Los árboles siempre me acompañan.
Me miran, aunque yo no los mire.
Estiran sus hojas hasta el cielo
mientras me abrazan con sus ramas
y raíces.
A veces pienso que ese amor no lo merezco.
Que camino sin saber si hay un destino.
Y así pasan en la vida mis inviernos.
Otro infierno, los insultos,
la aguanieve y el granizo.
Otra vez un mal recuerdo
y tengo miedo.
Cierro los ojos e imagino
que no tiemblo,
que después del invierno
habrá otro invierno
y otro invierno.
Abro los ojos,
miro a un árbol
y a sus hojas,
las acaricio,
me tocan,
como si escribieran
primaveras.
