“Hasta donde pueden llegar las burlas”. Por Juan Botana

“Hasta donde pueden llegar las burlas”. Por Juan Botana

Comentario sobre el libro “La causa justa” de Osvaldo Lamborghini.

“En la biblioteca ingobernable de un linotipista erudito, no tan viejo, pero al borde de la muerte (un nombre con varias pronunciaciones –Luis Antonio Sullo-, infatigable en su lucha para que los libros dijeran lo que alguna vez susurraron: no leía más, pero sus subrayados eran perfectos”.

Y quizás el primer párrafo de la primera parte del libro “La causa justa” de Osvaldo Lamborghini y la idea del subrayado, anticipen el mundo de hoy donde la gente subraya y no lee, o escanea o sentencia. Y con suerte retiene frases o prejuicios. Tal vez de entrada sorprende su forma de narrar: “Lo que alguna vez quisieron decir, y lo dijeron, mucho mejor que sus rayas debajo de las letras, lo que querrán decir alguna vez –no se los ve muy apurados, aquí, aquí, el presente) al borde de su última herejía, porque así mueren los histéricos, antes llamados posesos, de cáncer a los 56 años: Buenos Aires, aquí el presente”.

Para continuar en la segunda parte del libro con: “El hombre que nace culón, el hombre que nace nalgudo, durante toda su vida arrastra ambos motes a la vez: culón, nalgado”. Y aquí comienza la historia de Nal, con las burlas a un culón y que por eso era puto. Y enseguida el quieren que lo cojan, etc. Todo ese clima de sarcasmo en un partido de fútbol de solteros contra casados. De hombres, todos hombres, después de la oficina. Y los chistes tan comunes entre machos que aquel que no hace tal cosa es gay o quiere pija y así. Y la palabra empeñada de uno de ellos, que si tal cosa debía chuparle el miembro y eso se lo hacen cumplir con la amenaza que si no se dejaba, lo cagaban a piñas.

Hace tiempo escuché a una mujer trans decir que el 80 por ciento de los hombres se sienten atraídos por otros hombres. Me pareció una exageración, pero sí que es muy común entre supuestos machos, el chiste de que el otro es maricón o puto. No hay más que ir a un colegio de varones –como fui yo- o escuchar los cánticos de una hinchada a la otra en una cancha de fútbol (cuando hay visitantes).

Pero aclaro: yo fui a un colegio secundario solo de hombres y no había un puto ni para muestra. Pensaban que alguno, pero nada más. También era común arreglar las cosas a las piñas a la salida del colegio, en la vía del tren o en la esquina. Cosas que ahora estarían mal vistas. Además, era habitual para nosotros ducharnos en los baños todos juntos y vernos desnudos. Incluso siendo menores veíamos a hombres grandes tirarse el jaboncito al piso para que se agacharan y cagarnos de risa por el tamaño del pito de uno u otro y hasta los medíamos poniéndolos en una mesa. Y en ningún momento alguno sentía atracción por el otro. Si estaba reprimido debía ser mucho porque no aparecía el deseo ahí, era solo una burla.

Pero para Lomborghini no. Pasa de ese chiste de machos a la obligación de cumplir con la palabra empeñada y hacerle un bucal a otro, obligado, hasta que al final de libro parece que le gustaba y que estaba enamorado, y nadie o todos lo sabían.

La historia del libro no es buena, salvo la narrativa. Sin embargo, nos permite entender un presente de bullying, escrito en o publicado en Barcelona en 1983, del que no nos dábamos cuenta. Y de hombres entre hombres de día y con mujeres de noche, como los animales o tadeys del cuento.

“Había amado a Jansky”. Sí, lo amo: pero muy complicado, él incapaz de amar. Los celos, el amor, Filipinas y el dibujado ridículo. Complicadísimo ovillo, vergonzoso y la pradera: La gran llanura de los chistes”. Que no son. “Los años nos eximen –por fin- de comentarios. Los putos siempre fueron objeto de acoso y de burla. El subrayado es de Sullo o mío.

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