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]]>Pepo desbordaba de alegría y Alejandro y Dany ni les cuento. Invitaba cervezas para todos. Tantas que Jorgito Porcel aprovechando la movida empezó a llamar a vedettes y chicas que tenía en sus contactos del teatro de revista de su padre y de un empresario amigo que manejaba el Tabaris. Y al rato El Living se transformó en el Mollin Rouge. Y hasta subieron por la escalera de la entrada unas chicas trans que hicieron una parada antes de ir a El Dorado, Ave Porco o Morocco. Y también alguna que otra escort del boliche Cocodrilo que estaba a unas pocas cuadras de ahí, en Palermo.
“Viene Diegote y me muero”, pensó para sus adentros Pepo. “Él siempre va a Cocodrillo. Así que no es extraño que venga para acá. Y en una de esas viene con Guillote, Juanjo Veiga y Cris Miró o Yuyito. Esto es demasiado”. Así que después de escuchar la catarata de hits de “Palo” Pandolfo, tales como “Tazas de té chino”, “Ella vendrá”, “Playas oscuras” y “Estaré”. Pudo ver en el escenario de El Living a Fito Páez que desinteresadamente tocó “11 y 6” y “Te vi” para Cecilia y “Ciudad de pobres corazones” a dúo con Palo.
“Estuvo increíble”, le decían todos a Pepo. Lo tuyo es cada vez mejor. Quién iba a decir que lo mejor del rock y de la noche porteña se iban a juntar esa noche en El Living. Ni el mejor empresario de espectáculos podría lograrlo. “Andá Pepo y decile a tu viejo que su amigo Carlitos Rottemberg es menos productor que vos”, le decía Ringo entusiasmado.
“Pepo corazón, Pepo corazón” gritaban enardecidos Dany y el Rey. Mientras Jorgito Porcel le recitaba poemas a las chicas y Alejandro le ofrecía un aumento y le decía que le cambiaría el colchón de la cama donde dormía y le compraría sábanas y colchas nuevas. Porque con la fama que estás consiguiendo seguro va a querer dormir con vos alguna chica. ¿Quién le preguntó?, Pepo. ¿Úrsula Vargues? Que siempre viene y tanto me gusta. O la secretaría de Achira que también viene y esa es más terrenal. ¡Esa mejor! Vos sabés que me contaba que a un tal Lotito que tiene una oficina en el Once le llevás una carta con tus deseos y él las lleva a las pirámides de Egipto y tus deseos se cumplen. Te cobra por eso. Pero si resulta lo voy a hacer. Eso me sugirió Pamela, la secretaria de Achira cuando le dije si quería ser mi novia. ¿Ustedes piensan que me boludeó?
“Igual no pensemos en minas”, muchachos. Lo mío es el rock. Y escribir estas historias espontáneas que tanto le gustan a mi editor Enrique Symns. Hoy en día todo es armado y mi escritura es más descontracturada. Casi que sale de las tripas y de la emoción y la sorpresa que vivo cuando los músicos salen a tocar y la rompen. Como todos esos periodistas que quieren ser músicos de rock. “Que se mueren por tocar”, como dice Ricardo Mollo. Y Ricardo pasó de falopero a careta, pero en eso tiene razón.
Así que me tomo una coquita más, que Alejandro me deja, escribo la crónica, la mando por mail a la “Cerdos y Peces” y pienso que banda o músico podría tocar el viernes que viene. Mientras tanto sueño con traer a Joaquín Sabina, que es amigo de Fito. ¡Ah no se peleó! Mejor Gustavo Cerati que es amigo y compañero de Soda de Charly Alberti. ¡Mejor no! Le cago la novia, aunque pasaron diez años y paso el tiempo, pero ahora es el novio él de Débora del Corral y no Charly. Tal vez Luis Alberto Spinetta. Aunque tengo más chance que me venga Dante con Emmanuel Horvilleur y los Illia Kuryaki. ¡Dicen que va siempre a la cancha de Vélez, pero yo soy de Ferro!
