Mi postura es clara y firme: estoy a favor de la vida.
Creo en la dignidad de cada ser humano desde su concepción hasta su muerte natural.
No podemos aceptar que una sociedad que habla de derechos convierta la muerte en una respuesta frente al dolor o la fragilidad.
El aborto elimina una vida inocente que aún no puede defenderse, y la eutanasia propone la muerte como solución al sufrimiento.
Una sociedad verdaderamente humana no descarta a los más débiles: los protege, los cuida y los acompaña.
Por eso seguiré defendiendo siempre la vida, especialmente la de quienes no tienen voz, porque cuando una sociedad deja de proteger la vida, empieza a perder su humanidad.
