Cuando empecé a publicar mis poemas en las redes, un crítico y músico español, José Vicente Ríos, hizo una reseña sobre mi libro “Amores truncos” y en esa reseña puso que yo era un poeta chileno.
Tuve que aclararle que era argentino, pero entendí la confusión. Vio que nombraba a Pedro Lemebel, a las Torres del Paine y a las afueras de Santiago de Chile.
Lo de Pedro porque estudié su obra y publiqué un libro que se llama “Toda la voz de América en mi piel” y quizás mi manera de escribir esté inspirada en la de él. Torres del Paine es uno de los paisajes más lindos que vi y lo nombro. Y Santiago de Chile porque tengo un familiar que vive allí.
Lo de Poeta chileno por supuesto me queda grande. Excepto haber leído a Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha y Nicanor Parra. Incluso Pedro Lemebel podría ser incluido como poeta, como dice Juan Villoro.
A propósito, Poeta chileno es un libro de Alejandro Zambra que actualmente tengo en mi mesa de luz y recomiendo leer.
