Eva Perón Archives - Juan Botana https://juanbotana.com/secciones/poli-ticos/eva-peron/ Comunicación y cultura Tue, 10 Jun 2025 10:31:12 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9 https://i0.wp.com/juanbotana.com/wp-content/uploads/2025/07/cropped-ico-jb.jpg?fit=32%2C32&ssl=1 Eva Perón Archives - Juan Botana https://juanbotana.com/secciones/poli-ticos/eva-peron/ 32 32 La herramienta programática como instrumento de unidad de los sectores populares. Por Facundo Chanourdie https://juanbotana.com/la-herramienta-programatica-como-instrumento-de-unidad-de-los-sectores-populares-por-facundo-chanourdie/ Sun, 20 Apr 2025 10:53:08 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=18213 Sin adentrarse mucho en la ciencia política, sino haciendo, una somera revisión de la historia política del Peronismo o del movimiento popular de la argentina; no han existido jefaturas colegiadas o conducciones de más de un miembro. Ni en vida de Perón, ni con posterioridad. La propia Constitución establece que

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Sin adentrarse mucho en la ciencia política, sino haciendo, una somera revisión de la historia política del Peronismo o del movimiento popular de la argentina; no han existido jefaturas colegiadas o conducciones de más de un miembro. Ni en vida de Perón, ni con posterioridad.

La propia Constitución establece que el poder ejecutivo es unipersonal. Existe la figura del Jefe de gabinete, que en la reforma del 94’ quiso ser un sucedáneo del primer ministro a la europea; pero la Argentina no es Europa; ni el Peronismo se asemeja a ningún partido político tradicional.

El poder delegado, no ha dado buenos resultados al Movimiento Popular. La designación de Scioli primero, Alberto después y por último Massa; no tuvo las consecuencias esperadas, ni en la parcelación de las distintas áreas del poder ejecutivo, ni en la toma de las decisiones políticas.

Es importante en quien reside el poder interno, quien es el líder de un espacio político; pero es vital como se pone en práctica la decisión política; como se lleva adelante una idea de gobierno o como se ejecuta un programa de gobierno.

Una de las cuestiones a dilucidar, es saber si es posible la convivencia política de una jefatura como la CFK en el Partido Justicialista y una posible candidatura de Axel Kicillof para el 2027. De la convivencia de los distintos espacios del Peronismo, depende también, la unidad del Movimiento Nacional y Popular; que, como sabemos, es más amplio que los márgenes del propio Partido Justicialista. El Peronismo siempre fue frentista, de hecho, Unión por la Patria es un frente de 11 partidos, aunque de momento, no estén todos bajo el mismo sello.

Una de los instrumentos que le faltó al Movimiento Popular a lo largo de todos estos años, es un programa de gobierno claro; porque “Proyecto político” que puedan compartir todos los sectores sociales y políticos que lo componen, en sus grades trazos, se podía vislumbrar.

Pero un Programa de Gobierno, claro, detallado, escrito y firmado, por todos los partidos que componen Unión por la Patria; pero también, todos los movimientos sociales, las centrales sindicales, el movimiento de derechos humanos, el feminismo, etc.; no se ha producido hasta el momento.

La herramienta programática, bien pude ser la aglutinadora, el instrumento de la unidad, y además, el reaseguro del ejercicio de un gobierno, con una dirección clara y de cumplimiento compartido por todo el Campo Nacional y Popular.-

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Eva Perón. Por Gabriel Palleres https://juanbotana.com/eva-peron-por-gabriel-palleres/ Wed, 16 Oct 2024 19:45:33 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=16246 La película narra la vida de la histórica dirigente Eva Perón (1919-1952). La historia comienza con la dirigente a punto de dar un discurso, tomando como eje del relato los sucesos acontecidos en 1951, cuando fue propuesta como candidata a vicepresidenta de la Nación por parte de la CGT (candidatura a la que Eva Perón

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La película narra la vida de la histórica dirigente Eva Perón (1919-1952). La historia comienza con la dirigente a punto de dar un discurso, tomando como eje del relato los sucesos acontecidos en 1951, cuando fue propuesta como candidata a vicepresidenta de la Nación por parte de la CGT (candidatura a la que Eva Perón renuncia tan solo una semana después de haberse anunciado), y los eventos que se suceden a continuación.

