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]]>¿Cómo es que sale un disco de Mercedes Sosa grabado en Suiza en 1980?
Este disco es el resultado de una conjunción de voluntades y un profundo respeto por la historia. Surge por iniciativa de Producciones Matus, bajo la visión de Agustín Matus y Araceli Matus, quienes llevan adelante la enorme responsabilidad de custodiar y difundir el legado de su abuela. Se trata de una grabación recuperada de un concierto en Suiza durante 1980, un documento sonoro que se mantuvo como un tesoro guardado y que hoy ve la luz gracias a un trabajo integral de restauración.
Desde mi rol en Estudio de Mastering Analógico Casa Rara, el desafío fue capturar esa esencia europea del concierto y traducirla a una experiencia auditiva moderna sin perder su características esenciales.
No solo trabajé la voz de Mercedes y la guitarra de su companero histórico, Nicolás ‘Colacho’ Brizuela, sino que el proyecto buscó una coherencia estética integradora. Un ejemplo de esto es la participación de Nicolás Baumgartner, quien realizó una investigación gráfica exhaustiva de la época para crear una tapa que no es solo una imagen, sino un viaje visual a 1980.
Se trata de una grabación recuperada de un concierto en Suiza durante 1980, un documento sonoro que se mantuvo como un tesoro guardado y que hoy ve la luz gracias a un trabajo integral de restauración.

¿Sentís que remasterizar este disco es una forma de rescatar a Mercedes y a tantos del exilio?
Absolutamente. Remasterizar este concierto grabado en Suiza es traer un fragmento de nuestra historia de vuelta al presente. En 1980, Mercedes estaba en plena madurez artística pero atravesada por la distancia forzada de su país. Al trabajar sobre estas cintas, siento que estamos rompiendo simbólicamente ese exilio. Es un acto de reparación que Agustín y Araceli Matus han impulsado con mucha valentía para que el patrimonio de Mercedes no sea algo estático, sino algo vivo, en continuo movimiento.
Remasterizar este concierto grabado en Suiza es traer un fragmento de nuestra historia de vuelta al presente. En 1980, Mercedes estaba en plena madurez artística pero atravesada por la distancia forzada de su país.

¿Dónde y cómo se puede conseguir el disco?
Este es un lanzamiento de escala internacional producido por Producciones Matus. El disco estará disponible en todas las plataformas digitales de alta resolución, permitiendo que la voz de ‘La Negra’ llegue a cada rincón del planeta de forma inmediata.
Hemos puesto un cuidado obsesivo en que la calidad del streaming refleje fielmente el proceso de mastering analógico que realizamos.
Este es un lanzamiento de escala internacional producido por Producciones Matus. El disco estará disponible en todas las plataformas digitales de alta resolución.

¿Qué creés que significa Mercedes Sosa para los argentinos, para Latinoamérica y para la música en general?
Mercedes es la gran tejedora del cancionero latinoamericano. Ella fue el punto de encuentro donde se abrazaron autores fundamentales como Milton Nascimento, Charly García, Silvio Rodríguez, Víctor Jara y Violeta Parra. Su figura trasciende géneros: es el estandarte de la identidad continental. Para Latinoamérica, ella representa la voz de la dignidad, y para nosotros los argentinos, es un símbolo de coherencia que unió el folklore con el rock y la música de autor.
Lo que lograba junto a Nicolás ‘Colacho’ Brizuela en el escenario era algo sagrado; Colacho no solo la acompañaba, sino que entendía los silencios y la profundidad de su mensaje. Ese legado es el que Agustín y Araceli Matus defienden con este proyecto.
Para mí, como ingeniero de sonido y miembro de instituciones como AATIA Asociación Argentina de Técnicos e Ingenieros en Audio, Recording Academy y Latin Grammys , trabajar en este disco es un honor y una responsabilidad.
“Mercedes no es solo nuestra historia; es un estándar de excelencia artística que sigue vigente y que hoy, con este nuevo lanzamiento, vuelve a demostrar por qué es una de las intérpretes más grandes que ha dado la humanidad.”
Mercedes es la gran tejedora del cancionero latinoamericano. Ella fue el punto de encuentro donde se abrazaron autores fundamentales como Milton Nascimento, Charly García, Silvio Rodríguez, Víctor Jara y Violeta Parra.
Mercedes es la gran tejedora del cancionero latinoamericano. Ella fue el punto de encuentro donde se abrazaron autores fundamentales como Milton Nascimento, Charly García, Silvio Rodríguez, Víctor Jara y Violeta Parra.
“Suiza 1980” está disponible en:
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]]>Siempre es una aventura componer, arreglar y grabar canciones, desde la lírica y las armonías hasta el arte de tapa. En esta ocasión ocurrió un ir descubriendo detalles y sonoridades propias de la producción de una disquera.
En las letras se van a encontrar con cierta mística y melancolía, además, muchas imágenes referenciales.
Atolón está integrado por: Julián Cermelli en bajo, Lautaro Luque en guitarra, Pedro Rodríguez en batería y Javier Veiga en guitarra y voz.
Grabamos en el estudio Machete, con mezcla y master del equipo de trabajo de Daryus.

Lista de canciones
Pausa de Viernes
Eran las Tres
Domingo
Palabras
Todo al Revés
Letra de Domingo
Amanecía en domingo temprano
Aquel fantasma era un fastidio
Me molestaba en RE sostenido
Tocaba el piano para calmarlo
Acordes raros lo distraían
Que hubiese sido me preguntaba
Fuimos perfectos no me lo olvido
Hoy es distinto hemos aprendido
El hilo del dolor, el viento y el vino
Todo, todo, me recuerda a Vos!!!
