Por Carlos Fernando Villanueva
Cruel serpiente arrebata
con fina y sutil mordida
último hálito de su amada.
Eurídice ya en el río,
Orfeo, pena desgarrada,
llora el amor perdido.
No en la vida, si en la muerte,
reclamar piedad al Hades,
dejar todo a la suerte.
Con su canto, almas conmueve,
en primavera e invierno,
el sol oculto, si puede.
Rey y reina de Inframundo,
aceptan el buen retorno,
solo una condición será.
Orfeo, de alegre música
a pie emprenderá regreso,
será el infierno, paraíso.
En silencio tras sus pasos,
andará su bien amada,
solo a la salida en brazos.
Orfeo recorre enamorado
arduos senderos de fuego
y si duda, desamado.