De este punto de partida, el relato se va bifurcando: la difícil niñez de Eva como hija bastarda, su derrotero de amantes, su ascenso al poder, su entrega absoluta a la causa de los humildes y su fulminante cáncer que la lleva, sin escalas, a una muerte precoz.

Esta versión de Eva Perón fue escrita por el filósofo y escritor José Pablo Feinnmann (1943-2021), dando una versión amplia de la fuerza y altura del personaje político.

Para que entendamos: en la película Eva Perón es más importante que Perón, posee un análisis de la coyuntura y del poder que supera al mismo General: se ve bien claro en el intento de golpe de Estado que efectúa el General Menéndez, cuando Evita le sugiere que los fusile sin contemplación alguna; o también, cuando gana las elecciones en 1951 y ella, enferma pero lúcida, le dice que los votos no le iban a servir, porque a los milicos no les importaba. Ejemplos como estos sobran en la película, pero más allá de una visión con ciertas licencias, a la película le sobran atributos: muestra la dimensión de la figura de Eva Perón, desnuda el odio y prejuicios de la época; queda explícito en los grafitis “viva el cáncer”, mientras Eva se retorcía de dolores. También podemos citar la escena ficticia entre John Williams Cooke y la dirigente. Este platónico encuentro nos regala una definición de filosofía política cuando dice Cooke: “Una dictadura que hace una transformación, es una revolución a manos del pueblo; en cambio una dictadura que nada cambia, es solo una dictadura” Esa escena no tiene desperdicio y es un manual de filosofía política

Esta versión de Eva Perón de Juan Carlos Desanso fue estrenada en 1996, cuando el Menemismo había mostrado casi todas sus cartas manchadas: dos atentados terroristas, sorteo del patrimonio público, desempleo escandaloso, corrupción y una filosofía basada en la total indiferencia del sufrimiento ajeno. En esta apatía moral se estrenó la película; a este contrastado contexto, se le sumo otro: ese mismo año se estrenó la versión de Evita de Alan Parker. En pocas palabras: Madona decide montarse a cuanto palenque encuentra en el medio, ascender en la actuación y, a base de pijazos, desembocar en la política, como una resentida con sed de venganza. Hay algo peor: esta sucesión de vergazos lo narra Antonio Banderas como el Che Guevara, en una actuación digna de una lobotomía. En este particular contexto, la película de Desanso se convierte en una de las mejores versiones de la abanderada de los humildes y nos regala un guion donde la filosofía resplandece.

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¿Cuál es la mejor manera de recordar a Evita? https://juanbotana.com/cual-es-la-mejor-manera-de-recordar-a-evita-escribi-un-articulo-sobre-eva-peron-toma-como-ejemplo-evita-vive-de-nestor-perlongher/ Tue, 11 Jun 2024 12:09:52 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=3529 Escribí un artículo sobre Eva Perón. Podés tomar como ejemplo: “Evita vive” de Néstor Perlongher Escribila y enviala a: [email protected] Evita vive 1.Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno, vivía, estaba con un marinero negro que me había levantado yirando por el puerto.

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Escribí un artículo sobre Eva Perón. Podés tomar como ejemplo: “Evita vive” de Néstor Perlongher

Escribila y enviala a: [email protected]