Sé que me estás buscando
Hace días lo siento
Estuve mejorando
Intensamente viviendo
Recuerdos esperando en la esquina
Danzan y flotan calle hacia abajo
Me toman por la espalda y suspiran
Un eco de risas dulces guardado
Aguanta y desafía la brisa
Me pide no me sueltes la mano
Fuimos perfectos no me lo olvido
Hoy es distinto hemos aprendido
El hilo del dolor, el viento y el vino
Todo, todo, me recuerda a Vos!!!
Sé que me estás buscando
Hace días lo siento
Estuve mejorando
Intensamente viviendo
Sobre Atolón:
Formamos la banda a mediados de 2016, desde entonces grabamos “Volumen 1” (2017), “ATOLON II” (2019), “Lo mejor del Vino” (2022) y “Trascendental” (2023), también filmamos seis video clips.
Estilo de la banda, influencias:
El segundo disco es una continuación del primero en cuanto a la esencia de la banda: rock, blues y baladas. Seguimos con el mismo estilo, con más intención rítmica, mayor carga en la batería y con armonías de guitarra propias de Atolón.
Influencias… mil. Las principales: Spinetta, Charly García, Gustavo Cerati, Pappo, Redondos, Ataque, Maná, El Tri, Leiva, Rolling Stones, Beatles, Led Zeppelin, Queen, The Cure, Foo Fighters y más y más y más.
Las letras tienen, en algunos casos, un componente social con carga rebelde; en otros, el foco está en la intimidad de la persona y los sentimientos básicos y profundos. El resto de las letras tratan sobre las relaciones de pareja.
Disponible en Cdbaby, Spotify, iTunes, AmazonMP3, Deezer, Tidal, y más plataformas. Siempre nos podés encontrar como: Atolón Rock.
Videos:
“Pesadilla Batman”, “Duerme Princesa”, “El Rock de Barrabas”, “Trátame suavemente”, “Todo al revés” y “Lo mejor del vino”.
Medios y redes:
Hemos sido incluidos en programaciones de Argentina, como AM750, Radio 10, La Mega y radios independientes. También destacados en los diarios NCO de La Matanza y El 1 de La Universidad Nacional de La Matanza, A24 y Ciudad Magazine.
Fuimos nominados a los Premios Gardel 2021, 2022 y distinguidos con el Premio Internacional Gaviota de Plata 2021, 2022 y con el premio Flor Nacional de Uruguay. Además premiados en el Festival Internacional de Chile SFAAF por el video “Lo mejor del vino”.
Podés escucharnos en:
Web: https://atolonrock.com/
Spotify: https://open.spotify.com/artist/1tKwqQgDVHx6TWvKm9aGNv/discography
Facebook: https://www.facebook.com/AtolonBandaRock/
Instagram: https://www.instagram.com/atolon.rock/
SoundCloud: https://soundcloud.com/atolonrock
YouTube: https://www.youtube.com/channel/UC1DQUc-udgQo3w1Wti3wcVw?view_as=subscriber
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]]>The post El primer disco de folkgrunge de Huss Garcés hace historia en la escena independiente mundial. Por Juan Botana appeared first on Juan Botana.
]]>Por primera vez un disco de la escena independiente bate récord de ventas en España y 32 países. Se trata de “Pasen, acomódense y salgan como puedan” de Huss Garcés o Le Clotét Avec Garcés en Facebook.
Con un solo disco autogestionado y creando su propio estilo, el Folkgrunge, que fusiona la música ancestral de Sumeria con el grunge icónico de Seattle, al estilo Nirvana o Morphine, mítica banda de culto referente para el músico catalán afincado en Finlandia.
El trabajo “Pasen, acomódense y salgan como puedan” es el álbum más vendido en más países y ya cumple 10 años llegando fuera del mainstream en cinco continentes como Oceanía, Asía, América Latina, África y Europa, siendo galardonado a premios internacionales como “Mejor disco debut y mejor videoclip/single por Dovelike Man”, en Bélgica 2015; y “Mejor disco extranjero y sencillo” por el single “Spies in the city of the Word”, en los Estados Unidos.
En su décimo aniversario es considerado el trabajo más disruptivo de los últimos 15 años por diferentes revistas internacionales como Rolling Stone, Ruta 66, La Carne, EFEME, La Vanguadia, El Periódico, Magazine Mondo, Sonoro, El Mundo, Weatnu Magazine (Estados Unidos), Farenheit Magazine (México), Lazi Indie Magazine (India), Lansi Savo (Finlandia), Dojo Indie Magazine (Reino Unido), Le Chant Independent (Emiratos Árabes), Seattle Post (Estados Unidos); medios televisivos de la talla de LATAM y en radios independientes, lo que ayudó mucho a que se venda en diferentes países.
El desembarco en los Estados Unidos
Su irrupción internacional en los Estados Unidos se produjo gracias a la aparición de su música en las radios independientes, donde fueron descubiertas leyendas del mítico sonido sucio de Aberdeen y alrededores.
Leyendas del grunge como Dave Grohl de Foo Fighters; Bean Cobain, la hija de Kurt Cobain; Kim Thayil; Chris Cornel de Soundgarden; Billie Amstrong de Green Day; Pat Smear, miembro de Nirvana; Maynard James de TOOL, Ian Mackaye de Fugazi, que empezaron a seguir y tener contacto por las redes sociales con Le Clolet en Instagram. Y Huss como agradecimiento a sus propios referentes les envió copias de su disco firmado, cumpliendo un sueño merecido por su incansable tenacidad obsesiva en el trabajo invisible y construir un nombre único en la escena musical.
