Me niego a crecer del todo.
A tomarme la vida con seriedad absoluta, a convertirme en una
persona lúgubre y abrumada solo por
las responsabilidades,
a no disfrutar de las charlas que no
lleven a ninguna parte y no quieran
arreglar el mundo.
Me niego a no quitarle peso a los
problemas, por complejos que estos sean,
a pensar que en la vida hay más
imposibles que posibles.
Me niego a dejarme convencer de que no
existen soluciones, por más difícil que
parezca.
Me niego a no creer que, si se quiere,
siempre habrá una manera.
A dejar de ser yo con mis locuras e infantilidades.
A no disfrutar de reírme
por nada o reírme por todo.
Me niego a cambiar, a que pretendan cambiarme.
A dejar de decir lo que siento.
A no jugarme por los sentimientos.
Me niego al qué dirán; siempre habrá
quien no esté conforme.
A permitir que
me lleven por la vida a ciegas.
A dejar de creer, de soñar, de desear,
de acompañar a quien me necesite.
Me niego a dejar de ser yo completa.
A pensar que el amor no es lo más
importante y el motor que nos impulsa.
Aún vivo, siento, amo, sueño, deseo, creo y puedo.
…A pesar de todo.