En eso Ringo se le acercó y le dice: “Querés que le pida a Charly García”. –Vos harías eso por mí- le contestó Pepo. “Sí, claro. El tema es si me dice que sí. Pero preguntarle no me cuesta nada. Viene todos los días a grabar al estudio donde yo laburo, un disco con Mercedes Sosa que se llamará “Alta Fidelidad”. Se la pasa entrando y saliendo de la sala con cables y aparatitos para conectar computadoras, pide unos sandwiches de miga y unas cervezas –el whisky se lo trae él- y cada tanto sale corriendo y me moja con una pistola de agua. Así que si te venís y te dejás mojar y le caes bien después te habla. Venite mañana. A eso de las 6 de la tarde llega y lo encaramos los dos.
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]]>Pese al agudo sentido de contemporaneidad del músico, su pasado cobró fuerza hasta llevarlo a dos funciones en el estadio. Y la primera fue pura emoción.
El reto más duro que impone la cultura popular estadounidense es el llamado “comeback”: el regreso contra todos los pronósticos. Desde el boxeador George Foreman, con su vuelta al ring en 1987, hasta Mickey Rourke, mediante su memorable actuación en The Wrestler, lo dejaron en evidencia. Incluso, Ernest Hemingway lo graficó en su novela El viejo y el mar a través de Santiago, su protagonista. Si bien la semblanza de Fito Páez le es ajena al gran público norteamericano, lo que el artista experimenta en este momento se ajusta a esa situación de hazaña, a pesar de que nunca dejó de hacer recitales ni discos. Ni siquiera para él estaba entre sus planes inmediatos volver a presentarse en un estadio, tal como lo encarnó en la noche del sábado en cancha de Vélez.
Lo cierto es que mientras en la pandemia preparaba una trilogía discográfica que daba cuenta una vez más de su infatigable ejercicio compositivo y de su deseo de ponerse a prueba constantemente, el pasado de Fito empezó a cobrar fuerza. Como nunca antes. Será por su agudo sentido de la contemporaneidad, lo que se refleja en buena parte de su caudaloso repertorio, a lo que además hay que añadir su deseo de dejar una marca registrada propia en cada una de sus etapas. Otra realidad a tomar en consideración es que, a falta de un Flaco, de un Cerati o de un García en actividad en esta época, la historia se encargó de darle a él la imperiosa bendición de comandar la continuidad de la tradición cancionera del rock argentino. Y ese legado ya se puede reconocer en proyectos como Conociendo Rusia o el tándem mendocino Alejo y Valentín, quienes estuvieron entre las 35 mil personas que asistieron a la primera de las fechas del músico rosarino en el barrio de Liniers.
Un rasgo adicional que distingue a Páez, tanto en el pasado como en este presente, es su fuerza de voluntad para el trajín. Al menos en la Argentina, pocas veces se vio que un artista parido en la cultura pop a atreva a sostener a lo largo de un año una misma serie de actuaciones. Como si no bastara con los ocho Movistar Arena que protagonizó en 2022 y un tour mundial, para celebrar las tres décadas de su disco El amor después del amor, el músico y compositor en medio de ese raid empapeló la vía pública porteña anunciando el apéndice del aniversario con un show en Vélez. Que de pronto fueron dos (repite el domingo 2), desatando de esta manera una nueva gira nacional y foránea. Esto, precedido por su inclusión en festivales veraniegos, el lanzamiento de un libro de memorias (Infancia y juventud), y una flamante reversión de El amor después del amor, además de una serie sobre su vida y obra que estrenará Netflix el 26 de abril, titulada igual que el disco.
Como preludio del recital que estaba por suceder en el José Almafitani, los alrededores del estadio se encontraban empapelados con el anuncio del biopic y los rostros de sus protagonistas. Una vez adentro del recinto, esto tomó profundidad, forma, movimiento y palabras cuando en las pantallas apostadas a lo ancho del escenario, a manera de abrebocas del desenlace, se proyectó el tráiler de la serie. De la secuencia, y sin ánimo se espoilear, se desprende un pasaje en el que el Charly García de la era de Yendo de la cama al living advierte, mientras mira la TV, que “el narigón lo estaba copiando”. Algunas décadas más tarde, ese narigón dejó en evidencia que es un artista que supo hacer de la gentrificación del ADN y de la herencia cultural una fórmula lúdica y moderna para expandir ya no el rock ni el pop, sino la música popular latinoamericana hacia lugares que nunca imaginó que podía llegar. Ahí cerquita de lo que construyó y constituyó Caetano Veloso.
