Entrevista a Ana Caldeiro, escritora, autora de Trenes vacíos, La continuidad del viento y Una habitación hecha de silencio, su próxima novela. Por Juan Botana. La foto es de Adolfo Rozenfeld.
¿Qué podés contar de tu próxima novela?
Una habitación hecha de silencio nace como un llamado de mi propia historia (¿cuándo no es así?). Esa daga que llega del pasado y, como diría Fito Páez, nos lame los pies —alguien dijo alguna vez que nunca nos recuperamos de nuestro lugar de origen—.
Un grupo de chicos y chicas llegan a Buenos Aires a estudiar. El telón de fondo son los convulsionados y extraños años 90. Hablar por teléfono es caro, el pueblo está lejos, Buenos Aires es lo único real. Recorren la ciudad “como si todo se tratara de medirla, desmenuzarla hasta en sus rincones más absurdos, estudiar al enemigo para mantenerlo a raya”.
La soledad y el deseo se retuercen con furia y habitan sus días. Una pensión en un antiguo PH, unos vecinos inquietantes, una habitación desde la que se observa y se construye un relato. Una oportunidad, al fin y al cabo, para comprender quiénes son.
Una habitación hecha de silencio nace como un llamado de mi propia historia (¿cuándo no es así?).
¿Qué satisfacciones te dio tu libro Trenes vacíos?
Trenes vacíos ha sido siempre un sueño de esos que se tienen, justamente, viajando. Y como todo sueño, llega y se queda, impone sus grietas. Cada cierto tiempo recibo mensajes de personas que lo han leído y me agradecen el haber “inventado” esos cuentos. Cuando nos contamos esa mentira de que escribimos “para nosotros” suceden estas cosas y entiendo que escribimos para conectar con otros, lo sepamos o no.
En Trenes vacíos suceden búsquedas y transformaciones, lo real trastabilla porque ¿qué es lo real? Si un pequeño insecto alado amenaza una tarde apacible, si los árboles comienzan a desaparecer, ¿qué es lo que queda de nosotros? Hacerme esa pregunta junto a otros es algo que me llena de satisfacción.
Entiendo que escribimos para conectar con otros, lo sepamos o no.
¿Qué te gusta de escribir reseñas de libros?
Escribir una reseña es dejarse atravesar por una historia, con entrega, pero sobre todo con honestidad. No puedo escribir sobre un libro sin dar cuenta con detalle de aquello que se rompió en mí al leerlo. Es la única forma en que sé hacerlo, y tal vez por eso no lo hago tan seguido.
No puedo escribir sobre un libro sin dar cuenta con detalle de aquello que se rompió en mí al leerlo.
¿Cuando empezás un texto nuevo, ya tenés pensado el género que va a ser (ensayo, novela, etc) o eso lo decidís después? Contame cómo fue la operatoria para alguno de tus libros o textos.
Siempre tuve la teoría de que los textos llegan a mí por su cuenta. No puedo sentarme a convocarlos, hacen su aparición cuando a ellos se les ocurre.
Escribí un cuento entero en el andén de una estación de tren, sentada en el suelo, en el reverso de unos apuntes de la facultad, dejando pasar una y otra vez el tren que me tenía que tomar. Escribí cuentos en bares, en esquinas, escapando de la lluvia, o despertando de un sueño (porque muchas veces, soñé cuentos enteros).
Cuando escribí mi primera novela, La continuidad del viento, tenía en mis manos un montón de personajes que habían llegado en distintos momentos. Necesité años para entender que eran parte de lo mismo y cuando lo hice, se ensamblaron en una producción coral con una armonía sorprendente: habían llegado todos desde el mismo lugar.
Por eso cuando los textos llegan los recibo con felicidad, los habito y los expulso. Y al principio, por supuesto, no sé qué son. Es la cuota de racionalidad (virginiana, podría agregar) la que después se encarga de catalogarlos. Ahí aparece mi veta obse: inauguro archivo, mido, clasifico, hago correcciones. Pero lo más lindo de escribir, es esa primera llegada, salvaje y un poco torpe.
Pero lo más lindo de escribir, es esa primera llegada, salvaje y un poco torpe.
