la dl dominicano Chucky 73 es la 43 y la del chileno Polimá Westcoast es la 12. Así avanzó la hora y media de show, pero sin respetar el orden en que salieron a circular las sesiones en redes sociales. También fueron surgiendo en forma de mash up (mechando un pedazo de cada tema con otro), sin aferrarse necesariamente a la estética sonora original.
Pasada la media hora de presentación, la dinámica que el artista y su equipo de trabajo propusieron no se parecía ni siquiera a la de los festivales de música electrónica que se hacían acá. Puede que haya estado más cerca de una Tomorrowland, festival belga de música electrónica que se distingue por una decoración y puesta que simula mundos de magia y fantasía. En este caso, en el universo de Bizarrap hay robots bailando, castillos que se transforman en algo parecido a un iglú, humo que toma forma humana y seres nocturnos. Al momento de desenvainar la sesión junto a Residente, saltan imágenes circenses frikis al calor del flow: “Esto lo hago pa’ divertirme
Pa’ divertirme, pa’ divertirme”, versa el otrora Calle 13. Cada escena fue creada en torno al imaginario o la letra de los temas. O al menos están inspiradas en ellas.
En medio de toda esa catarata de números, sesiones, luces e imaginarios en los que también cabe Lionel Messi (hubo un tramo dedicado a él) en versión 3D, irrumpió el convidado de la jornada: Duki. Juntos hicieron el tema parido en la sesión 50, y sumaron uno más, pero esta vez del artista invitado: “Givenchy”, lo que decantó en una declaración pública de admiración. Fue uno de los pocos pasajes en los que habló Bizarrap. Y cuando lo hacía, no tenía el mismo poder de su música. No es un arengador nato, y él lo sabe. De hecho, lo confesó en la última parte del evento: “No sé si saben que éste es mi primer show propio. No me salen las palabras, no soy expresivo”. Y le agradeció a esa masa de gente que agotó no sólo esa función, sino también la del viernes y la del sábado. Ahí soltó su hit con Shakira, y más tarde el del rapero Quevedo, con el que logró la consagración. La primera de tantas.
Fuente: Página 12
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SHAKIRA FACTURA YA NO LLORA. LA POLÉMICA POR EL TEMA DEL VERANO
Con las lágrimas a otro lado
Shakira factura y ya no llora, o hace las dos cosas al mismo tiempo, pero lo que es seguro es que transformar el dolor de una ruptura en un tema musical es la operación más conocida del arte y nadie osó cuestionarla en el pasado. Pero la cantante colombiana es muy poderosa y referentes feministas de distintas procedencias ideológicas sintieron la necesidad de decir algo sobre el tema.
“Shakira se refugia en sus hijos tras confirmarse el nuevo amor de Piqué”; titulaba la prensa española mientras la colombiana hacía el duelo de su vínculo de más de diez años con el futbolista catalán, con quien comparte la tenencia de dos niños. En ese momento, él posaba para la revista ¡HOLA! junto a su novia de 22 años y empleada de su empresa, Kosmos, durante una “romántica escapada” a París. “La pareja afianza su relación organizando cada vez más planes sin esconderse, a la luz del día y con la mayor naturalidad”, aseguraron acerca de ese viaje de “absoluta desconexión que, a buen seguro, ha ayudado al central culé a evadirse de los muchos problemas a los que tiene que hacer frente en su proceso de separación de Shakira”.
Ella, toda rubia y espléndida, con una campera de cuero y gafas de sol cool, pasea sobre un monopatín verde flúo. Él la acompaña a su lado, sonriente a más no poder, con una bandana en la cabeza: un estilo que esta publicación calificó como “un look peculiar”. Una postal de glamour que contrasta con cómo la imagen Shakira era explotada, en ese momento, por los papparazzis que la acechaban atrincherados en su casa. “A juzgar por las fotografías, Shakira se deja ver con un semblante triste y cansado, ya que en las últimas semanas no solo ha tenido que lidiar con su separación…” sostenían las revistas de chimentos para describir esas escenas. A ella se la mostraba siempre angustiada, con el pelo revuelto, cansada y “buscando asilo” en donde se espera que lo hagan las mujeres dejadas por “una más joven”: en la familia.