Después de esto consiguió que Sub Pop Records a cargo de Dereke Erdman le pidiera una copia para negociarle un contrato con el histórico sello americano de Seattle, siendo muy pocos los que logran conseguirlo. “Estamos delante de un nuevo talento que no camina en la misma dirección que los demás y eso lo hace salvaje, atractivo, interesante, indomable, pero sobretodo imprevisible”, dijo. Y esto ante tanta cosa parecida en la industria musical muerta de frescura y riesgo es un hallazgo. Un estilo propio hecho por una persona real que solo quiere ser ella misma, no otra copia de David Bowie, imitar a Michael Jacson o Madonna, o verse tentado por la salida fácil del reggaeton o el trap.
Con solo un disco ha demostrado que vivir de la música fuera de la industria musical que construye proyectos narcisos sin valores que nutran a nuestros jóvenes es posible con determinación, sin importarle los críticos de rock que solo se atreven a publicar artículos sobre Bob Dylan o Taylor Swift.
Los comienzos
El disco se publicó de forma autogestiva en España el 11 de noviembre de 2013 y por entonces fue vendido en 18 países fuera de su país natal. Con trayectoria previa como amateur durante 5 años, Huss brindó 1.454 conciertos en diferentes países para medirse ante el público y evaluar si en un futuro podría ser profesional. Y la respuesta fue sí. Fue ahí que lanzó una maqueta “Cuando los superhéroes callan” con su sencillo “Le Noir Gauche”, el cual fue premiado en Canadá y Francia en revistas independientes como “Mejor single extranjero del mes” donde ya mostraba sus influencias de los días grises de Seattle y su sonido genial.
Actualmente en Finlandia
Luego de la hazaña en los Estados Unidos se instaló en Finlandia donde vendió una gran cantidad de discos, que lo llevaron a tocar en festivales independientes.
Lo que demuestra a las claras que se puede hacer una carrera autogestiva, autónoma, sin dejarse arrastrar por las modas, el marketing y los proyectos que proponen las grandes compañías discográficas, llevando el minimalismo del jazz a fusionarse con el grunge para crear el Folkgrunge y ser Huss.
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]]>El rapero se llevó la estatuilla de Oro en reconocimiento al mejor Álbum del año por “Bien o mal” y tres distinciones más. Dante Spinetta fue otro de los grandes vencedores de la velada al quedarse con cuatro galardones. Todos los ganadores, categorías y nominados.
La 25º edición de los Premios Gardel tuvo al rapero Trueno como el ganador de la estatuilla de Oro, en reconocimiento en la categoría Álbum del año por “Bien o mal”, en un evento que se desarrolló en el estadio Movistar Arena del barrio porteño de Villa Crespo.
“Si no fuera por mi familia de músicos, no tendría este sentimiento, nos vamos a morir con el micrófono en la mano, porque esto nos da vida. No sé qué decir porque no me esperaba esto a mis 21 años”, expresó Trueno, quien se perfilaba como el favorito al ser el artista más nominado.
El sucesor de Wos como máximo vencedor en estos premios, quien partía como principal candidato con nueve nominaciones, también se hizo acreedor de la estatuilla a la Grabación del Año por el tema “Argentina” junto a Nathy Peluso, a Mejor Disco de Música Urbana y a Mejor Colaboración por su participación en el tema “Sudaka” de Dante Spinetta, el otro gran ganador de la velada con cuatro reconocimientos.
Con su disco “Mesa dulce”, el ex Illya Kuryaki and The Valderramas, quien competía en siete categorías, se alzó con el galardón a Productor del Año, Ingeniería de Grabación y Mejor Canción de Rock por “El lado oscuro del corazón”.
Así, los dos máximos ganadores de la noche organizada por la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif) sintetizaron el cruce generacional que marcó el pulso de esta nueva edición, en la que clásicos y nuevos referentes se repartieron las estatuillas.
A continuación, la nómina completa de los que se llevaron las estatuillas, la categoría en la que compitieron y los nominados en cada rubro:
Fuente: Página 12
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]]>Llevaba veinte años queriendo hacerlo. De hecho, había empezado a sacarse las ganas a fines de los ‘60, en los psicodélicos tiempos de Os Mutantes (cuando consiguió incluir una versión de “Lady Madonna” en el disco A banda tropicalista do Duprat, que el grupo lanzó en 1968), y siguió en los ‘70 (cuando hizo “And I Love Her” en su primer disco solista, Build Up) y a fines de los ‘80 (con “The Fool On The Hill” en su primer y pionero disco acústico, Bossa & Roll).
Que Rita Lee se decidiera a hacer un disco entero de canciones de Los Beatles era sólo una cuestión de tiempo. Ahora que se dio el gusto, el resultado, como casi todas las cosas que ha hecho en su fenomenal carrera, es impecable.
Resumo su trayectoria. Hija de padre yanqui y madre italiana, esta paulista nacida el 31 de diciembre de 1947 fue el corazón del legendario grupo Os Mutantes (el lado psicodélico del Tropicalismo que inventaron Caetano Veloso, Gilberto Gil y Tom Zé en los primeros ‘60), se reformuló como rockera con la banda Tutti Fruti a comienzos de los ‘70 (su disco Fruto Proibido es histórico para el rock brasileño, y su tema “Arrumbou a Festa”, escrito a medias con ¡Paulo Coelho!, fue una de las más ácidas sátiras a la MPB), la dictadura la sometió a un mes de cárcel y un año de arresto domiciliario en el 76 (estaba embarazada, le descubrieron un poco de maconha en una redada antidrogas), se enamoró de Roberto de Carvalho, guitarrista de Ney Matogrosso, que la ayudó a poner en el mapa mundial el pop brasileño en los 80 (recordar “Lança Perfume”, “Mania de Vocé”, “Baila Conmigo”, etc.), se separó y desapareció de la escena cuando se hizo adicta a los tranquilizantes (se dijo que tenía leucemia, que un amor lésbico la había llevado al borde del suicidio, que estuvo en coma por su hábito de beber té de veneno de serpiente), volvió con gloria cuando Mick Jagger la invitó a telonear los conciertos de los Stones en Rio (de allí salió el potentísimo disco en vivo Marca da Zorra) y David Byrne editó en su sello de world music los viejos discos de Os Mutantes.
