El espejo mágico no dará respuesta
Esos amigos poderosos que nos quitan los muertos
no rozan en parte alguna nuestras ruedas.[1]
Polvo y arena es lo que hay,
ni siquiera lamentos en la boca del huérfano
o duendecillos atizando la angustia
para sangrar corazones y arrullar desvelos.
Mamá Gansa devoró junto al fuego
las crías de años postreros,
la tumba de Broceliande quedó vacía
y la Reina Roja blindó su cuello
ofrecido en el cadalso de Nunca Jamás.
Pero, ante tales maravillas,
el espejo mágico no dará respuesta.
Reaccionar ante la angustia es —a veces— el infierno.
Poco a poco la intención se pierde
y todo parece tan pequeño
como la corona de Arturo en el fondo del lago
o el ego del bardo y sus humores agrios.
Victoria Marín Fallas
[1] Rainer Maria Rilke.

