Ni vos ni yo,
quisimos darnos cuenta.
Del trajín, del mohín,
del desliz,
de horas inciertas.
¡Ni vos, ni yo!
Acaparó ternura
para brindarla luego.
¡Ninguno de los dos!
Digo… ninguno,
y en esta afirmación,
continúo.
Dónde está y a dónde va,
el darse cuenta.
