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]]>Entonces, ¿Quién fue Leonardo Fabio?
Fue actor, músico, militante político y, sobre todo, director de cine. Su vida fue digna del celuloide: de chico estuvo internado en varios reformatorios, intentó ser seminarista, ingresar en la marina, deambulo sin rumbo durante años; luego, su mamá le fue consiguiendo unos bolos como actor.
Gracias a estos pequeños papeles tomó contacto con el mundo del cine. Lo fascinó: se acercó al nuevo cine argentino, logró filmar un corto llamado “El amigo”, en el cual daba indicios de su genialidad como director. Continuó con sus pasiones de celuloide: dirigió “Crónicas de un niño solo” (1965), película autobiográfica: la cámara de Favio se posa en las penurias de un niño, hilvana las amarguras, nos muestra la niñez en los huecos donde no llega el sol.
Vuelve a dirigir: “El dependiente”, muestra su virtuosismo con los juegos de cámara: este ayudante de ferretería que tiene la pretensión de heredar el negocio y quedarse con la jovencísima Graciela Borges, nos regala las mejores tomas del nuevo cine argentino.
Después de esta película, su vida vuelve a dar un vuelco notable: cansado de la falta de apoyo hacia su cine, inicia su carrera como cantante romántico. Es horrible. Digámoslo claro: es como Palito Ortega, pero con más vocabulario. Era suficiente para hacer plata y volcarla al cine de autor. Así fue: filma Juan Moreira, está genial película estrenada en 1973 nos regala tomas increíbles, un lenguaje visual impactante y, fundamentalmente, una relectura de la historia oficial a través de Juan Moreira: en esta cinta no es un gaucho delincuente; todo lo contrario, se revela contra la injusticia del poder y su fiereza se justifica. Se alinea con las tropas de Alsina y luego lo contrario: es un mercenario al servicio del poder y también víctima de él. Muere abatido por el poder, pero luchando: la escena final de la película muestra a un quijote criollo haciéndose el camino a cuchillazos, hasta que una ballesta lo atraviesa y le pone punto final al mito. Se estrena en el contexto de la vuelta de Perón y pasa a ser una cita obligada de la militancia: caminando por la alfombra roja está Héctor Cámpora y tantísimos dirigentes justicialistas; fue un éxito de taquilla y se posicionó en el centro del debate histórico-político.
Favio lo hace de nuevo: húmeda todavía la repercusión de Juan Moreira, filma Nazareno Cruz y el lobo; su densidad poética se luce mejor que nunca, nos regala una interpretación de Alfredo Alcón de antología: es el diablo, viene a sentenciar a Nazareno; pero, su azufre le arde, le pesan los hombros: le pide ayuda al lobizón, le ruega que hable con el supremo y lo libere de esa cruz de plomo, de esa memoria lúgubre…la poética de Favio hace magia en este film.
Filma su última película antes del exilio: Soñar, Soñar, de 1976, con un Carlos Monzón, como siempre, carente de inspiración actoral. Es una película irregular. No es esta película la que lo obliga a exiliarse: es su ideología y compromiso político. Se tiene que ir para salvar su vida, como infinidad de personas frente a los nazis argentinos que arrebataron el poder en 1976
Recorre todo América con sus melosas canciones, vuelve a la Argentina con la democracia y deja en claro que nunca más va a volver a filmar. Se retracta: realiza la postergada película sobre Gatica, muestra el ascenso y la caída del peronismo a través de la tragedia del boxeador argentino. Es una película genial, tiene un final épico.
Vuelve a retractarse: realiza un documental definitivo sobre el peronismo: es largo, poético, contundente. Busca explicar al peronismo como lo entiende: narra desde la emoción, conjuga los datos con metáforas poéticas. Un novelón de cuatro horas.
Antes de morir hace Aniceto, una nueva versión de su clásica película:” Este es el romance del aniceto y la Francisca, de como quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más…”,
Realiza una versión más musical: Hernán Piquín despliega todo su virtuosismo, es también un homenaje al ballet. Al poco tiempo de esta película, muere.
Es homenajeado por su compromiso político, y está bien. Es homenajeado por su música y está bien. Todo está bien. Hay un solo homenaje al cual no puede faltar: al de la belleza, al de la densidad pura de la poesía.
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