Sin embargo, a Fito aún le gusta el glam del rock. Por eso, en vez de mostrarse de la forma tradicional, secundando a su banda y mientras sonaba de fondo esas bases a lo Soul II Soul del inicio del tema “El amor después del amor”, el icono decidió aparecer por el costado derecho del escenario. Con la luz del seguidor apuntándolo y la pantalla de fondo bombeando carmesí. Entonces, ataviado con ese traje victoriano cuyo granate parecía invocar al Nazareno de San Pablo, empezó a caminar y a reconocer a su gente. Al ritmo ralentizado y góspel de la canción que le dio nombre al disco que estaba celebrando. “Treinta años no es nada. Buenos Aires, va a ser una noche inolvidable”, advirtió el músico, al mismo tiempo que nacía la versión power pop de “Dos días en la vida”. Ya en el tercer tema apareció la primera invitada de la velada, Nathy Peluso, para alternar voces en una reversión a medio camino del R&B y del pop electrónico de “La Verónica”.
Después de saludar a Juanse, quien literalmente en ubicaba en primera fila, Fito puso en pausa El amor después del amor para tocar su himno “11 y 6”. Si bien en los Movistar Arena primero repasó el disco, tal cual como manda el track list, para más tarde revisitar el resto de su obra (lo mismo hizo, por ejemplo, cuando festejó los 30 años de Giros), en este caso fue mechando ese repertorio con varias etapas de su obra. Acto seguido invocó “Naturaleza sangre”, cuyo cierre dio la sensación de que aludía al tema de la serie Peter Gunn, y luego invitó a Fabiana Cantilo para hacer una canción que le dedicó: “Te aliviará”. Una vez que ella se despidió, arrancó “Tráfico por Katamandú”. Ahí vino la primera arenga del público para con el artista, a lo que este respondió con un “No me hagan emocionar”. Pero no pudo evadir esa sensación a lo largo de las dos horas y media que duró el show.
“Algo tienen estos años que me hacen poner así”, cantó a continuación en “Pétalo de sal”, como para representar el instante, apoyado por esos sintetizadores cósmicos. Si en la canción “Los años salvajes” se animó al spoken word, en “Yo vengo a ofrecer mi corazón” Fito cantó a capella frente a todo el estadio. Aunque en otras ocasiones lo intentó, esa noche estaba tan inspirado que le salió hermoso. Y, además, de un sólo tirón. No fue la única polaroid memorable, pues al toque sacó a relucir su amor por el funk con un fabuloso popurrí que comenzó con “Sólo los chicos” y terminó con “Yo te amé en Nicaragua”, picoteando en el medio “Tercer mundo” y “Nada más preciado”. Y empujando hacia el groove a “Gente sin swing”: todo un oxímoron. Tanto como la aparición del invitado menos esperado, el cumbiero Mala Fama, con el que compartió “Ey, You”. A esa canción le siguieron “Confiá”, “Fue amor” y la canción dedicada a su hija, “Margarita”.
Para adobar la circunstancia recitalera, Fito recurrió al espectáculo performático en el tema “Circo Beat”, recreando sobre el escenario la tapa del disco con caños que sugerían la situación circense y payaso incluido. Resulta que el clown era otro invitado: Alejo Llanes, del grupo Alejo y Valentín. Si eso fue la oda a la brillantez, la invitación a David Lebón fue la postal para la memorabilia del rock argentino. Juntos hicieron una versión con sabor blusero de “A rodar mi vida”, con la que despidieron el repertorio de El amor después del amor. El músico rosarino ya había hecho “Tumbas de la gloria”, “La rueda mágica” y “Brillante sobre el mic”. También hizo “Ciudad de pobres corazones”, aunque estuvo un tris de la sobredosis de rock. El momento inesperado sucedió en el bis, con el mash up entre “Boys Don’t Cry”, de The Cure, y Cable a tierra”. La apoteosis, finalmente, llegó de la mano de “Y dale alegría a mi corazón”, con el público dejando el resto. Luego de la fiesta y los papelitos ya no quedaba espacio para tanta emoción.