Pero además hizo historia en la televisión brasileña con los quince episodios del programa TVLeezao (remake del delirante show radiofónico Radioamador), donde hacía gala de una creatividad y un histrionismo que siguen imitando hasta el día de hoy todos los nuevos “transgresores” de la pantalla brasileña, convirtió en objeto de culto dos películas por haber actuado en ellas (Fogo e Paixao de Isay Weinfeld y Marcio Kogan, y Tanta Estrela Por Aí, donde encarnó al mítico Raul Seixas y se llevó el premio al mejor “actor” en el Festival de Gramado) y ganó el premio nacional de literatura infantil con su saga de tres libros de aventuras ecológicas: Dr. Alex na Amazonia.
En suma, esta mujer está más que acostumbrada a generar expectativas y salir airosa de los riesgos que asume. De ahí que todo Brasil esperara un nuevo capítulo de esta saga casi épica cuando la Lee anunció que iba a hacer un disco entero de canciones de Lennon y McCartney. Pero lo que se proponía Santa Rita era otra cosa: un “viaje” privado a su dormitorio de la preadolescencia, cuando pasaba horas escuchando a Los Beatles en su Wincofon mientras dibujaba sin parar las caras de sus ídolos “en el papel en el que venía el envuelto el pan que traía su padre a casa todas las mañanas” y hasta lamía la manzana de la etiqueta de Apple “para que esa música terminara de invadirle las entrañas”.
Hay algo de ceremonia privada en el hecho de hacer covers que, por lo general, es traicionado tarde o temprano en esta clase de proyectos: sea por ampulosidad del intérprete, por excesiva “obediencia” al original o por mera falta de química, la costumbre –devenida negocio– de “versionar” canciones ilustres termina decepcionando a propios y extraños (los fans del intérprete y los del compositor original). Rita Lee camina por esa cuerda floja a lo largo de todo el disco, titulado Aqui, Ali, Em Qualquer Lugar en su edición brasileña y bautizado Bossa ‘n Beatles parasu lanzamiento internacional, o al menos argentino, que además le suprimen dos temas: una versión en portugués de “Can’t Buy Me Love” y la de “Here, There and Everywhere” que allá le daba título al disco.
Los dos temas que lo abren muestran cuán alto y cuán bajo volará: primero hay una formidable versión de “A Hard Day’s Night” (un poquito más ralentado que el original, exquisitamente “quemado” por una gran dirty guitar de Roberto de Carvalho y la mortífera batería de Joao Barone, de los Paralamas do Sucesso) y, a continuación, una muy fallida “With a Little Help From My Friends” (jamestaylorizada: sin percusión, con una guitarra acústica y un acompañamiento de mellotron asquerosamente dulzones). Lo que sigue no vuelve a caer tan bajo salvo en “Michelle” (tan trucha como el original: hasta incluye el acordeón, a cargo de un tal Toninho Ferraguti que hace honor a su desafortunado nombre). Hay dos versiones de “If I Fell”: la inglesa es casi anónima de correcta; la portuguesa, en cambio, fundamenta y potencia la melancolía del arreglo con una letra más femenina y herida que la original (en lugar del “quiero enamorarme” beatlesco, Rita la convierte en un “espero que esta vez no duela tanto”).
Con “All My Loving” pasa algo similar, pero menos feliz: sin batería, y jazzeada, la urgencia beatlesca (que parecía decir “te voy a extrañar pero en realidad no veo el momento de estar lejos ya”) pierde el humor, que se convierte en “no me fui y ya te extraño”. La versión de “In My Life” combina a la perfección la melodía original con los acordes disonantes del arreglo bossa y esa percusión ambiental hecha de ruiditos cristalinos que era la marca de fábrica de Naná Vasconcelos. (Además, la voz de Rita suma un delicioso aire de “es lo que hay” a la frase beatlesca “with a love like that…”).
La revancha del inefable Toninho Ferraguti viene con “I Want To Hold Your Hand”, en una épica adaptación a ritmo de forró, callejera, potente, con mínima pero excelente percusión tachín-tachín jugando con el acordeón ahora roña de Toninho y la guitarra de Carvalho despeinando su prolijidad a veces irritante. “Lucy In The Sky With Diamonds” es otro gran momento: la voz de Rita se recuesta en un colchón de mellotrones que se hacen geniales en el estribillo, donde están rulados a contrapelo (como pasando la cinta al revés), en una parodia de Enya y de las diferencias que van de lo lisérgico a lo new-age.
Originalmente, la idea de Rita Lee era hacer todas las canciones en portugués y tocarlas “con el desparpajo con que los músicos callejeros tocan los temas que les gustan para quien quiera oír”. Algo de cierto hay: a quién no le ha pasado oír un gran cover tocado por un tipo anónimo, en la calle, por monedas, con el instrumento que sea y en el idioma que sea, sin presiones ni más pretensión que la de apropiarse de esa gran canción al menos por un rato. Pero la industria discográfica es un mundo de tiburones y abogados.
