El naufragio de las encuestas y el “Fin” de un relato en el Conurbano. Por Carlos Alberto Leiva

El naufragio de las encuestas y el “Fin” de un relato en el Conurbano. Por Carlos Alberto Leiva

La calle no miente, aunque los números a veces intenten disfrazarla. Pero esta vez, los fríos porcentajes de abril bajaron desde las oficinas de CB Consultora como un baldazo de agua helada en la nuca de la política bonaerense. El ranking de gobernadores soltó un dato que en La Plata dolió más que un bache en la Ruta 2: Axel Kicillof, el hombre que intenta timonear la “aldea gala” contra el avance libertario, aparece en el fondo de la tabla. Un 41,3% de aprobación que sabe a poco cuando el hambre aprieta y las cajas están secas.

La jugada está cantada en las esquinas. Me lo decían en el chat, con la claridad de quien ve la jugada antes de que el referí toque el silbato: “Es la jugada de Milei, empobrecer a la Provincia”. Y sí, se siente. Se siente en el recorte del Fondo de Fortalecimiento, en el boleto que sube como un ascensor y en esa asfixia financiera que busca que el vecino, ese que espera el bondi a las seis de la mañana, no mire hacia la Casa Rosada, sino que le eche la culpa al que tiene más cerca.
Es una guerra de culpas en un territorio que ya no aguanta más parches. Milei apuesta a que el barro de la gestión tape las promesas de Kicillof. Quiere que el ajuste tenga nombre y apellido provincial. Pero el gobernador resiste, se planta en la vereda de enfrente y dice que él es el “escudo”. El problema es que los escudos también se rajan cuando los golpes vienen de todos lados.

Y en medio de este ajedrez de necesidades, apareció el mensaje que retumbó como un portazo en una pieza vacía. El ensayista Carlos Alberto Leiva, ese “outsider” que mira la realidad sin anestesia, le mandó un telegrama digital a Kicillof que no necesitó más que tres letras y una frase de velorio: “FIN, mis condolencias”.

Usar el “FIN” de Adorni para certificar el acta de defunción política de un proyecto es, como mínimo, un bombazo de ironía. Leiva le leyó los derechos a un modelo que se queda sin nafta en medio de la autopista. Es la señal de que, para algunos analistas, la asfixia dio resultado y el ciclo está cumplido.

¿Quién paga los platos rotos? Siempre los mismos. Mientras en los despachos se tiran con encuestas y “condolencias”, en el Conurbano se sigue contando el cambio para el pan. La gran duda que flota en el aire, como el humo de un pucho que no se apaga, es si la gente va a comprar el relato del “castigo nacional” o si, finalmente, se va a cansar de esperar un milagro que no llega desde La Plata.

Por ahora, el tablero marca que la provincia más grande del país está en modo supervivencia. Y el “FIN” de Leiva suena, para muchos, como el último aviso antes de que bajen la persiana definitiva.

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