Estas poesías forman parte del libro “Dicho sea de paso. Hojas suelta” de Rolando Mariña

Estas poesías forman parte del libro “Dicho sea de paso. Hojas suelta” de Rolando Mariña


I


Se me ha muerto una palabra.

Con ella, yo jugaba.

Era cosa de magia:

iba y venía

como una paloma.

De tan mía, era fácil cuidarla.

Andaba por ahí, suelta y alada. Muchas veces

el juego era escondida o mancha.

Otras, el circo: cósmica carpa

en que ensayaba su salto mortal.

Se me ha muerto una palabra…

Conmigo, ella jugaba.

Aún, a veces, se presenta,

ella y yo simulamos

fugazmente.

Pero es un cadáver

embalsamado.

Y con los cadáveres, mi amor,

no se juega.

XII

A menudo me olvido

de la esencial tristeza de mis huesos

y alzo una copa

y me sonrío.

Otras veces me olvido

de la esencial caducidad de todo el resto

y porque llueve o truena

me hago un lío.

Y de olvido en olvido

va la historia.

Vivir

es un traspié de la memoria.

XXV

Un cálido refugio

en la montaña áspera y fría.

Un tesoro secreto; la llave del arcón

el mapa y el velero.

Un hogar tibio y perdurable

a dónde el alma vuelve

y vuelve…

con el ritmo del mar.

Oasis.

Seno pronto.

Bálsamo y sueño.

Es cierto que no es cierto

Pero ¡cómo abriga

saber que más allá del espacio y el tiempo

un corazón

ha dicho, para siempre: ¡te quiero!

Ha rezado la única oración:

te quiero por los siglos

de los siglos

amén.

XXX

Mi hijo camina solo.

Se me ocurren dos versos.

Mi mujer me ofrece un trago y un beso.

Llueve en la tarde

y descubro, por enésima vez,

al amigo que quiero.

Borges me da un destello.

A alguien doy una mano.

Vivaldi me hace señas

desde su convento veneciano.

Me oscurecen el alma las noticias.

Sonrío con orgullo: mi hija hereda el piano.

Es esto lo que tengo.

Por eso a los que urden sin cesar la trama

de la Gran Salvación,

les pido: déjenme un lugarcito

y un momento. La vida es eso.

Y es lo que necesito

para dejar un dejo

en algún corazón

y seguir vivo.

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