Fuente: Página 12
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]]>Entre las novedades de Netflix de abril llega “El amor después del amor”, la serie basada en la vida de Fito Páez, que ya tiene fecha de estreno en la plataforma el próximo 26 de abril. La producción argentina recorre el camino personal y la trayectoria musical del músico, cantautor y compositor, junto a íconos del rock nacional como Charly García, Fabiana Cantilo y Luis Alberto Spinetta, entre otros.
A 30 años del lanzamiento del disco más vendido de la historia del rock nacional, y en el marco de la gira homenaje que viene realizando en distintos punto del país y de Latinoamérica,la serie dará cuenta a lo largo de ocho episodios de “una vida marcada por el dolor, la pérdida, la tragedia, los éxitos, los fracasos, los excesos, el amor y muchas canciones”, y la “historia de un icono que se sobrevive a sí mismo”.
Gaspar Offenhenden e Ivos Hochman serán los encargados de interpretar a Fito Páez de joven y adulto, respectivamente. Micaela Riera aparecerá como Fabiana Cantilo, Andy Chango como Charly García, Julián Kartun como Luis Alberto Spinetta, Daryna Butryk como Cecilia Roth y Joaquín Baglietto como Juan Carlos Baglietto.
La serie fue producida por Juan Pablo Kolodziej y Mariano Chihade, y el elenco se completa con Martín “Campi” Campilongo como Rodolfo Páez, padre de Fito, y Mirella Pascual como Belia, su abuela.
En la previa del estreno de la serie, Fito Páez continúa recreando la magia del disco más vendido de la historia argentina, luego de anunciar un show en Vélez para el 1 de abril, uno en Mar del Plata para el 7 de ese mes, tras la serie de conciertos en Buenos Aires como en Rosario, Córdoba, New York, Orlando, Miami, Madrid, Barcelona, Venezuela, Montevideo y Santiago de Chile.
“El amor después del amor” salió a la venta el 1 de junio de 1992, año en el que alcanzó las 175.000 unidades vendidas. A mediados de 1993 se convirtió en cuádruple platino. Ese mismo año, lo presentó con dos conciertos en el estadio de Vélez Sarsfield, donde fueron más de 70.000 personas.
El álbum está compuesto por 14 canciones que fueron hits y que hoy son clásicos del rock, como “El amor después del amor”, “Brillante sobre el mic”, “A rodar mi vida”, “Un vestido y un amor”, “Tumbas de la gloria”, “La rueda mágica”, son algunos de esos temas. Todas son de autoría de Páez, con excepción de “La rueda mágica”, que comparte la composición con Charly García.
Fuente: Página 12
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]]>En el corazón de esa lógica espiralada o en el fondo del palimpsesto, bajo cada pliegue, hay una conversación amorosa. Es la que sostienen Liliana Herrero y Horacio González, en el living de la casa común, con chistes, distancias y gestos de ternura, dándole el tono, absolutamente íntimo, a una reflexión honda sobre el papel de las composiciones de Fito en la cultura argentina. Es un documento sobre esa intimidad, sobre una conversación que se está produciendo frente a las cámaras de filmación, que es conciente de ese registro, pero que a la vez no se sustrae de un transcurrir inocente frente a ellas, esa suerte de inocencia que permite el retruécano rápido -todavía me río de alguno que no voy a adelantar por aquí-, la emoción compartida -los ojos que brillan y la mano secando las lágrimas para seguir, el abrazo que contiene-, el dar vueltas y vueltas hasta encontrar qué decir. Esa charla se grabó el 12 de diciembre de 2018 y, se me hace, que podría haber transcurrido en cualquiera de los días que ellxs compartieron, atravesados por una reflexión común, plena de exigencias políticas y culturales.