“Así fue la burla de Piqué a Shakira”: durante este último año, las revistas, diarios y portales digitales de todo el mundo no se ahorraron humillaciones contra la cantante, que monetizaron con títulos clickbaiteros ante cada gesto provocador de su ex pareja, afilando los dientes. No fue suficiente para ella el dolor de tener que atravesar una ruptura públicamente, sino que también tuvo que aguantar que le peguen en la frente el cartel de la “abandonada” por una mujer más joven (y por tanto, superior y más deseable) que le comía la mermelada, dormía en su cama y ya era amada por su (ahora ex) suegra.
Dentro de este esquema mediático, que ya es un lugar común patriarcal más viejo que la peste, él ocupaba el lugar del macho ganador, Clara la princesa soñada de un nuevo cuento de hadas y Shaki la vieja desdichada y cornuda. Para Piqué la narración seguía en una curva ascendente; para su ex, el guión se cristalizaba en un gesto de desdicha.
Es la misma escena que vimos repetida hasta el cansancio cuando Brad Pitt se separó de Angelina Jolie para salir con alguna modelo, Leonardo Di Caprio dejando a sus novias apenas cumplen 25 o el tío Norberto, que festeja cuando algún amigote cambia a “la jabru” por un “modelo más nuevo”.
Parece increíble que incluso Shakira, una mujer de 45 años que moldeó el paisaje sonoro de la música pop latina de principios de los 2000 con una guitarra criolla; que ganó decenas de premios; hizo la música oficial de DOS MUNDIALES; tocó en un SuperBowl; colaboró con artistas de primerísimo nivel; hizo hits que son himnos de generaciones enteras; logró que millones de niñas quieran aprender danza árabe; fundó una ONG hace 20 años; le puso la voz a una película de Disney; hizo giras mundiales agotadas; discursos en la ONU y hasta tenía un vínculo de mucho cariño con Gabriel García Márquez; ni siquiera ella pudo zafar de caer en ese injusto rótulo de la reemplazada.
Sin embargo, la narrativa empezó a cambiar con un tríptico de tres sencillos dirigidos a su ex, que hizo que más de uno levante las cejas. Primero fue el lanzamiento de “Te felicito”, junto a Raw Alejandro, donde le canta a un robot, con un tono de reproche y decepción: “Yo que ponía las manos al fuego por tí, me tratas como una más de tus antojos. Tu herida no me abrió la piel, pero sí los ojos”. Luego llegó el turno de “Monotonía”, con una impronta más gore, acompañada por Ozuna, donde tematiza la profundidad de su tristeza en un videoclip sin metáforas. En su video, se la ve a Shaki en pijama comprando en un súper, cuando en una góndola un hombre rubio (Piqué, obviamente), le dispara al pecho con una bazooka, literalmente agujeréandole el cuerpo. El corazón de ella cae al piso, todavía latiendo. Shak, ensangrentada, lo agarra, camina con ese órgano en la mano, se le cae por todos lados, se lo pisotean. Ella mira a cámara con lágrimas en los ojos: “No fue culpa tuya, ni tampoco mía. Fue culpa de la monotonía. Nunca dije nada, pero me dolía. Yo sabía que esto pasaría”.
¿Realmente fue culpa de la monotonía tu angustia, Shaki? Evidentemente, atravesar ese momento de dolor fue parte de su duelo. Porque unos meses después llegaría una bomba que rompería internet con un incendio nuclear inédito: la sesión #53 con Bizarrap.
Las reacciones de este video están a la altura de su contenido: streamers gritando en vivo al ver las referencias explícitas a Piqué y Clara que ya todxs conocemos; twitter convertido en un campo de batalla en medio de un terremoto; grupos de whatsapp prendidos fuego; memes que, una vez más, demostraron que los memeros son los verdaderos héroes sin capa de Internet; y una frase que millones quisieron tatuarse en la frente: “las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”.
