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Ganó la izquierda y la democracia francesa respira aliviada
La izquierda republicana obtiene una mayoría relativa en la Asamblea Nacional y la extrema derecha se repliega. Mélenchon reclama que el nuevo primer ministro sea de su coalición.
El domingo 9 de junio luego de perder las elecciones europeas el presidente Emmanuel Macron generó un terremoto político, disolvió la Asamblea Nacional y llamó a elecciones. La extrema derecha de Agrupamiento Nacional (RN), ganadora de la primera vuelta, tenía las mejores expectativas para obtener una mayoría de diputados en el balotaje. En sólo cuatro días La Francia Insumisa (LFI), el Partido Socialista (PS), el Partido Europa Ecología Los Verdes (EELV) y el Partido Comunista (PCF), armaron una coalición de izquierda, el Nuevo Frente Popular (NFP). Esta coalición, en base a un programa y a candidatos comunes, ha logrado ganar la mayoría relativa en la Asamblea Nacional, donde alcanza unos 190 diputados.
La segunda fuerza política en esta nueva Asamblea será integrada por la coalición oficialista, Juntos (E!), que ha sido la principal derrotada en esta elección que de 250 diputados baja a 160. Agrupamiento Nacional, triunfante en la elección europea, no alcanzó los objetivos en esta segunda vuelta electoral. Todos los sondeos de opinión daban a la extrema derecha como vencedora para este domingo 7 de julio. Jordan Bardella, el candidato a ser primer ministro en caso de triunfo de RN, afirmaba que tendrían mayoría absoluta en la Asamblea, es decir, 289 diputados. Pero la expectativa se ha visto frustrada, finalmente han quedado lejos de esa cifra, y hasta este momento alcanzan unos 140 diputados.
Desde que Macron fue reelecto en 2022, el gobierno ha estado en manos de la coalición oficialista que tenía la mayoría relativa. Esta realidad tal vez ha llevado a Jean-Luc Mélenchon, líder de LFI, grupo mayoritario dentro del Nuevo Frente Popular, a plantear que el presidente debe llamar a un miembro del NFP, presumiblemente para nombrar un primer ministro de esa fuerza política. Antes exigió la dimisión del primer ministro Gabriel Attal.
Primeros anuncios
Mélenchon anunció que las primeras medidas que debe tomar el nuevo gobierno es la de aumentar el salario mínimo, derogar la reforma macronista que aumentó la edad de la jubilación de 62 a 64 años y congelar los precios de productos de primera necesidad ; ideas pilares del programa de NFP.
Esta primera alocución luego del cierre de las urnas, desató la tormenta política librada en los medios de comunicación franceses.
El primer ministro Attal anunció, luego del discurso de Mélenchon, que presentará su renuncia este lunes.
Jordan Bardella, el gran derrotado de la jornada, si lo medimos por las expectativas que tenía hasta hace tan sólo 24 horas, habló de “alianza del deshonor” entre Macron, Attal y la extrema izquierda. Y esta fuerzas políticas que según Bardella encarnan una suerte de “partido único”, serían las responsables de frustrar a millones de franceses.
La realidad es que el frente republicano que formaron los socialdemócratas, la derecha liberal y la izquierda para impedir que la extrema derecha se hiciera con la mayoría, ha dado resultado, pero está lejos de ser una alianza de gobierno y mucho menos “partido único”.
¿Melénchon primer ministro?
A partir de este lunes se abre la discusión sobre quien será el nuevo primer ministro. La primera plaza la tiene el NFP. Dentro de esta coalición de izquierda deberán ponerse de acuerdo sobre un candidato a presentar al presidente Macron, quien es que debe nombrar al primer ministro, tal como lo establece la constitución. La figura que desata las pasiones encontradas es siempre la de Jean-Luc Mélenchon, el líder que le quita el sueño a las élites y los rivales políticos. ¿Será Mélenchon el nuevo primer ministro ? Muchos aliados se precipitan a negarlo, como el eurodiputado socialista Rafael Gluksmann o el secretario nacional del PCF, Fabien Roussel, que perdió su banca en la Asamblea.