Liliana es la taumaturga de un pasaje: va de la escena de grabación con un grupo de músicos extraordinarios al sillón donde conversa con Horacio. Su canto enlaza una y otra situación. Cada canción, así, tiene dos interpretaciones. Una versión cantada y otra conversada. La conversación transcurre sobre la primera -construye una suerte de anterioridad que no sería tal, porque seguramente esa charla preexiste y continúa antes y después del momento en que una canción se plasma- y Liliana va desgranando las razones de algunas decisiones poéticas y musicales. Nada es inocente, ninguna decisión está eximida de seguir con el problema. Ese es otro tipo de intimidad fundamental del filme: nos muestra un laboratorio, un modo de hacer, la praxis de esa composición singular que es la interpretación.
Las canciones de Fito son pensadas como poemas, puestas en juego entre ambos con admirado amor. Los unió una amistad profunda, una cercanía que fue física en la Rosario de fines de los años 80, y permanente en la consideración mutua de las obras: discos, películas, libros. De dar cuenta de esa relación se trata, también, el filme. Horacio juega con los modos de describir a Fito, lo hace como si estuviera navegando en un no saber. Él, justamente, que fue el mago de las grandes y precisas expresiones, el que deslumbraba con una lengua que parecía que siempre estaba a su disposición, aquí duda, tambalea, busca con las manos tocar en el aire una interpretación justa de la importancia de Páez. Los gestos de esa mano, el pedido a Liliana de un tiempo más para seguir pensando, la conmoción final, son elementos de un archivo único de la cultura argentina. También una rareza: Horacio desgrana pequeños episodios de su biografía, los menciona, los indica, muestra desde qué lugar está dialogando con esa otra obra. Explicar es explicarse.
¿Cómo se habla de un músico que nos alegra la vida, que nos hace bailar, que cada vez que aparece vuelve con una notación inesperada, con una reversión de sí mismo que sorprende? ¿Cómo considerar a aquel donde llegan, como ríos nunca secos, las obras de Charly o de Spinetta? ¿Qué es Fito, hoy, después del mayúsculo éxito de los recitales que culminaron en dos Vélez y de la interpretación que procurará la gran industria del entretenimiento, Netflix? Quizás la industria cultural no pueda dar cuenta del conjunto de complejidades de una vida. Ojalá que no, para que no tengamos que rendir nuestras enteros quehaceres a su maquinaria. Porque vivimos tras los escenarios/ tratando de entender un poco, algo de esa singularidad que es Fito estará en ese rincón, en ese sillón de un living de Boedo, en dos amigos que interpretan lo que hizo, en un disco precioso de Liliana, en una conversación que es parte del aire, intemporal y eterna.
* El próximo 23 de abril se estrena en el Bafici el documental Canción sobre canción, dirigido por Fernando Arca.
Fuente: Página 12
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]]>La temporada alta de turismo del verano 2023 se podrá disfrutar con múltiples fiestas y festivales que se realizarán entre enero y febrero, como la Fiesta del Pescado y el Vino, y la del Chamamé, y los Festivales Diamante, Jesús María, Cosquín y Villa María, entre otros. Fito Páez, Abel Pintos, Divididos y muchos artistas más estarán presentes en los shows.
La Fiesta del Pescado y el Vino de Gualeguaychú se realiza del 4 al 8 de enero. Abel Pintos, Víctor Heredia, Pimpinela, Los Pericos, Turf, Jorge Roja y Ángela Leiva, entre los artistas más destacados de la grilla.
El Festival Diamante 2023 se realiza desde el 5 hasta el 9 de enero en el Campo Martín Fierro de Entre Ríos. El Chaqueño Palavecino, Los Nocheros, Mario Álvarez Quiroga, Soledad Pastorutti y Destino San Javier, son algunos de los artistas más reconocidos.
El Festival Nacional de Doma y Folklore Jesús María 2023 tendrá lugar entre el 6 y el 16 de enero en el Anfiteatro José Hernández de Córdoba. Entre los artistas más destacados se encuentran Abel Pintos, Soledad, Nahuel Pennisi, La Konga, Los Nocheros, Luciano Pereyra, El Chaqueño Palavecino, Los Palmeras, Emilia Mernes y Rusherking.