Evita vive

1.
Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno, vivía, estaba con un marinero negro que me había levantado yirando por el puerto. Esa noche, recuerdo, era verano, febrero quizás, hacía mucho calor. Yo trabajaba en un bar nocturno, atendiendo la caja hasta las tres de la mañana. Pero esa noche justo me peleé, con la Lelé, ay la Lelé, una marica envidiosa que me quería sacar todos los tipos. Estábamos agarrándonos de las mechas detrás del mostrador y justo apareció el patrón: “Tres días de suspensión, por bochinchera”. Qué me importaba, rapidito me volví para la pieza, abro… y me la encuentro a ella, con el negro. Claro, en el primer momento me indigné, además ya venía engranada de pelearme con la otra y casi me le tiro encima sin mirarla siquiera, pero el negro –dulcísimo– me dirigió una mirada toda sensual y me dijo algo así como: “Veníte que para vos también alcanza”. Bueno, en realidad, no mentía, con el negro era yo la que abandonaba por cansancio, pero en el primer momento, qué sé yo, los celos, el hogar, la cosa que le dije: “Bueno, está bien, pero ésta ¿quién es?”. El negro se mordió un labio porque vio que yo había entrado en la sofocación, y a mí, en esa época, cuando me venía una rabieta era terrible –ahora no tanto, estoy, no sé, más armoniosa–. Pero en ese tiempo era lo que podía decirse una marica mala, de temer. Ella me contestó, mirándome a los ojos (hasta ese momento tenía la cabeza metida entre las piernas del morocho y, claro, estaba en la penumbra, muy bien no la había visto): “¿Cómo? ¿No me conocés? Soy Evita”. “¿Evita?”–dije, yo no lo podía creer– . “¿Evita, vos?” –y le prendí la lámpara en la cara. Y era ella nomás, inconfundible con esa piel brillosa, brillosa, y las manchitas del cáncer por abajo, que –la verdad– no le quedaban nada mal. Yo me quedé como muda, pero claro, no era cosa de aparecer como una bruta que se desconcierta ante cualquier visita inesperada. “Evita, querida” –ay, pensaba yo–”¿no querés un poco de cointreau?” (porque yo sabía que a ella le encantaban las bebidas finas). “No te molestes, querida, ahora tenemos otras cosas que hacer, ¿no te parece?” “Ay, pero esperá”, le dije yo, “contame de dónde se conocen, por lo menos”. “De hace mucho, preciosa, de hace mucho, casi como del África” (después Jimmy me contó que se habían conocido hacía una hora, pero son matices que no hacen a la personalidad de ella. ¡Era tan hermosa!) “¿Querés que te cuente cómo fue?” Yo ansiosa, total igual tenía el encame asegurado: “Sí, sí, ay Evita, ¿no querés un cigarrillo?”, pero me quedé con las ganas para siempre de enterarme de esa mentira (o me habrá mentido el negro, nunca lo supe) porque Jimmy se pudrió de tanta charla y dijo: “Bueno, basta”, le agarró la cabeza –ese rodete todo deshecho que tenía– y se la puso entre las piernas. La verdad es que no sé si me acuerdo más de ella o de él, bueno, yo soy tan puta, pero de él no voy a hablar hoy, lo único que el negro ese día estaba tan gozoso que me hizo gritar como una puerca, me llenó de chupones, en fin. Después al otro día ella se quedó a desayunar y mientras Jimmy salió a comprar facturas, ella me dijo que era muy feliz, y si no quería acompañarla al Cielo, que estaba lleno de negros y rubios y muchachos así. Yo mucho no se lo creí, porque si fuera cierto, para qué iba a venir a buscarlos nada menos que a la calle Reconquista, no les parece… pero no le dije nada, para qué; le dije que no, que por el momento estaba bien, así, con Jimmy (hoy hubiera dicho “agotar la experienc ia”, pero en esa época no se usaba), y que, cualquier cosa, me llamara por teléfono, porque con los marineros, viste, nunca se sabe. Con los generales tampoco, me acuerdo que dijo ella, y estaba un poco triste. Después tomamos la leche y se fue. De recuerdo me dejó un pañuelito, que guardé algunos años: estaba bordado en hilo de oro, pero después alguien, no supe nunca quién, se lo llevó (han pasado tantos, tantos). El pañuelito decía Evita y tenía dibujado un barco. ¿El recuerdo más vivo? Bueno, ella, tenía las uñas largas muy pintadas de verde –que en ese tiempo era un color muy raro para uñas– y se las cortó, se las cortó para que el pedazo inmenso que tenía el marinero me entrara más y más, y ella entretanto le mordía las tetillas y gozaba, así de esa manera era como más gozaba.

