Entrevista a Florencia Ghio, escritora, abogada penalista y especialista en violencia familiar, autora de “De cuello blanco”, “Aguas turbias” y “El Ciudadano”. Por Juan Botana.
¿Cómo se detiene la violencia familiar?
No hay una sola medida que alcance. Hay que escuchar a quien la está padeciendo, creerle, protegerla y acompañarla; y, al mismo tiempo, intervenir sobre quien ejerce la violencia y exigirle responsabilidad. También es clave que las instituciones actúen coordinadamente y a tiempo. La respuesta penal puede ser necesaria, pero por sí sola no resuelve el problema: hacen falta prevención, educación y un cambio cultural que deje de naturalizar el control y el maltrato.
Para prevenir la violencia familiar hacen falta prevención, educación y un cambio cultural que deje de naturalizar el control y el maltrato.
¿Por qué una abogada penalista quiso escribir novelas?
En realidad, empecé a escribir mucho antes de ser abogada: a los doce años escribí una pequeña novela, y en la adolescencia seguí con cuentos y poesías. Después retomé la escritura y encontré en la ficción un espacio para explorar preguntas que también me acompañan en mi trabajo: qué pasa cuando alguien queda frente al poder, cómo se construye una idea de justicia y qué consecuencias tienen las decisiones de las instituciones. La experiencia profesional me aporta una mirada, pero mis novelas son ficción.
Encontré en la ficción un espacio para explorar preguntas que también me acompañan en mi trabajo: qué pasa cuando alguien queda frente al poder…
¿De qué tratan De cuello blanco, Aguas turbias y El ciudadano?
El ciudadano cuenta la historia de Franklin Bustamante Pari, un joven peruano que llega a Buenos Aires con el sueño de ser poeta y queda atrapado en el sistema penal. La novela habla de inmigración, vulnerabilidad, prejuicios y justicia.
En Aguas turbias, Aleida San Martín, un personaje que aparece también en El ciudadano, atraviesa una crisis personal y profesional e investiga un homicidio ocurrido en la Patagonia diez años antes. Un padre y su hijo parecen haber sido convertidos en chivos expiatorios. Es una novela de suspenso, pero también sobre la búsqueda de justicia y sus límites.
De cuello blanco ficcionaliza la causa Coppola, la del jarrón, y se mete con el poder, la ambición política, la manipulación de pruebas y la exposición mediática. También pregunta qué ocurre cuando la justicia se convierte en espectáculo. Aunque parte de un caso conocido, la novela construye personajes y situaciones de ficción.
Qué ocurre cuando la justicia se convierte en espectáculo.
¿Cómo te llevas con difundir tus obras en medios, redes, paneles, presentaciones, ferias de libros, etc.?
Es una parte que todavía estoy aprendiendo a transitar. Me siento más cómoda escribiendo que hablando de mí, y exponerse siempre da un poco de vértigo. Pero también disfruto mucho cuando puedo conversar con lectores, contar cómo nació una novela y escuchar qué les pasó con ella. Las presentaciones y las ferias hacen que los libros encuentren nuevos lectores, y eso es muy gratificante.
Me siento más cómoda escribiendo que hablando de mí, y exponerse siempre da un poco de vértigo.
¿Hasta dónde querés llegar con tu escritura?
Me gustaría seguir escribiendo y encontrar nuevas historias que me conmuevan y me desafíen. Mi deseo más profundo es crear una obra que quien la lea no pueda soltar y que, cuando la termine, la extrañe.
Me gustaría seguir escribiendo y encontrar nuevas historias que me conmuevan y me desafíen.
