Ejercer violencia desde las redes, síntoma de pequeño mundo

Ejercer violencia desde las redes, síntoma de pequeño mundo

En la actualidad, las plataformas digitales y las redes sociales han dejado de ser meros canales de transmisión de información para convertirse en el epicentro de la esfera pública y política. Sin embargo, este corrimiento de los ámbitos tradicionales de discusión hacia la virtualidad ha traído consigo una degradación sistemática del diálogo. Cuando el poder político y la máxima magistratura del Estado recurren a la descalificación personal, al insulto y al agravio desde sus cuentas oficiales, no solo se erosiona el debate democrático, sino que se evidencia una preocupante contracción del pensamiento: un síntoma claro de lo que podemos denominar un «pequeño mundo».

El detonante reciente que puso a figuras como el periodista Luis Novaresio en el centro de la tendencia digital ilustra a la perfección esta dinámica. La reacción enérgica y descalificadora del presidente Javier Milei frente al análisis periodístico expone un mecanismo de respuesta donde la discrepancia intelectual no se rebate con ideas, sino que se intenta anular mediante la agresión. Como bien señalan diversas entidades periodísticas —entre ellas ADEPA—, si bien un funcionario público tiene derecho a criticar o a refutar coberturas mediáticas, el uso del insulto desde la investidura presidencial deteriora profundamente las reglas del juego republicano y las bases del respeto institucional.

Frente a esta escalada, el repudio a todo acto de violencia discursiva se vuelve una postura no solo ética, sino indispensable para la salud democrática. Cuando la confrontación política se reduce al agravio y al ataque ad hominem, lo que se empobrece es el intercambio de ideas. Quien necesita descalificar al otro para sostener su discurso opera desde una posición de escasez argumentativa; encierra su visión de la realidad en un universo hermético e intolerante donde la pluralidad es percibida como una amenaza insoportable. Ese es el verdadero rostro del «pequeño mundo»: un espacio mental y político incapaz de tolerar la disidencia, que confunde la firmeza con la grosería y que reduce la política a una lógica de amigos y enemigos.

En definitiva, la violencia digital ejercida desde el poder no es una mera anécdota de redes sociales ni un estilo de comunicación inofensivo. Es el síntoma de una regresión cultural que empobrece a la sociedad en su conjunto. Recuperar la sobriedad en el debate público, exigir el respeto institucional y sostener canales donde la diferencia de opiniones no derive en la agresión son tareas urgentes para evitar que la democracia quede atrapada en las coordenadas estrechas de ese pequeño mundo intolerante.

Carlos Alberto Leiva

Written by:

Carlos Leiva nació un 20 de Diciembre de 1970 y se crio en Estación Rivadavia, a la vuelta de la ex ESMA. Es un artista multifacético, ensayista de literatura narrativa, escritor y editor de contenidos culturales, políticos y sociales. Escribe de cultura, viajes y lugares para visitar. Asesora por X (twitter) a políticos argentinos, entre ellos Mauricio Macri. Es especialista en SEO y posicionamiento web. Dirige urbanocotidiano.com
View All Posts
Follow Me :