La Shak loba todopoderosa de “Te aviso, te anuncio” resurgió de las cenizas como un ave fénix más vengativa que Kill Bill para sacudirse la tristeza y pegarle una patada al lugar humillante donde quisieron encasillarla. Un gesto que fue aplaudido por una infinita cantidad de mujeres que, naturalmente, lloran y no facturan (como esta cornuda, o sea quien escribe), pero vieron en ella un gesto de reivindicación; de cobrársela, de imponerse, de sublevación.
Para sorpresa de nadie, esta canción dividió aguas por todos lados. Evidentemente, que una mujer no quiera quedarse en el papel asignado de la miserable y triste gorreada es, para muchos, incómodo e inesperado; algo que va en contra del libreto preestablecido. Enseguida, la corporación de chongos salió a decir que ella era una despechada, que no lo había superado, una Karen patética y llorosa, que tenía que soltar.
“¿Y qué pasa con Milan y Sasha, los hijos de la pareja? Ellos son las verdaderas víctimas: ¿¡alguien puede pensar en los niños!?” (Es evidente aquí la doble vara: mientras Shak es una “mala madre” por haber hecho esta canción, Piqué no tiene que rendir cuentas de crianza cuando rompió su pacto monógamo con su ex, poniendo en riesgo acuerdos familiares establecidos de la forma más cruel posible).
Sin embargo, donde más hizo una grieta fue en los feminismos. Una reconocida periodista dijo que no era provechoso politizar tanto una canción; que hay que bailarla y disfrutarla tal cual es: el nuevo hit del verano.
Sin embargo, trascendió esa categoría y escaló a fenómeno social, tal es así que, por un momento, pareció que todas las referentes feministas tenían que dar su opinión en las redes sobre este tema. Al punto de que Brigitte Vasallo dijo que varixs le habían pedido que “diga algo” sobre la sesión #55 y Ernesto Tenembaum le preguntó a Luciana Peker si esta canción era “buena o mala”. Más de unx se rompió los dedos contra el teclado respondiendo en foros de Instagram e hilos de Twitter. ¿El evidente eje del meollo? Que Shak no solo arremetió contra su ex, sino también contra Clara, que quedó en un lugar muy poco feliz.
¿Es Shakira una mala feminista? ¿Ella le debía Sororidad, con mayúsculas, a Clara? ¿Tendría que haber sido más compasiva? ¿No es un retroceso reproducir el lugar común, sin dudas patriarcal, de la “guerra de mujeres” por un chongo, donde “la otra” es la zorra infame? ¿Es “empoderante” que Shaki le pise la cabeza así a otra mucho más joven e “indefensa”? ¿Está siendo misógina? Por otro lado, ¿es políticamente correcto que Shakira hable de “monetizar” su dolor, cuando casi ninguna mujer lo logra (pero ella sí ya lo hace desde hace más de veinte años)? ¿No es eso, acaso, un mensaje neoliberal e individualizante? ¿Es realmente tan transgresor? “¡Que le pegue a Piqué, pero no a Clara!”
Sin dudas, la sesión #53 removió preguntas dentro de los feminismos y puso en tensión varias banderas conquistadas, generando grises incómodos dentro de las voces impolutas, que no perdonan y levantaron el dedo señalador contra esta “traición”. Tal vez la canción no cumpla con todo el check list de una letra 100% feminista progre (antipatriarcal, 100% sorora, deconstruida, anti capitalista, no monógama, heterosexual, etc); pero, ¿por qué se le exige a todas las mujeres que sean portavoces de un feminismo políticamente correcto y que, con cada uno de sus gestos, reproduzcan un mensaje intachable? Sobre todo, a referentas culturales que no hicieron del feminismo, particularmente, el eje de su trayectoria.
Si la canción hizo que millones de mujeres de todos los sectores sociales hayan visto en Shaki una embajadora de la sublevación contra un intento de domesticación machista, ¿no es un pelotazo en contra (y hasta un gesto academicista) querer deslegitimar ese sentimiento, alegando que le faltan cinco para el peso para ser realmente “liberador”? Al fin y al cabo, Shakira solo está haciendo música; perdón que “Sal-Pique”.
Fuente: Página 12
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