Los propietarios de los derechos (no Michael Jackson, curiosamente, sino Northern Songs/Sony/ATV) vetaron el proyecto y sólo le dieron licencia para traducir cuatro temas, además de negarle el permiso para hacer otras canciones, incluso en inglés. Eso hizo que el disco quedara más “prolijo” de lo que ella se proponía: hay más McCartney que Lennon en el repertorio, lamentablemente. Y la “apropiación” queda inconclusa, porque es evidente que los arreglos terminaban de “fraguar” con las letras traducidas (basta ver las palabras en portugués que le pone a “Here, There and Everywhere”, donde se describe a sí misma en aquel dormitorio de su adolescencia, soñando con estrellas de cine y noviecitos y aventuras “en el blanco y negro que tienen los recuerdos vistos desde acá”).
Queda esperar que el éxito de los shows en vivo con que viene presentando el disco (donde Rita no sólo hace todas las canciones que quiere, incluyendo las prohibidas, sino que se da el gusto de hacerlas en portugués e incluye su potente versión de “I Want To Hold Your Hand” con el sensacional título “O Amor É Tao Cliché”) se conviertan, a su vez, endisco algún día, y por fin sepamos cabalmente qué efectos producía la etiqueta de Apple en la lengua de Rita Lee.
Fuente: Página 12
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]]>Ícono del rock de Brasil, Rita Lee murió a los 75 años, tras padecer un cáncer. Pionera de la escena musical brasileña, editó más de 30 discos y recibió decenas de premios a lo largo de 50 años de carrera.
Rita Lee, pionera de la escena musical brasileña, murió este martes a los 75 años. Sus atuendos extravagantes y sus canciones irreverentes, que hablaban de sexo, amor y libertad, se convirtieron en símbolos feministas. Por esa razón, para celebrar su vida, un resumen por algunas de sus canciones más destacadas.
Ovelha negra está incluida en el disco Fruto Proibido, lanzado en 1975. La canción es uno de los mayores éxitos de Rita Lee.
Rita Lee nació en Sao Paulo el 31 de diciembre de 1947. Debutó como cantante en la banda femenina Teenage Singers, cantando versiones de The Beatles y otros grupos extranjeros.
En 1966 formó el trío de rock psicodélico Os Mutantes, con el que alcanzaría fama nacional en pleno auge del “tropicalismo”, movimiento libertario que revolucionó la música brasileña en plena dictadura militar (1964-1985).
Fue con Caetano Veloso y Gilberto Gil, líderes del movimiento, que Rita Lee descubrió su “lado brasileño”. “Me aconsejaron sobre cómo hacer música brasileña, porque hasta entonces yo solo tocaba música ‘gringa'”, dijo Lee en el documental biográfico Ovelha Negra (2007), dirigido por el músico Roberto de Carvalho, su esposo y socio musical durante cuatro décadas.
Separada de Os Mutantes en 1972, continuó su carrera con la banda Tutti Frutti y luego como solista. Fue telonera del primer show de los Rolling Stones en Brasil, en 1995, y en 2001 publicó un disco con canciones de The Beatles en versión bossa nova.
Fuente: Página 12
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]]>The post El primer show propio de Bizarrap appeared first on Juan Botana.
]]>Con una impresionante escenografía como marco, el dj, compositor y productor de 24 años montó una performance atípica aún para la escena a la que pertenece.
No fue un recital, tampoco un DJ set. La denominación que mejor le sienta a lo que presentó Bizarrap en la noche del jueves, en el Hipódromo de Palermo, es la de show. ¿Performance quizá? ¿Live set? En la previa del evento, mientras el público ingresaba, alguien destacó el perfil marketinero del músico y productor. Digamos que hay que tener mucha pasta de entrepreneur para salir en la revista Forbes, la biblia de los negocios. Y el de Ramos Mejía apareció ahí en 2022, convirtiéndose en el primer artista latinoamericano de su generación en hacerlo. No le sucedió ni a Bad Bunny ni a Rosalía: le pasó a él. El año anterior, el conductor estadounidense James Corden lo entrevistó. Pero no lo hizo para su late night, sino para el encuentro empresarial Converge, organizado por la empresa Globant. De la tertulia, destacó una afirmación del álter ego de Gonzalo Conde: “Me reinventé”.
Una vez adentro del predio, lo primero que se percibía era la sensación de kermese y también de novedad. Detrás de la luminosa cadena de puestos de fast food, se erigía una especie de domo. A medida que se recorría, bien fuera por un extremo u otro, la estructura tomaba forma de plaza de toros. Al menos en las últimas décadas, no se vio nada así en Buenos Aires. En tanto el público se ubicaba en el campo, bajo el cielo abierto, detrás de ellos se alzaban varios módulos con un poco más de gente. Y enfrente de todos se encontraba el escenario. Cuando la luz brillaba, se distinguía el lugar que iba a ocupar el artista en la inmensa estructura. Parecía esas torres puntiagudas de la última planta de los rascacielos arte decó, como la del Edificio Chrysler. Sostenida en los costados por dos pantallas en las que se proyectaba merchandising relacionado a Biza.
En el medio de la tanda publicitaria, y justo cuando el viento gélido arreciaba desde la Costanera, llamó la atención una advertencia que sugería tener cuidado con los efectos que podía provocar la iluminación del show. De pronto, Bizarrap se subió a su nave, y el cohete 360 se encendió en su totalidad. Entonces deslumbraron las pantallas verticales apostadas a lo largo y ancho de ese coliseo cuya preparación, según contó la producción del show, llevó ocho meses. Es curioso: a pesar de su popularidad, que tuvo un alcance mundial a comienzos de este año con la sesión que protagonizó con Shakira, Bizarrap nunca había tenido una actuación propia ante el público local. Siempre lo hizo en el marco de algún festival. Por ejemplo, ya se había presentado ahí, en el Hipódromo de Palermo. Aunque como parte de la grilla del Buenos Aires Trap.
