Es tan fácil firmar el acta del naufragio y soltar las manos, declararse vencidos ante el tribunal del cansancio y la inercia,creyendo que el amor ha muerto cuando solo está sepultado bajo las densas capas de facturas, platos sucios y alertas de agenda. Las parejas se despiden porque confunden el fin del asombro con el simple peso físico de dos cuerpos que olvidaron cómo mirarse. Es el camino corto: romper el espejo antes de limpiar el polvo que lo empaña.