La Fiesta Nacional del Chamamé 2023 se realizará en el anfiteatro Tránsito Cocomarola de la ciudad de Corrientes desde el 13 al 22 de enero. Reunirá a figuras y grupos como Antonio Tarragó Ros, Los Mensajeros Del Chamamé, Gabriel Cocomarola, Ofelia Leiva, Amandayé, Chango Spasiuk, Chamameceras, Los Núñez, María Ofelia y Los De Imaguaré, entre otros.
El Festival Nacional de Folklore de Cosquín 2023 se realizará del 21 al 29 de enero en la plaza Próspero Molina de la ciudad cordobesa de Valle de Punilla. Habrá artistas como Abel Pintos, Jairo, Juan Falú, Orellana-Lucca, Yamila Cafrene, Facundo Toro, Los Tekis, Soledad Pastorutti, Nahuel Pennisi, Los Nocheros y El Chaqueño Palavecino.
El Festival de Peñas de Villa María 2023se realizará desde el 10 al 14 de febrero en el Anfiteatro cordobés. Tocarán Tini Stoessel, MyA, Callejero Fino, Tiago PZK, Trueno, Nicki Nicole, Dillom, Lali Espósito, Miranda, La Konga, Ulises, Camilo, Luciano Pereyra, Alejandro Lerner, Diego Torres y Ricky Martin, entre otros.
El Festival Cosquín Rock 2023 se realizará el 18 y 19 de febrero en el Aeródromo de Santa María de Punilla, Córdoba. Fito Páez, Divididos, Rels B, Trueno, Conociendo Rusia, Babasónicos, Ciro y Los Persas, Las Pastillas del Abuelo y Dillom, entre los artistas más destacados.
LaFiesta Nacional del Sol se realizará en San Juan del 21 al 25 de febrero en el Complejo Costanera de Chimbas. Hasta el momento, está confirmada la presencia de Bizarrap, María Becerra, Lali Espósito, Soledad Pastorutti, Los Ángeles Azules, Camilo, “El Loco” Amato, Damián Córdoba y Dale q’ va.
Fuente: Página12
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]]>Domingo Scarafía nació en Colonia Josefina en 1914. Hijo de inmigrantes italianos, su destino estaba marcado a seguir los pasos de su hermano José: estudiar en un colegio salesiano para ordenarse sacerdote en la pampa gringa. Domingo hizo casi todo el seminario hasta que renunció a ser cura y se escapó a Rosario, a la casa de la hermana de su madre, donde aprendió piano con los maestros Leo Crelerot y Vicente Scaramuzza, e inició una vida profesional acompañando a cantantes y solistas. Cuando Crelerot falleció que 1938, Scarafía se hizo cargo de los alumnos de su conservatorio.
El instituto se ubicó en la planta alta de una amplia casa sobre calle Balcarce 666, donde además del conservatorio vivía la familia Scarafía. Fito Páez, el niño, solo tenía que cruzar para tomar la lección de piano. Empezó a tomar clases con Scarafía, un maestro riguroso que hablaba como si fuese “ucraniano” y que además había sido el profesor de Margarita, su madre.
El maestro le entregó un libro indispensable para todo estudiante de música que pretende tener conocimientos y formación en lectura musical: Adiestramiento elemental para músicos, de Paul Hindemith. Se trata de un método utilizado en todos los conservatorios oficiales y privados del país, así como por el docente particular, y permite acceder a la lectura musical tanto en los inicios como en la formación avanzada del músico. Un trabajo de consulta y práctica permanente sobre negras, blancas y redondas (y sus silencios), compases de 2/4 y 4/4, clave de sol, corcheas y semicorcheas, los sonidos mi y do, acentos métricos; compás y ritmo; síncopa; compases compuestos, escala cromática.
El viejo le pasaba los ejercicios de digitación de rigor para piano: “Para Elisa” de Beethoven, “Marcha turca” de Mozart, por ejemplo. El pibe era muy vago para leer partituras, tenía problemas para aprender los sistemas, pero tenía buen oído. Scarafía apreciaba su esfuerzo en aprender y cada vez que el pibe le decía “maestro, tóqueme la pieza de nuevo”, el viejo la tocaba de vuelta, y el pibe observaba el movimiento de sus dedos y volvía rápido a su casa con las anotaciones de las composiciones, y las tocaba tres o cuatro veces hasta que las memorizaba.