La última vez que Bizarrap se presentó en Buenos Aires o sus alrededores fue el año pasado, cuando cerró una de las noches del festival Lollapalooza. Para quien nunca vio su accionar en vivo, se trató de un justo muestreo de la manera como encara su performance. Si bien comenzó siendo un referente de la música urbana, a partir de sus BZRP Music Sessions, sus sets empezaron a empujar al trap y al rap hacia la música electrónica orientada a la pista de baile. Al mejor estilo de la escena EDM. Por eso su aparición en el set de Skrillex en el último LollaAR, fue más que significativa. Y es que era una suerte de bendición de uno de los tótems de ese movimiento, amén de gran influencia del nacido en 1998. Días antes de que Holanda se convirtiera en verdugo de la Argentina en el Mundial de Francia. Toda una paradoja de la ecuación, si se piensa en Qatar en términos de álgebra.
Luego de que un haz de luz verde girara en torno a todas las pantallas, como traccionada por una moto moviéndose de forma centrífuga, Bizarrap disparó la sesión que hizo junto a Nathy Peluso. Si hay un rasgo que atraviesa a su joven obra es que instaló el hecho artístico por sobre la tradicional manera de comprender la música. Entonces, en vez de títulos de canciones, hay número de sesiones. La de Peluso fue la 36, secundada por la 38, a cargo de L-Gante. La del boricua Eladio Carrión es la 40, mientras que la dl dominicano Chucky 73 es la 43 y la del chileno Polimá Westcoast es la 12. Así avanzó la hora y media de show, pero sin respetar el orden en que salieron a circular las sesiones en redes sociales. También fueron surgiendo en forma de mash up (mechando un pedazo de cada tema con otro), sin aferrarse necesariamente a la estética sonora original.
Pasada la media hora de presentación, la dinámica que el artista y su equipo de trabajo propusieron no se parecía ni siquiera a la de los festivales de música electrónica que se hacían acá. Puede que haya estado más cerca de una Tomorrowland, festival belga de música electrónica que se distingue por una decoración y puesta que simula mundos de magia y fantasía. En este caso, en el universo de Bizarrap hay robots bailando, castillos que se transforman en algo parecido a un iglú, humo que toma forma humana y seres nocturnos. Al momento de desenvainar la sesión junto a Residente, saltan imágenes circenses frikis al calor del flow: “Esto lo hago pa’ divertirme
Pa’ divertirme, pa’ divertirme”, versa el otrora Calle 13. Cada escena fue creada en torno al imaginario o la letra de los temas. O al menos están inspiradas en ellas.
En medio de toda esa catarata de números, sesiones, luces e imaginarios en los que también cabe Lionel Messi (hubo un tramo dedicado a él) en versión 3D, irrumpió el convidado de la jornada: Duki. Juntos hicieron el tema parido en la sesión 50, y sumaron uno más, pero esta vez del artista invitado: “Givenchy”, lo que decantó en una declaración pública de admiración. Fue uno de los pocos pasajes en los que habló Bizarrap. Y cuando lo hacía, no tenía el mismo poder de su música. No es un arengador nato, y él lo sabe. De hecho, lo confesó en la última parte del evento: “No sé si saben que éste es mi primer show propio. No me salen las palabras, no soy expresivo”. Y le agradeció a esa masa de gente que agotó no sólo esa función, sino también la del viernes y la del sábado. Ahí soltó su hit con Shakira, y más tarde el del rapero Quevedo, con el que logró la consagración. La primera de tantas.
Fuente: Página 12
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]]>Trabajo injustamente ensombrecido por las luces de su antecesor The Wall y por las peleas internas, resultó una suerte de canto del cisne de la banda británica. Se destacó por su impronta antimilitarista.
La fecha no podía ser más sintomática. El 2 de abril de 1983, este domingo cuarenta años atrás, se cumplía apenas un año del desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas. Del inicio, por tanto, de una breve pero intensa guerra que terminaría poco más de dos meses después con una tragedia irremediable, a medir en vidas e intereses para el país. Fue pues aquel primer aniversario, el día escogido por Pink Floyd –todo Roger Waters, medio David Gilmour y un cuarto de Nick Mason, por entonces— para editar en Estados Unidos el bello y melancólico disco.
The Final Cut, se llamó. Un nombre que derivaba de múltiples sentidos. Pero dos de ellos, centrales: el del final –parcial, a vistas futuro– de la existencia de la banda, pero también el de una guerra infame que puede rastrearse a trasluz de sus canciones, de su autonomía, porque The Final Cut no fue, como Roger esbozó en un principio, un apéndice conceptual de su antecesor The Wall –de hecho se iba a llamar Spare Bricks (Ladrillos Sobrantes)– sino un trabajo con vuelo propio, holístico, en cuya clave se puede acceder a una mirada estética sobre Malvinas. Incluso desde un lugar difícil de concebir en inglés –el del dolor argentino– pero mucho menos desde la satisfacción inglesa por el triunfo.
De aquí el fruto atemporal de la obra. Una estela que parte de un ángulo de mirada equidistante, sensible, que apela al valor de la vida humana más allá de banderas, y el desvalor de perderla entre esquirlas, gritos y bombardeos. “No soy pacifista, pero me pone mal que se mate gente inocente”, dijo tras su edición Waters, quien no solo parecía ver la cara de su padre replicada en las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, sino también en la de cada muerto de Malvinas.
De esto habla la mayoría de las letras de The Final Cut, trabajo injustamente ensombrecido por las luces de The Wall, y las irremediables peleas en el seno de la banda. Impera entonces aprovechar el año redondo y traerlas al hoy. Releerlas y nombrarlas en castellano, a trasluz de los dos conectores que hilvanan la obra. El de “Maggie”, la inefable Margaret Thatcher a quien Roger acusa del hundimiento del General Belgrano y a la que, como inglés, le pregunta una y otra vez “¿qué hicimos?”, sin tener la más mínima respuesta (“Saca tus sucias manos de mi desierto”). Y el Eric Fletcher Waters, el padre de Roger muerto en la batalla de Anzio, cuando el niño tenía tres meses.