2.
Estábamos en la casa donde nos juntábamos para quemar, y el tipo que traía la droga ese día se apareció con una mujer de unos 38 años, rubia, un poco con aires de estar muy reventada, recargada de maquillaje, con rodete… Yo le veía cara conocida y supongo que los otros también, pero era un poco bobo, andaba con Jaime que se estaba picando con Instilasa y yo le tenía la goma, se lo comenté en voz baja y él me dijo algo así como: “cortála loco sabés que sí”. Con los ojos en blanco, parecía hacerlo de modo impersonal. Nos sentamos todos en el piso y ella empezó a sacar joints y joints, el flaco de la droga le metía la mano por las tetas y ella se retorcía como una víbora. Después quiso que la picaran en el cuello, los dos se revolcaban por el piso y los demás mirábamos. Jaime apenas me daba un beso largo, muy suave, para eso sí que era genial, porque dos pendejos repálidos se rayaron totalmente entre lo gay y la vieja y se fueron. Pero estaban los blues en la puerta y a los cinco minutos se aparecieron todos con el subcomisario inclusive, chau loco, acá perdimos, menos mal que no había ningún menor porque Jaime había cumplido los 18 la semana pasada, pero igual loco, le habíamos pedido el rouge a Evita y estábamos casi todos pintados como puertas tipo Alice Cooper. Los azules entraron muy decididos, el comi adelante y los agentes atrás, el flaco que andaba con un bolsón lleno de pot le dijo: “Un momento, sargento” pero el cana le dio un empujón brutal, entonces ella, que era la única mujer, se acomodó el bretel de la solera y se alzó: “Pero pedazo de animal, ¿cómo vas a llevar presa a Evita?” El ofiche pálido, los dos agentes sacaron las pistolas, pero el comi les hizo un gesto que se volvieran a la puerta y se quedaran en el molde. “No, que oigan, que oigan todos –dijo la yegua– , ahora me querés meter en cana cuando hace 22 años, sí, o 23, yo misma te llevé la bicicleta a tu casa para el pibe, y vos eras un pobre conscripto de la cana, pelotudo, y si no me querés creer, si te querés hacer el que no te acordás, yo sé lo que son las pruebas”. (Chau, fue un delirio increíble, le rasgó la camisa al cana a la altura del hombro y le descubrió una verruga roja gorda como una frutilla y se la empezó a chupar, el taquero se revolvía como una puta, y los otros dos que estaban en la puerta fichando primero se cagaban de risa, pero después se empezaron a llenar de pavor porque se dieron cuenta de que sí, que la mina era Evita). Yo aproveché para chuparle la pija a Jaime delante de los canas que no sabían qué hacer, ni dónde meterse: de pronto el flaco del trafic entró en el circo y se puso a gritar: “Compañeros, compañeros, quieren llevar presa a Evita” por el pasillo. La gente de las otras piezas empezó a asomarse para verla, y una vieja salió gritando: “Evita, Evita vino desde el cielo”. La cosa es que los canas se las tomaron, largaron a los dos pendejos que encima se hacían muy los chetos, y ella se fue caminando muy tranquila con el flaco, diciéndole a la gente que estaba en el patio primero y después en la puerta: “Grasitas, grasitas míos, Evita lo vigila todo, Evita va a volver por este barrio y por todos los barrios para que no les hagan nada a sus descamisados”. Chau loco, hasta los viejos lloraban, algunos se le querían acercar, pero ella les decía: “Ahora debo irme, debo volver al cielo” decía Evita. Nosotros nos quedamos quemando un poco más y ya nos íbamos, entonces algunas tipas nos hicieron pasar a las habitaciones para que les contáramos –las mismas que hasta hacía una hora nos habían hecho una guerra que no podía ser–. Jaime y yo les hicimos toda una historieta: ella decía que había que drogarse porque se era muy infeliz, y chau, loco, si te quedabas down era imbancable. Claro, la gente no nos entendía, pero como no estábamos haciendo laburo de base sino sólo public relations para tener un lugar no pálido donde tripear, no nos importaba. Estábamos relocos y las viejas déle coparse con el llanto, nosotros les pedimos que ese bajón de anfeta lo cortaran, sí, total, Evita iba a volver: había ido a hacer un rescate y ya venía, ella quería repartirle un lote de marihuana a cada pobre para que todos los humildes andaran superbien, y nadie se comiera una pálida más, loco, ni un bife.

