Javier, a veces un triunfo no es un triunfo. No es un triunfo ser presidente y cobrar un sueldo y que te alcance, mientras a millones no le alcanza para vivir. No es un triunfo no aumentarles a los jubilados o quitar pensiones a discapacitados, cuando no tienen posibilidad de tener un trabajo por su edad o condición. No es un triunfo desabastecer hospitales, porque miles de personas corren riesgo de vida al no poder ser atendidas a tiempo. No es un triunfo no arreglar rutas o autopistas, si por su mal estado pueden producir accidentes. Tampoco ganar una elección apática con una participación del 66 por ciento. Y mucho menos mantener la economía o el dólar estable a base de préstamos que no vamos a poder pagar.
¿Javier, vos me dirás por qué a los gerentes de empresas privadas o empresarios les encanta meterse en política? Prometiendo que van a achicar o a hacer eficiente el Estado y una vez que están no generan un peso. No logran que el país produzca más, ni consiguen inversiones, ni generan condiciones para que haya más trabajo, ni distribuyen mejor. Lo único que hacen es tomar deuda. Deuda del tesoro, deuda de los bancos, deuda del FMI, del Club de París y cuando se la gastaron toda ahora los Estados más poderosos del mundo como China o los Estados Unidos inventaron está genialidad para presidentes como vos o Massa que son los swaps. Y que los chinos le dieron a Massa o Fernández y los norteamericanos a vos. ¿Y después qué? Porque esos dólares no los podés tocar.
¿Javier, decime cómo vas a arreglar esto? Sumando dos macristas más o reuniéndote con algunos gobernadores, no alcanza. Pidiéndole al agro que te pague antes, tampoco. Regalando los recursos naturales a empresas extranjeras, ni siquiera lo conseguiste. Además, hay que esperar mucho tiempo y nos quita soberanía. Jurame, por favor, que la única idea que te queda no es bajar el sueldo a los empleados o dejar más gente sin trabajo. O lo que es peor, hacerlo por ley con una ley laboral o previsional que beneficie a empresarios y gente que ya está forrada en guita. En vez de beneficiar a quienes no la están pasando bien.
Porque vos llegás a tu casa y te comés un bife de chorizo. Porque de chico también comías churrasco y eso te ayudó a pensar. Así que si podés, contéstame si serías presidente sin cobrar un sueldo o cobrando un salario que no te alcance para vivir. Preguntale, si querés, a los diputados, senadores y gobernadores si están dispuestos a eso. ¡Como sacrificio digo! Preguntales a las familias históricas de la Argentina, si están dispuestas a donar parte de la que ganaron en intereses en su vida, no la que laburaron. Pediles a los empresarios que les paguen bien a sus empleados, en vez de promover una ley para perjudicarlos. En una de esas no tenés que pedir más guita afuera y las empresas de acá logran producir más.
No es un triunfo que te vote a vos o a tu frente, el 40 por ciento del electorado por miedo al kirchenismo o la inflación. Tampoco porque crean que sos el menos peor. ¡Vamos, Javier! Si vos venías por el bronce no por la guita. Y te creyeron por nuevo, no por liberal. ¡Mirá que el día que la señora que baila en el balcón se guardé, y se olviden ella, a vos no te votan más!