La canción emblema del disco rinde homenaje a él. Pero no solo. También desconoce barreras temporales y tienta una utilidad pedagógica. A cualquier estudiante de escuela media se le podría presentar hoy, mañana y pasado –de una manera entradora, claro– a Ronald Reagan, a Alexander Haig, a Menachem Begin, a Leonid Brezhnev, al “fantasma” de McCarthy, a Leopoldo Fortunato Galtieri, a las memorias de Richard Nixon y a los “magnates cárnicos latinoamericanos”, en apenas una escucha. “El hogar memorial de Fletcher” es en efecto el súmmum, la mejor manera que imaginó el autor para contrarrestar todos los males de ese mundo aterrador que poetizó: encerrar a todos –“Maggie” incluida– en un hogar de insanos, y aplicarles una especie de solución final, además de hacerles ver cómo fueron traicionados los sueños de los soldados que combatieron en la guerra (“Los sueños de pos guerra”).
El apocalipsis nuclear que ve venir el bravo vate británico por el retrovisor de su auto (“Dos soles en el poniente”), sumado a la absurda “fiesta en las calles” inglesas que recibe a sus héroes de Malvinas, o de cualquier guerra (“El retorno de los héroes”), completan un sentido de obra orgánica e ideológica difícilmente rastreable en la historia del rock. Un corpus de historias, visiones, ideas, posiciones frente al mundo, y miradas poéticas que no tendrían el mismo efecto sensorial de no ser por lo mejor de la música: la música.
Íntegramente compuesto por Waters, coproducido por James Guthrie y arreglado –también tocado– por Michael Kamen, The Final Cut implicó, implica e implicará también un viaje onírico por el universo del sonido. Atravesado por una atmósfera densa y tensa, sobrevolado también por calmos climas, la obra significó además el estreno mundial del sistema holofónico, diseñado por el italiano Hugo Zuccarelli. Una tecnología que posibilitó un sonido tridimensional apto para los efectos especiales que hacen ontológicamente al mundo sónico Floyd, pero que lamentablemente no pudo replicar en vivo, porque el disco nunca fue expuesto en público.
Las cálidas orquestaciones en –ahora va en inglés— “The post war dream” o “The Gunner`s Dream”–, no solo cumplen la función de arrullar al niño que sufre, y al hombre que muere, sino también la de desamparar al que mata. Y el tacto con que la National Philharmonic Orchestra entiende y expresa los arreglos de Kamen para arropar, junto a la voz de Waters, y la guitarra infalible de Gilmour a ese artillero que se piensa a sí mismo mientras muere (“The Gunner`s Dream”), es otro de los factores que hacen al sino del corte final.
Tampoco tendría el disco el brillo presente que lo defiende, sin esos dos solos memorables a cargo de Gilmour: el del tema epónimo –poco tiene tal que envidiarle al de “Comfortably Numb”— y el de “Your possible Pasts”, acciones ambas que sopesan con la nula incumbencia del guitarrista en la concepción de los temas, y la inexistencia de los teclados de Wright, que habían sido parte fundamental del Floyd clásico, además de la poca participación de Mason, tal como el baterista dejaría en claro, en la página 200 de su libro Dentro de Pink Floyd.. “Grabé algunas bases de batería y dediqué cierto tiempo a aparecer por el estudio para mostrar mi buena voluntad, y para recordarle a todo el mundo que todavía existía”.
Fuente: Página 12
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]]>Pese al agudo sentido de contemporaneidad del músico, su pasado cobró fuerza hasta llevarlo a dos funciones en el estadio. Y la primera fue pura emoción.
El reto más duro que impone la cultura popular estadounidense es el llamado “comeback”: el regreso contra todos los pronósticos. Desde el boxeador George Foreman, con su vuelta al ring en 1987, hasta Mickey Rourke, mediante su memorable actuación en The Wrestler, lo dejaron en evidencia. Incluso, Ernest Hemingway lo graficó en su novela El viejo y el mar a través de Santiago, su protagonista. Si bien la semblanza de Fito Páez le es ajena al gran público norteamericano, lo que el artista experimenta en este momento se ajusta a esa situación de hazaña, a pesar de que nunca dejó de hacer recitales ni discos. Ni siquiera para él estaba entre sus planes inmediatos volver a presentarse en un estadio, tal como lo encarnó en la noche del sábado en cancha de Vélez.
Lo cierto es que mientras en la pandemia preparaba una trilogía discográfica que daba cuenta una vez más de su infatigable ejercicio compositivo y de su deseo de ponerse a prueba constantemente, el pasado de Fito empezó a cobrar fuerza. Como nunca antes. Será por su agudo sentido de la contemporaneidad, lo que se refleja en buena parte de su caudaloso repertorio, a lo que además hay que añadir su deseo de dejar una marca registrada propia en cada una de sus etapas. Otra realidad a tomar en consideración es que, a falta de un Flaco, de un Cerati o de un García en actividad en esta época, la historia se encargó de darle a él la imperiosa bendición de comandar la continuidad de la tradición cancionera del rock argentino. Y ese legado ya se puede reconocer en proyectos como Conociendo Rusia o el tándem mendocino Alejo y Valentín, quienes estuvieron entre las 35 mil personas que asistieron a la primera de las fechas del músico rosarino en el barrio de Liniers.
