Entrevista a María Eugenia Kromholc, Por Juan Botana.
¿Qué significa el número 7?
El siete aparece, con una persistencia llamativa, en culturas, mitologías, sistemas religiosos y tradiciones iniciáticas que no tuvieron necesariamente contacto entre sí. Esa recurrencia fue, justamente, lo que me llevó a investigarlo. No quería hacer un catálogo de apariciones ni reunir supersticiones alrededor de un número «mágico». La pregunta que me interesaba era bastante más incómoda: ¿qué realidad invisible necesita expresarse para adoptar una estructura septenaria?
Están los siete días de la semana, los siete planetas tradicionales, las siete notas, los siete colores del arco iris, las siete artes liberales, los siete grados de determinadas tradiciones iniciáticas. El siete aparece en la Biblia, en la Cábala, en Pitágoras y Platón, en la alquimia, en Oriente y en Occidente. Y aunque en cada tradición adquiere sentidos particulares, hay algo que persiste: el siete suele organizar una totalidad que no está quieta, una totalidad atravesada por el tránsito, el tiempo y la transformación. De ahí el título del libro: «el número perenne». Vuelve una y otra vez, en épocas y culturas que muchas veces no se conocieron entre sí, y vuelve también en nuestra propia experiencia cada vez que necesitamos comprender algo como secuencia, ciclo, proceso o transformación.
Además, el siete no parece agotarse en la suma de siete unidades. El seis puede pensarse como una estructura cerrada, equilibrada, mientras que el siete introduce una dimensión que desborda esa clausura. Hay algo en él que permite pensar simultáneamente la totalidad y aquello que la excede. Creo que buena parte de su potencia simbólica nace de esa tensión.
Hay una pregunta que todavía no termino de cerrar: ¿el ser humano inventó el siete para ordenar el mundo o reconoció una estructura que ya estaba operando en su experiencia? Sospecho que la respuesta no está completamente en ninguna de las dos alternativas. El símbolo trabaja precisamente en ese territorio intermedio: recoge algo que ya sabemos, pero al mismo tiempo permite percibir aquello para lo cual todavía no tenemos palabras.
Por eso, para mí, el siete no trae suerte ni sirve para adivinar el futuro. Es una estructura simbólica. Y comprender esa diferencia cambia completamente la manera de acercarse a él.
El siete suele organizar una totalidad que no está quieta, una totalidad atravesada por el tránsito, el tiempo y la transformación. De ahí el título del libro: «el número perenne»
2) ¿Qué encontraste en disciplinas como el Tarot, la Cábala o la alquimia que no te dan la filosofía o la psicología para acceder al conocimiento?
No lo plantearía como una oposición. La filosofía y la psicología nos dan herramientas enormes, y mi formación en psicología justamente me hace valorar ese diálogo. Lo que encontré en las tradiciones simbólicas es otro camino hacia el conocimiento, que trabaja con otros materiales y con otra lógica.
La filosofía se pregunta qué podemos conocer, qué es la verdad y cuáles son las condiciones del pensamiento. La psicología intenta comprender la subjetividad, los vínculos, la conciencia, el inconsciente. Las tradiciones simbólicas agregan una pregunta que me resulta fascinante: ¿qué sucede cuando aquello que queremos conocer no puede ser reducido inmediatamente a un concepto?
Un concepto delimita, define, establece fronteras. Un símbolo, en cambio, puede condensar varios niveles de sentido simultáneamente. Una imagen, un mito, un número, un arcano o una operación alquímica pueden poner en relación dimensiones que una definición aislada necesariamente separaría. No porque sean irracionales, sino porque responden a una lógica diferente de la explicación conceptual.
Eso fue lo que me atrapó del Tarot. No lo entiendo como un mecanismo para predecir el futuro, sino como un lenguaje de imágenes capaz de volver visible aquello que muchas veces se nos enreda cuando intentamos formularlo solamente con palabras. Una carta puede funcionar como una pregunta. Puede poner en escena un conflicto, una tensión, una contradicción. Y cuando esa imagen encuentra algo en quien la contempla, aparece una forma de conocimiento que no es exactamente información.
Con la alquimia me ocurre algo parecido. Durante mucho tiempo se la leyó principalmente como una especie de química primitiva empeñada en fabricar oro. Esa dimensión histórica existe, pero quedarse allí significa perder buena parte de la densidad de su lenguaje: muerte, putrefacción, disolución, separación, unión, fuego, agua, azufre, mercurio. Es un vocabulario material que permite pensar también transformaciones humanas. La Cábala, por su parte, propone una relación extraordinariamente particular entre número, letra y creación, donde el lenguaje no se limita a describir la realidad, sino que participa de una determinada concepción de su estructura. Y eso modifica profundamente la manera de mirar una palabra, una letra o un número.
Estas tradiciones no intentan eliminar la ambigüedad: trabajan con ella. Por eso tampoco siento que para acercarme al símbolo tenga que abandonar la razón o ingresar en una especie de territorio separado de «lo espiritual». El siete aparece, con una persistencia llamativa, en culturas, mitologías, sistemas religiosos y tradiciones iniciáticas que no tuvieron necesariamente contacto entre síólica sin convertir a ninguna de ellas en una verdad absoluta.