3.
Si te digo dónde la vi la primera vez, te mentiría. No me debe haber causado ninguna impresión especial, la flaca era una flaca entre las tantas que iban al depto de Viamonte, todas amigas de un marica joven que las tenía ahí, medio en bolas, para que a los guachos se nos parara pronto. La cosa es que todos –y todas– sabían dónde podían encontrarnos, en el snack de Independencia y Entre Ríos. Allí el putito Alex nos mandaba, cada vez que podía, viejos y viejas, que nos adornaban con un par de palos, así después a él le hacíamos gratis el favor y no le andábamos afanando el grabador o las pilchas. De ésa me acuerdo por cómo se acercó, en un Carabela negro manejado por un mariconcito rubio, que yo ya me lo había garchado una vez en el Rosemarie. Con las pibas estábamos haciendo pinta junto al puesto de flores, así que me llamó aparte y me dijo: “Tengo una mina para vos, está en el coche.” La cosa era conmigo, nomás. Subí.

“Me llamo Evita, ¿y vos?” “Chiche”, le contesté. “Seguro que no sos un travesti, preciosura. A ver, ¿Evita qué?”. “Eva Duarte”, me dijo “y por favor, no seas insolente o te bajás”. “¿Bajarme?, ¿bajárseme a mí?”, le susurré en la oreja mientras me acariciaba el bulto. “Dejáme tocarte la conchita, a ver si es cierto”. ¡Hubieras visto cómo se excitaba cuando le metí el dedo bajo la trusa!

Así que fuimos al hotel de ella; el putito quiso ver mientras me duchaba y ella se tiraba en la cama. También, con el pedazo que tengo, hacen cola para mirarlo nomás. Ella era una puta ladina, la chupaba como los dioses. Con tres polvachos la dejé hecha y guardé el cuarto para el marica, que, la verdad, se lo merecía. La mina era una mujer, mujer. Tenía una voz cascada, sensual, como de locutora. Me pidió que volviera, si precisaba algo. Le contesté no, gracias. En la pieza había como un olor a muerta que no me gustó nada. Cuando se descuidó abrí un estuche y le afané un collar. Para mí que el puto Francis se dio cuenta, pero no dijo nada. Cuando me lo terminé de garchar me dijo, con la boca chorreando leche: “Todos los machos del país te envidiarían, chiquito; te acabás de coger a Eva”. Ni dos días habían pasado cuando llego a casa y me encuentro a la vieja llorando en la cocina, rodeada por dos canas de civil. “Desgraciado –me gritó–. ¿Cómo pudiste robar el collar de Evita?”

La joya estaba sobre la mesa. No la había podido reducir porque, según el Sosa, era demasiado valiosa para comprarla él y no me quería estafar. Los de Coordina no me preguntaron nada: me dieron una paliza brutal y me advirtieron que si contaba algo de lo del collar me reventaban. De esa esquina y del depto de los trolos los vagos nos borramos. Por eso los nombres que doy acá son todos falsos.

Fuente: Agencia Paco Urondo

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“Me emociona el arte cuando llega, cuando sirve” https://juanbotana.com/me-emociona-el-arte-cuando-llega-cuando-sirve/ Fri, 25 Nov 2022 10:23:18 +0000 https://cartaabierta.com.ar/?p=5564 La muestra es del artista visual Alejandro Marmo. Música y arte social se conjugan en encuentros mensuales en los cuales, desde esta semana, puede verse una “Hebe iluminada” junto a otras obras. Un viento suave ronronea entre la vegetación que custodia la Ruta 8, ahí donde el terreno se desmarca

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La muestra es del artista visual Alejandro Marmo. Música y arte social se conjugan en encuentros mensuales en los cuales, desde esta semana, puede verse una “Hebe iluminada” junto a otras obras.

Un viento suave ronronea entre la vegetación que custodia la Ruta 8, ahí donde el terreno se desmarca de la velocidad hacia los barrios bajos, los que crecen alrededor del parque industrial de Pilar, el más grande de Latinoamérica. En la calma de un sábado a la noche, a la altura de Fátima asoma un edificio iluminado de colores. Adentro, una escenografía multimedia conjuga trabajo y arte para recibir al visitante: es el taller museo del artista plástico Alejandro Marmo. Escenario ideal para el encuentro que, una vez por mes, convoca a vecinos y artistas a un espectáculo singular, cobijado bajo las figuras iluminadas de Leonardo Favio, San Martín, o la más reciente: “Hebe”, lista para ser instalada próximamente en la ciudad. 