Un rasgo adicional que distingue a Páez, tanto en el pasado como en este presente, es su fuerza de voluntad para el trajín. Al menos en la Argentina, pocas veces se vio que un artista parido en la cultura pop a atreva a sostener a lo largo de un año una misma serie de actuaciones. Como si no bastara con los ocho Movistar Arena que protagonizó en 2022 y un tour mundial, para celebrar las tres décadas de su disco El amor después del amor, el músico y compositor en medio de ese raid empapeló la vía pública porteña anunciando el apéndice del aniversario con un show en Vélez. Que de pronto fueron dos (repite el domingo 2), desatando de esta manera una nueva gira nacional y foránea. Esto, precedido por su inclusión en festivales veraniegos, el lanzamiento de un libro de memorias (Infancia y juventud), y una flamante reversión de El amor después del amor, además de una serie sobre su vida y obra que estrenará Netflix el 26 de abril, titulada igual que el disco.
Como preludio del recital que estaba por suceder en el José Almafitani, los alrededores del estadio se encontraban empapelados con el anuncio del biopic y los rostros de sus protagonistas. Una vez adentro del recinto, esto tomó profundidad, forma, movimiento y palabras cuando en las pantallas apostadas a lo ancho del escenario, a manera de abrebocas del desenlace, se proyectó el tráiler de la serie. De la secuencia, y sin ánimo se espoilear, se desprende un pasaje en el que el Charly García de la era de Yendo de la cama al living advierte, mientras mira la TV, que “el narigón lo estaba copiando”. Algunas décadas más tarde, ese narigón dejó en evidencia que es un artista que supo hacer de la gentrificación del ADN y de la herencia cultural una fórmula lúdica y moderna para expandir ya no el rock ni el pop, sino la música popular latinoamericana hacia lugares que nunca imaginó que podía llegar. Ahí cerquita de lo que construyó y constituyó Caetano Veloso.
Sin embargo, a Fito aún le gusta el glam del rock. Por eso, en vez de mostrarse de la forma tradicional, secundando a su banda y mientras sonaba de fondo esas bases a lo Soul II Soul del inicio del tema “El amor después del amor”, el icono decidió aparecer por el costado derecho del escenario. Con la luz del seguidor apuntándolo y la pantalla de fondo bombeando carmesí. Entonces, ataviado con ese traje victoriano cuyo granate parecía invocar al Nazareno de San Pablo, empezó a caminar y a reconocer a su gente. Al ritmo ralentizado y góspel de la canción que le dio nombre al disco que estaba celebrando. “Treinta años no es nada. Buenos Aires, va a ser una noche inolvidable”, advirtió el músico, al mismo tiempo que nacía la versión power pop de “Dos días en la vida”. Ya en el tercer tema apareció la primera invitada de la velada, Nathy Peluso, para alternar voces en una reversión a medio camino del R&B y del pop electrónico de “La Verónica”.
Después de saludar a Juanse, quien literalmente en ubicaba en primera fila, Fito puso en pausa El amor después del amor para tocar su himno “11 y 6”. Si bien en los Movistar Arena primero repasó el disco, tal cual como manda el track list, para más tarde revisitar el resto de su obra (lo mismo hizo, por ejemplo, cuando festejó los 30 años de Giros), en este caso fue mechando ese repertorio con varias etapas de su obra. Acto seguido invocó “Naturaleza sangre”, cuyo cierre dio la sensación de que aludía al tema de la serie Peter Gunn, y luego invitó a Fabiana Cantilo para hacer una canción que le dedicó: “Te aliviará”. Una vez que ella se despidió, arrancó “Tráfico por Katamandú”. Ahí vino la primera arenga del público para con el artista, a lo que este respondió con un “No me hagan emocionar”. Pero no pudo evadir esa sensación a lo largo de las dos horas y media que duró el show.
“Algo tienen estos años que me hacen poner así”, cantó a continuación en “Pétalo de sal”, como para representar el instante, apoyado por esos sintetizadores cósmicos. Si en la canción “Los años salvajes” se animó al spoken word, en “Yo vengo a ofrecer mi corazón” Fito cantó a capella frente a todo el estadio. Aunque en otras ocasiones lo intentó, esa noche estaba tan inspirado que le salió hermoso. Y, además, de un sólo tirón. No fue la única polaroid memorable, pues al toque sacó a relucir su amor por el funk con un fabuloso popurrí que comenzó con “Sólo los chicos” y terminó con “Yo te amé en Nicaragua”, picoteando en el medio “Tercer mundo” y “Nada más preciado”. Y empujando hacia el groove a “Gente sin swing”: todo un oxímoron. Tanto como la aparición del invitado menos esperado, el cumbiero Mala Fama, con el que compartió “Ey, You”. A esa canción le siguieron “Confiá”, “Fue amor” y la canción dedicada a su hija, “Margarita”.
Para adobar la circunstancia recitalera, Fito recurrió al espectáculo performático en el tema “Circo Beat”, recreando sobre el escenario la tapa del disco con caños que sugerían la situación circense y payaso incluido. Resulta que el clown era otro invitado: Alejo Llanes, del grupo Alejo y Valentín. Si eso fue la oda a la brillantez, la invitación a David Lebón fue la postal para la memorabilia del rock argentino. Juntos hicieron una versión con sabor blusero de “A rodar mi vida”, con la que despidieron el repertorio de El amor después del amor. El músico rosarino ya había hecho “Tumbas de la gloria”, “La rueda mágica” y “Brillante sobre el mic”. También hizo “Ciudad de pobres corazones”, aunque estuvo un tris de la sobredosis de rock. El momento inesperado sucedió en el bis, con el mash up entre “Boys Don’t Cry”, de The Cure, y Cable a tierra”. La apoteosis, finalmente, llegó de la mano de “Y dale alegría a mi corazón”, con el público dejando el resto. Luego de la fiesta y los papelitos ya no quedaba espacio para tanta emoción.
Fuente: Página 12
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