Te arrancaron de mis días,
Padre,
como arrancan la luna de la noche,
dejando al cielo sin cante.
Te arrancaron de mi abrazo,
como arrancan la raíz de un árbol,
dejando la tierra muda,
dejando mi infancia en llanto.
Te busqué en rotos reflejos,
en esquinas donde se vende la vida,
en reptiles ojos de hombres,
que llevan destino en la frente… la ruina.
Pero eras tú, siempre tú,
currando los mares sin fondo,
con tu paso marcado por el tiempo,
con tu piel rasgada de horizontes.
Nos alejaron de ti,
como si el mundo quisiera engañarnos,
como si la mentira pudiera borrar la sangre,
como si al alejarnos de ti nos endulzaran las horas,
pero, tu esencia es más fuerte que la muerte!
Entonces, cuando la tarde se hizo cenizas,
cuando la calle guardó silencio,
cuando los balcones se llenaron de sombras,
tus pasos llegaron.
Así, Al final de tus días,
cuando la vida misma quiso cerrarte los ojos,
como si la vida se desvaneciera en humos,
Nos encontraste,
Tus abrazos que…
me fueron cortados,
se abrieron cual perfume de relámpagos,
y nos diste ese abrazo que, el destino nos robó.
Hoy me atraviesan todavía,
me quiebran y me construyen,
haciéndome llorar en silencios,
cuando la calle recuerda tu andar.
Tu amor me trae a tu tierra,
de cante jondo, no seré ya juzgada,
por ti, callarán las lágrimas, luego aplaudirán,
dejándome la certeza que la vida, aunque nos niegue,
también nos sabe devolver lo perdido.
Lo lograste Gitano,
al final de tus días…
¡Nos pudiste Encontrar!
De la Antología “Mi alma grita”
