Entrevista a Karina Miñano, escritora, poeta, profesora de escritura creativa y, desde hace poco, presidenta de la Asociación de Escritores Hispanos en Países Bajos. Por Juan Botana.
¿Por qué te mudaste de Lima a Nieuwegein?
En realidad, no fue directamente de Lima a Nieuwegein, sino de Lima a Ámsterdam. Llegué a los Países Bajos hace 22 años para estudiar en la universidad. En ese momento también estaba enamorada, así que la vida tenía varias razones para empujarme hacia aquí.
Después de mis estudios empecé a trabajar en una empresa donde aprendí muchísimo sobre marketing digital, que también es una de mis pasiones. Pero con el tiempo todo se fue acomodando (o confabulando) para que yo entendiera que mi camino más profundo siempre había sido la literatura.
Con el tiempo todo se fue acomodando (o confabulando) para que yo entendiera que mi camino más profundo siempre había sido la literatura.
Contame sobre tu actividad educativa-cultural
Soy escritora, poeta, profesora de escritura creativa y, desde hace poco, presidenta de la Asociación de Escritores Hispanos en Países Bajos.
La asociación nace de una necesidad muy concreta: hacer comunidad y dar visibilidad al trabajo de quienes escribimos en español desde aquí. Somos autores de distintas nacionalidades, reunidos por un mismo deseo: que nuestra literatura tenga un lugar dentro del paisaje cultural neerlandés.
Queremos tender puentes entre la cultura literaria de los Países Bajos y nuestro idioma. Escribir como migrante nos ha dado una mirada particular: observamos la tierra en la que crecimos desde cierta distancia, pero no desde la ajenidad; y al mismo tiempo miramos con atención la tierra que habitamos ahora, la que hemos adoptado.
Mi trabajo cultural en Países Bajos consiste en estrechar lazos con instituciones locales e hispanohablantes, crear espacios de encuentro y reunir a escritores que muchas veces trabajan en soledad. La escritura suele hacerse a solas, sí, pero cuando existe una comunidad, esa soledad se vuelve más fértil.
Mi trabajo cultural en Países Bajos consiste en estrechar lazos con instituciones locales e hispanohablantes, crear espacios de encuentro y reunir a escritores que muchas veces trabajan en soledad.
¿Querés hablarme sobre tus libros Mientras el roble cede a la noche y Remolino de sueños?
Mientras el roble cede a la noche es un conjunto de poemas que habla, por un lado, del duelo, las ausencias y los recuerdos; y, por otro, del renacer: de esa rama nueva que se abre paso entre la brisa y la promesa de una primavera.
Es un viaje íntimo por el amor perdido, por el vacío que deja una ausencia, pero también por una esperanza que, aunque frágil, nunca desaparece del todo. El libro está muy impregnado de naturaleza: mares que arrullan, cielos que resguardan, raíces que sostienen.
Creo que vivir en los Países Bajos transformó mi relación con la naturaleza. Yo vengo de Lima, una ciudad con pocas áreas verdes, donde no siempre es fácil detenerse a mirar lo hermosa, enigmática y poderosa que puede ser. Aquí, en cambio, los bosques, los parques, los ríos y la posibilidad de caminar sin miedo me han reconectado con una parte muy esencial de mí.
Los poemas de Mientras el roble cede a la noche fueron escritos a lo largo de varios años. Para mí, el libro es un refugio para quienes han atravesado una pérdida y buscan en la poesía una forma de seguir adelante con todo lo que duele, pero también con todo lo que queda.
Remolino de sueños, en cambio, es mi primera novela. Nace de una mirada latinoamericana hacia una comunidad muy presente en Europa: la comunidad musulmana. Cuando llegué a los Países Bajos, sabía muy poco sobre esa cultura y, como muchas personas, estaba influenciada por prejuicios nacidos de la ignorancia y del desconocimiento.
Con el tiempo comprendí algo que me marcó mucho: en situaciones extremas de desventaja, las mujeres y las niñas suelen ser las más olvidadas. Y la educación, que debería ser un derecho, muchas veces pasa a un segundo plano cuando lo urgente es sobrevivir.
La novela está inspirada en la vida de una doctora afgana que, después de emigrar a Occidente, estudiar y trabajar como cirujana, decide volver a sus raíces para llevar educación a niñas y niños de campamentos de refugiados afganos.
Latifah, la protagonista, debe reconectarse con sus orígenes después de muchos años fuera. Su mentalidad ha cambiado, pero sabe que su propia historia puede convertirse en una forma de esperanza para otras niñas y mujeres. Ella encarna la idea de que la educación no solo abre puertas: también despierta ambición, deseo de superación y conciencia de dignidad.
Remolino de sueños también habla de migración. Y, dentro de todas las migraciones, la migración forzada es una de las más crueles: no se trata de elegir otro país, sino de sobrevivir día a día, muchas veces dependiendo de la caridad y enfrentando el desprecio de quienes desconocen tu historia. En medio de todo eso, los niños suelen ser los más vulnerables.
La novela quiere dar visibilidad a esa realidad, pero no desde el discurso, sino a través de una historia de lucha, empuje, memoria y también amor.
Creo que vivir en los Países Bajos transformó mi relación con la naturaleza. Yo vengo de Lima, una ciudad con pocas áreas verdes, donde no siempre es fácil detenerse a mirar lo hermosa, enigmática y poderosa que puede ser.
¿De qué trata tu web Liberemos las palabras / Lo que queda?
Liberemos las palabras es un blog literario especializado en poesía y relato. Participamos ocho escritoras de distintas nacionalidades, y dos de nosotras somos las fundadoras.
El proyecto nació al inicio de la pandemia, cuando el confinamiento nos aisló de muchas de las actividades culturales a las que asistíamos en los Países Bajos. Junto a otras escritoras, sentimos que no queríamos quedarnos completamente encerradas en ese silencio. Entonces decidimos llevar nuestras inquietudes literarias a la web.
Durante cinco años funcionamos como un blog más artesanal, más amateur, y el año pasado dimos el paso de profesionalizarlo. Ahora queremos crecer, crear nuevos proyectos y, entre otras cosas, recopilar nuestros mejores relatos para publicar una antología.
Al comienzo pensábamos que sería un espacio solo para escritoras que vivían en los Países Bajos. Pero una de las cosas más hermosas de Internet es que permite que un texto viaje más allá de un país o una nacionalidad. Por eso el proyecto también se abrió a compañeras que viven en otros lugares del mundo.
Lo que queda es uno de mis relatos. Habla sobre la inocencia de la migración. Digo “inocencia” porque muchas veces se sueña con un país distinto sin saber realmente lo que implica dejarlo todo por una promesa.
El relato cuenta la historia de una persona que vive en los Andes y va a viajar a otro país para trabajar duro. Sueña con volver algún día con una maleta llena de regalos para su familia y para su mejor amigo. Pero el centro del relato no está en el viaje, sino en la despedida: en ese momento íntimo entre dos amigos, cuando todavía no se sabe todo lo que se va a perder.
Liberemos las palabras nació al inicio de la pandemia, cuando el confinamiento nos aisló de muchas de las actividades culturales a las que asistíamos en los Países Bajos. Junto a otras escritoras, sentimos que no queríamos quedarnos completamente encerradas en ese silencio. Entonces decidimos llevar nuestras inquietudes literarias a la web.