Al otro día volvía a cruzar la calle Balcarce hasta el conservatorio. El maestro le tomaba la lección. Coloca la partitura delante de sus ojos y Fito toca. Fito simulaba que lee la música ante el silencio del viejo. El engaño duró hasta el día que Rodolfito cometió el error infantil de pedirle que tocara “Rhapsody in Blue” de George Gershwin, una de las obras más importantes e innovadoras del cancionero norteamericano que tanto le gustaba a su padre Rodolfo.
–Perfecto –dijo el maestro y preparó una adaptación para piano. El tema empieza con una escala cromática desde la primera nota hasta la cuarta escala, todas iguales. Hasta ahí estaba todo perfecto para Páez. El tema, la preocupación del alumno, era la subida que Gershwin escribió originalmente para oboe: tenía que ejecutar todas las notas en el piano y en un compás se equivocó.
–A ver, repite el compás número 12 porque escucho algo que está mal –interrumpió el maestro, parado a la diestra del alumno. Y Fito se equivoca y acaba de darse cuenta de que el viejo lo descubrió: no está leyendo.
–A ver, toca el compás 74 –le pide el viejo. Y el pibe no sabe dónde está.
–Toca ahora el 36 –le ruega, ya impaciente, el maestro. Y el pibe vuelve a equivocarse.
El maestro, harto de la simulación, cierra con fuerza la tapa del piano. “Acá no vengas nunca más”, le ordena.
“Fue un momento horrible para mí –recordó Páez– y para él también porque me quería como si fuera un nieto. Yo era un favorito suyo, no debí haberle hecho eso, se sintió mal. Pasaron los años, él falleció y la hija, Norma Scarafía, me dijo: ‘No sabés cómo te quería papá. Y lo feliz que se ponía cuando te escuchaba tocando aquí o allá, estaba muy orgulloso de vos y hasta enseñaba tus canciones en el conservatorio’. Para mí eso fue un hermoso regalo de la vida”.
Fragmento de “La vida después de la vida”, primera biografía de Fito Páez, cuya tercera edición se presentó recientemente en Rosario.
Fuente: Página 12
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]]>Fito Páez se impuso en las categorías Mejor disco de pop-rock, Mejor canción de rock y Mejor canción de pop/rock. Rosalía ganó el premio Álbum del año y Drexler, quien se alzó con siete estatuillas, fue el máximo vencedor de la noche y destronó a Bad Bunny, el favorito.
Fito Páez vivió este jueves una gran noche. Fue en la ceremonia de los Grammy Latinos 2022, que se celebró en Las Vegas, donde se llevó los tres premios para los que había sido nominado: Mejor disco de pop-rock, por Los años salvajes; Mejor canción de rock, por Lo mejor de nuestras vidas y Mejor canción de pop/rockpor Babel —tema que grabó con Carlos Vives—. El máximo ganador de la velada fue Jorge Drexler, quien se alzó con siete Grammys, entre ellos Canción del año y Grabación del Año, por Tocarte.
Rosalía fue la ganadora del Álbum del año, por Motomami, mientras que Bad Bunny, quien era el candidato a ser el rey de la ceremonia fue destronado por Drexler.El “Conejo Malo”, que no estuvo presente en Las Vegas, se llevó cinco estatuillas.
Fito, que este año agotó 8 funciones en el Movistar Arena para celebrar los treinta años de su disco El amor después del amor, el más vendido de la historia del rock nacional, ganó los tres Graamy para los que había sido nominado: Mejor disco de pop-rock, por Los años salvajes; Mejor canción de rock, por Lo mejor de nuestras vidas y Mejor canción de pop/rockpor Babel —tema que grabó con Carlos Vives—.
“Nosotros en Argentina venimos de una altísima tradición de música popular creada en el siglo XX’’, dijo el rosarino al recibir el premio por su álbum. Y lo dedicó “a la música popular argentina y a la música popular latinoamericana’’.
El 2022 es un gran año para Fito Páez, quien después de romperla con su gira por los 30 años de El amor después del amor y de llevarse tres Grammys Latinos, fue recientemente nominado a los Grammy generales por Los años salvajes.
Fuente: Página 12
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