Leído por Juan Botana
En la biblioteca inembargable de un linotipista erudito, no tan viejo pero al borde de la muerte (un nombre con varias pronunciaciones – Luis Antonio Sullo-, infatigable en su lucha para que los libros dijeran lo que alguna vez susurraron: no leía jamás, pero sus subrayados eran perfectos. Lo que alguna vez quisieron decir y lo dijeron, mucho mejor que sus rayas debajo de las letras, lo que querrán decir alguna vez – no se los ve muy apurados- aquí, aquí el presente) al borde de su última herejía, porque así mueren los histéricos, antes llamados posesos, de cáncer a los 56 años: Buenos Aires, aquí el presente.