El presidente puede nombrar como primer ministro a un miembro de NFP, o tratar de dividir a Nuevo Frente Popular explotando las diferencias hacia el interior de la coalición de izquierda, excluir a LFI y tratar de gobernar con NFP y otros aliados. También se especula con la formación de un gobierno de técnicos. Desde el entorno de Macron expresan su satisfacción por el freno puesto a la extrema derecha pero reconocen la incertidumbre sobre como será el próximo gobierno.
En Francia el presidente es el jefe de Estado, de las Fuerzas Armadas y lleva adelante las relaciones exteriores. Pero el gobierno del país es ejercido por el primer ministro y el resto de los ministros que componen su gabinete. Desde la presidencia de Sarkozy, entre 2007 y 2012, el jefe de Estado asumió un rol hiperpresidencial, desbordando las tradicionales funciones del poder ejecutivo, y Macron continuó con este estilo de gobierno. Por esto la oposición a Macron calificó al presidente de “Júpiter”, en referencia al padre de los dioses de la mitología romana. El resultado de las elecciones de este domingo sentencian el fin de la era jupiteriana. Pero lo más importante es que la ultraderecha antiinmigrante ha sido derrotada.
Esta novedad política es algo que continuaba celebrando una multitud en plaza de la República de París por la noche. La movilización social ha sido muy importante, desde el 9 junio pasado en que se vislumbró la amenaza de un potencial gobierno de extrema derecha en Francia. Los partidos políticos del arco republicano, los sindicatos, los movimientos sociales, artistas y deportistas se movilizaron, se expresaron y alertaron sin pausa contra el riesgo de un gobierno que restringiría las libertades y que atacaría la igualdad dividiendo a los franceses entre buenos y malos, blancos y negros, católicos y musulmanes… La gran movilización social está detrás del fracaso de RN y no sólo la estrategia de los partidos políticos que construyeron el dique republicano a la ultraderecha.
En este último mes fuerzas oscuras, latentes en la sociedad, se despertaron y sintiéndose mayoritarias se lanzaron abiertamente a atacar, insultar, amenazar a diferentes minorías. Se multiplicaron por estos días las denuncias de agresiones verbales y físicas por parte de personas homosexuales y otras diversidades ; de ataques islamófobos y de agresiones a inmigrantes africanos y asiáticos. El miedo se instaló en estos sectores sociales, la angustia frente a un escenario que parecía inevitable se ha desvanecido y la democracia respira de nuevo. Una palabra que describe el resultado electoral dentro de vastos sectores de la población francesa es alivio.
Las fuerzas de la derecha racista y autoritaria se repliegan y la encrucijada que enfrentó la sociedad dio el triunfo a la izquierda republicana, que defiende un modelo de justicia social y justicia ambiental. La mayoría relativa del Nuevo Frente Popular es el mejor de los resultados posibles para la República.
La batalla electoral que vivió Francia, podría verse como una lucha que libra el gran capital por incrementar sus márgenes de ganancias a costa de la degradación social. Las élites mundiales empujan a las sociedades a instalar gobiernos de extrema derecha que garanticen las políticas neoliberales que generan gran rechazo popular.
Francia ha tenido expresiones muy claras de ese rechazo, el movimiento de los chalecos amarillos en 2018 ; y la ola de huelgas y movilizaciones contra el aumento de la edad de la jubilación impulsado por Macron en 2023.
Frente a la resistencia de los ciudadanos a las políticas que aumentan la desigualdad, la respuesta del mercado pareciera inclinarse a la promoción de nuevos fascismos. De tal manera crean divisiones y enfrentamientos en el seno de las sociedades para continuar con las políticas neoliberales que comenzaron a aplicarse de manera experimental con las últimas dictaduras en Chile y Argentina.