La invitación a esta cita es sugestiva. Dice “De arte no entiendo nada”. Propone una tertulia alrededor de “un micrófono y 49 sillas”. Pero no es un karaoke. Es un show de artistas que rotan cada mes -para deleite de quienes llegan al taller-, organizado por el Grupo Octubre y la Fundación Arte en las Fábricas, que preside el artista reconocido por sus “personajes históricos” exhibidos en espacios públicos.

Pueden cantar Adriana Varela o Carolina Peleretti, Los Charros o Nico Matioli. La música teje su red entre las simbólicas obras de Marmo. Las que remiten inmediatamente, a las dos Evitas que “le cambiaron la cara a la ciudad”, como dicen los porteños. Fueron colocadas en 2011 sobre las fachadas norte y sur del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. En plena Avenida 9 de Julio. Le siguieron otras obras sobre ese boulevard: Padre Mugica, Arturo Jauretche. La apuesta fue: “Ganar la 9 de Julio para nuestros próceres”, explica Marmo a Página/12, con entusiasmo. Y se define: “soy punk”.

La noche

Al entrar al taller, las esculturas de Evita y Maradona cruzan miradas con Rosas, con Artigas, Favio, Gilda, Rodrigo Bueno. Los rostros delineados en acero llaman desde las paredes. Entre las mesas, La Virgen de Luján realizada con descarte de trenes y el Cristo Obrero, se agigantan entre una original colección de autos antiguos: todos “modelo nacional”.

“El arte que surge de la industria del deshecho nos revincula con el poder hacer”, sostiene el artista, revalorizando el mensaje de su obra, la que realiza con participación de obreros, desempleados o activos, y personas en distintas situaciones de exclusión. El camino transforma. En el inicio está la decisión de convertir “el rezago de las fabricas desmanteladas de los ’90, en el conurbano bonaerense, en arte”. La redención en la belleza. Al fin, eso es el arte, en su función social, reflexiona Marmo en su taller, mientras Adrián Colombo comienza a probar sonido para los boleros de la velada.

Las imágenes religiosas expresan el gesto humanitario sobre el cual Marmo -autodidacta, nacido en Tres de Febrero- construyó no solo arte religioso, desde ya, sino una filosofía que recupera desde el arte “la dignidad del trabajo”. Una versión sinfónica de “Me amas y me dejas” comienza a sonar y el artista explica el motivo de la convocatoria: “Uno debe alimentarse de lo humano. Y abrirse a una situación social implica adaptarse a lo que uno genera”, admite. Así nació este espacio cultural en su taller-fábrica. Marmo decidió tender manteles y compartir el pan con quienes ya lo conocen y con quienes llegan guiados por sus obras.

La obra

La presencia escénica de Alejandro Marmo en la performance creativa de la Argentina ya hizo historia. Lo saben quienes ven a Evita iluminada en la Ciudad de Buenos Aires, o al Maradona en Rosario. “Este lugar tiene que servir para generar proyectos de trabajo”, afirma sobre el taller. La prédica se materializa en “espacios productivos de trabajo”: el corte, el ensamble. Es así desde que comenzó a crear sus míticos personajes, con la colaboración de obreros desempleados, en los años ’90. 

En los pisos superiores del edificio se puede visitar el taller propiamente dicho. También los salones que alojan cientos de siluetas de rostros conocidos: San Martín, Belgrano, el santificado padre Brochero. Y en un espacio especial, desde esta semana, la magnificiente “Hebe iluminada”. 

La iconografía popular define la obra de Marmo. Los desclasados del sistema conviven entre abrazos, con los héroes de la argentinidad: Favio, Maradona, Charly García, Tita Merello, la silueta de las Islas Malvinas, incluso la del paraguas de Rucci que protegió a Perón en Ezeiza en 1972. La filosofía del descarte les da visibilidad, porque solo se completa el circuito creativo cuando la obra llega al espacio público. Y el proceso perdura ahí en la interacción permanente con el público, espectador, el simple transeúnte. Desde esta perspectiva, es una obra viva la de Marmo.