Después de diez años de estudiar lenguajes simbólicos, cada vez me interesa menos decirle a alguien qué tiene que creer y más observar qué empieza a pensar cuando cambia el lenguaje con el que mira su propia experiencia. Ahí encuentro el verdadero potencial del símbolo.
El siete aparece, con una persistencia llamativa, en culturas, mitologías, sistemas religiosos y tradiciones iniciáticas que no tuvieron necesariamente contacto entre sí
3) ¿Dónde podemos conseguir tu libro «7 El número perenne» y en qué lugares lo vas a presentar?
7 El número perenne es una edición de Esotérica Conejo Blanco Casa Editora y se consigue en nuestra tienda Casa Esotérica Conejo Blanco, en Villa Devoto, y online para todo el mundo (www.tiendaesotericaconejoblanco.com.ar) así como en redes @esotericaconejoblanco. Mi intención es que el libro pueda circular también fuera de Buenos Aires y llegar a librerías y espacios de estudio de distintas ciudades. En breve también estará disponible en formato digital en todas las plataformas.
Este libro está pensado para cualquier persona interesada en los símbolos, la historia de las ideas, los números, las religiones, los mitos y las distintas formas en que las culturas intentaron pensar aquello que excede la experiencia inmediata.
La primera presentación será en Buenos Aires el viernes 2 de octubre, en el Palacio Cangallo, Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1242, CABA, en el marco del Salón del Libro Masónico. Hacer la primera presentación del libro ahí es muy interesante porque el siete ocupa un lugar fundamental en el simbolismo y en la tradición ritual de la masonería y poder contribuir a ese diálogo nutre muchísimo a la obra y a mi como artífice de la misma.
Después viajo a Córdoba, donde voy a presentar el libro en el 8.º Congreso de Tarot, en el Hotel Quorum, el 17 y 18 de octubre, junto con Expo Tarot y Esotérica Conejo Blanco. También me interesa mucho ese contexto porque el libro parte del problema del siete en el Tarot, pero rápidamente abre la investigación hacia Babilonia, Egipto, Pitágoras, Platón, la tradición bíblica y cabalística, el mundo grecorromano, la alquimia y distintas tradiciones iniciáticas.
Más adelante,habrá nuevas presentaciones en Buenos Aires y estamos trabajando en un recorrido por librerías de otras ciudades. El itinerario se va a anunciar a través de la editorial y de las redes de Conejo Blanco.
7 El número perenne es una edición de Esotérica Conejo Blanco Casa Editora y se consigue en nuestra tienda Casa Esotérica Conejo Blanco, en Villa Devoto, y online para todo el mundo (www.tiendaesotericaconejoblanco.com.ar) así como en redes @esotericaconejoblanco
4) ¿En qué anda y qué otras cosas va a hacer la Casa Editorial Esotérica Conejo Blanco?
La editorial es, probablemente, el proyecto que más me entusiasma en este momento. Conejo Blanco nació como casa esotérica, pero a medida que me fui involucrando cada vez más con los lenguajes simbólicos y estos saberes herméticos, se me despertó la necesidad de difundirlos, de que este espacio se vuelva una casa de libros, de estudio y de conversación, y el sello editorial es una consecuencia natural de esa idea.
El primer libro propio es 7 El número perenne, pero ya estamos trabajando en otros proyectos. Una de las líneas que estamos desarrollando consiste en recuperar textos fundamentales de la tradición esotérica occidental que hoy son difíciles de conseguir en castellano, o que circulan en ediciones antiguas, fragmentarias o poco cuidadas.
Uno de ellos es Los Números, poder oculto & virtudes místicas, de William Wynn Westcott, una figura central del esoterismo británico de fines del siglo XIX, cuyo trabajo sobre los números dialoga de manera muy interesante con las preguntas que atraviesan mi propio libro: el número como estructura, como lenguaje y como principio simbólico. La intención no es reeditar el pasado como una pieza de museo, sino volver a ponerlo en conversación con el presente a través de ediciones comentadas aporten un valor agregado. Publicar a estos autores no significa venerarlos: significa leerlos, discutirlos, contextualizarlos y ver qué tienen todavía para decirnos.
Vivimos en un momento en el que hay una cantidad enorme de información disponible y, paradójicamente, cada vez menos orientación para atravesarla. Una editorial puede hacer algo más que poner libros en circulación: puede recuperar fuentes, dar contexto, establecer relaciones y proponer un recorrido de lectura.
Y quiero que Conejo Blanco siga siendo una casa, una libreria especializada en esoterismo y tradiciones, con libros, pero también con clases, encuentros, radio y conversaciones alrededor de esos libros. Me gusta la idea de que alguien pueda entrar buscando un libro de Tarot y termine, una hora después, hablando de Warburg, de un mito griego, de un símbolo alquímico o de una idea de Jung. Esa mezcla me interesa mucho más que una tienda de objetos.
Creo que existe un patrimonio enorme de pensamiento simbólico que todavía puede leerse con rigor y con curiosidad, sin solemnidad y sin renunciar al pensamiento crítico. Estudiar un símbolo no obliga a dejar de pensar; puede ser, incluso, una manera de pensar más profundamente.
Quiero que Conejo Blanco siga siendo una casa, una libreria especializada en esoterismo y tradiciones, con libros, pero también con clases, encuentros, radio y conversaciones alrededor de esos libros