El sistema de gobierno de democracia liberal no facilita las políticas de concentración económica y precarización del trabajo. El ascenso de las derechas se manifiesta en Francia y el mundo como una vía para consolidar el poder de los grandes grupos económicos. No obstante hoy la democracia francesa ha cosechado una victoria.
Fuente: Página 12
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]]>En su búsqueda de explicaciones, yendo de la superestructura a la base, a lo primario, a lo pasional, a lo irracional que es exaltado por el sonido ambiente mediático, Dubet se pregunta qué cambios subjetivos posibilitan esto, o mejor dicho, qué nuevas realidades, herramientas y discursos han generado en millones de personas la pérdida total de su identidad de clase, y la su reemplazo por una ira sin límite que ve en los líderes de la nueva derecha brutal un efecto catártico.
Es tan obvia la manipulación masiva en términos de acción psicológica, y es tan obvio que los beneficiarios de esta nueva derecha brutal no son los que los votan, sino los que desprecian a los que los votan, que hicieron falta innumerables operaciones reales y simbólicas para que millones de personas dejaran atrás la noción de clase y eligieran sumergirse en esa tiniebla emocional y social.
“La paradoja actual es que mientras crecen las desigualdades, se borran las clases sociales. Este mecanismo se debe a la transformación en el trabajo, el retroceso de los reductos obreros, y la expansión del consumo de masas”, dice Dubet, y a uno le viene a la cabeza la Gestapro, la frase “ojalá tuviéramos una Gestapo” para sindicalistas. Los sindicatos, incluso con sus grises y sus usurpadores, son el útero de la fraternidad entre trabajadores. Y son el sostén de una conciencia que la nueva derecha brutal quiere descartar.
“La producción de desigualdades se ha transferido a los individuos, en nombre de la igualdad meritocrática de oportunidades”, dice Dubet. Y uno escucha “agarrá la pala”o “vayan a trabajar”. La vida es vista como una competencia deportiva en la que gana el mejor: en este punto confluyen ceos y neopentecostales en estas latitudes. La meritocracia es propalada como un nuevo pensamiento mágico según el que alguna ley natural hace triunfar a los que “se lo merecen” (Dubet: “los vencedores están convencidos de que no les deben nada a los vencidos)”. Esto no sucede en abstracto, sino que toma cuerpo en todos los niveles sociales.
La noción del mérito en reemplazo de la conciencia del lugar del que se proviene y del que se ocupa, borra también la idea de la justicia social y hasta de la necesidad del Estado. No quieren un árbitro que se inmiscuya en la valoración meritócrata, su gran coartada. Ese es el orden social de la nueva derecha brutal: la habilitación a pisotear a los que tienen menos mérito de uno, alguien que a su vez tendrá más mérito que otro. Del círculo virtuoso de la cooperación hemos pasado al círculo vicioso del descarte despreciativo.
Esta nueva derecha brutal cuenta con la tecnología para hacerlo: la infiltración en nuestras vidas y nuestras emociones es lo que les permite formatear sujetos desorganizados, desvalorizados, tan iracundos por su insatisfacción que son capaces de cosas atroces, como gatillar dos veces contra una vicepresidenta.
Millones de personas han hecho su instrucción en este modo triste de estar en el mundo mirando televisión, escuchando radio, leyendo diarios. Se cocinó el salto a la ira contenida de millones de personas que ya no se perciben como trabajadores o desempleados, sino como seres despreciados que quieren venganza.
Son poco tenidas en cuenta las emociones dominantes en una fuerza política. No es un punto de vista frecuente. Y sin embargo, los que promueven la época de las pasiones tristes, el mundo lleno de desesperados, son los responsables de que la vida de absolutamente todos se haya degradado. Que respiremos ira, odio y desprecio. Cuando lo que nos gusta a nosotros es la alegría, la nuestra y la de todos.
La lucha es política y emocional. En esta época de pobreza expandida y riqueza concentrada, no requiere mucho esfuerzo advertir que el primer paso hacia la recuperación de la alegría son los estómagos. Panza llena, corazón contento. Después viene todo lo demás.
Fuente: Página 12
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