Y cómo ocurre en plazas y avenidas, museos y edificios de la Argentina, y de otros países como Italia, Japón o Dominicana, en la sala se produce la magia cuando comienza la música y surge el baile, al amparo de La Virgen del descarte. Muy cerca, centellea la figura de Rafaela Carrà. La noche es joven. Dentro de los autos antiguos juegan los niños. 

“Me emociona el arte cuando llega, cuando sirve” enfatiza Marmo. Palabras como: servir, transformar, descarte y arte; se conjugan cuando habla. En los comienzos “la transformación era apostar a la Argentina” repasa. Hoy, la Argentina está “contada desde una red social de hierro. Eso habla del lugar de donde soy, y de lo que uno puede ser y hacer, transformando” reflexiona. Marmo indaga, busca y transformar “el relato de la marginalidad”. Por eso solo la exposición pública de la obra completa el proceso creativo. Y sabe ubicarlas, con rigor: una Virgen del descarte, en el Vaticano, no es menor “porque interpela –afirma–, no solo a la propia iglesia sino a toda la sociedad”.

La historia

La sensibilidad en el trabajo social lo acercó a Jorge Bergoglio cuando el arzobispo todavía no era el Papa Francisco, claro. Hoy su Virgen de Luján, hecha con deshechos, es patrimonio del Museo Vaticano, como su Cristo Obrero. “Acá tenemos esta Virgen, que es hermana de la que está en el Vaticano y también el Cristo” señala. Las esculturas, enormes, también parecen bailar entre la banda y los automóviles. Y bendecir esta “vuelta al trabajo, desde el desecho”, la que propone Marmo.

En la escena, Yrigoyen y Frondizi están cerca de Rafaela Carrá y del Siam Di Tella “argentino” subraya el artista. Su imaginario abreva “en la Argentina post industrial y en lo productivo”. Desde ahí afirma que “hay que construir un sentido nacional, emocional”. “Por eso estos autos, porque todos se fabricaron en la Argentina: el Siam Di Tella, la Coupe 7000 de Fiat, la Coupe 1600, el Citroen 13CV”, enumera.

La capacidad transformadora del arte “no elitista” se convirtió en su decisión de vida cuando se encontró en una profunda crisis, en la herrería de su padre. Solo. Tenía 22 años. Del padre y de su madre armenia, que vivieron la guerra, cuenta, hereda el estoicismo que deviene en el punk. Y la ternura: su obra El abrazo expresa la emocionalidad de quien absorbió la desolación. Habla de “sublimar la melancolía” de sus ancestros para explicar el camino que se inició en esa herrería de Villa Bosch. Allí está la usina creativa desde la que diseña tanto la famosa serie de personajes “iluminados” como las Vírgenes o los Abrazos: “Te metés adentro de las situaciones que expresan las obras, de los dolores y del padecimiento insoportable, pero eso te da también una potencia tremenda. Eso es transformador” sostiene.

Obra flamante 

“Hebe iluminada”

La Hebe iluminada de Alejandro Marmo estará en la Ciudad de Buenos Aires. La pieza, terminada el mes pasado, se encuentra en el taller del artista para ser instalada próximamente.“Con Hebe me pasaron dos cosas: su figura me cautivó en los últimos años, más allá de lo que significa la causa de las Madres, que es para mí la agenda más trascendente de los últimos tiempos, como país. Me cautivó porque fue una figura punk. Frente a tanta perversidad, tanta hipocresía y tanta traición, Hebe abrió el cielo a una rebeldía incesante. Es absolutamente inspiradora para mantener la llama de la rebeldía”, puntualiza. “Por otro lado –continúa–, me hacía acordar a mi madre, armenia, peleadora, que no se cansó hasta el final. Ella partió hace 13 años y Hebe me conectaba con la lucha por la causa armenia, que es la del genocidio armenio y que tiene un espejo en la causa de las Madres, tan nacional”.

Fuente: Página 12

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