No tengo claro por qué estudié la carrera de comunicación, supongo que porque me costaba expresar las cosas importantes que me pasaban y me gustaba preguntar. Y lo hice después de pensar en estudiar economía, luego sociología, hasta elegir Comunicación en la UBA. Y cuando buscaba trabajar en un medio de comunicación enviaba currículum a editoriales, radios, diarios o canales de televisión. Así que más o menos anduve por ahí.
Y uno se ponía contento cuando publicaban un texto de uno en algún lado, aunque sea en un correo de lectores. O te tomaban de un medio de cadete o para desgravar notas de algún periodista conocido o vender publicidad. Pero ahora la cosa es más fácil.
No hace falta que un editor, director de un diario, gerente de una radio o de un canal de televisión te publique o te contrate. Ahora te autopublicás y hasta podés generar tus propios ingresos en plataformas o youtube. Y no tenés que ser el dueño de Infobae o La Nación +. Ni siquiera de un canal de streaming de los que ya están instalados.
Hoy gracias a internet y las redes sociales todos somos, si queremos, nuestros propios medios. Muchos podemos tener sitios webs, blogs o páginas en facebook, instagram o x, canales de youtube o tik tok. Y decir lo que queramos.
Todos ahora somos emisores de un contenido que generamos que quién sabe alguien ve o escucha, pero que decimos o mostramos y que potencialmente nos conecta con el mundo y con cientos o millones de personas, según la comunidad que podamos reunir.
Está claro que a algunos les irá mejor y a otros peor, pero todos tenemos la fantasía de poder lograrlo. El problema es qué pasa del otro lado. Si realmente hay alguien o la comunicación se redujo a vistas, visitas, likes, manitos, corazones, reposteos, estados de whatsapp o agravios. Y ahí la frustración y pensar que estás hablando solo o con la IA o un bot y que tu compañía es la compu o el celu o ese videíto que tanto miraste o la última persona que chateaste que vive en Francia o en Brasil.
Porque la comunicación se reduce a tocar pantallas o a un spam o a un visto o que ni siquiera te contesten y te quedes esperando. Y te conformes diciendo: “No me contestó, pero lo vio”. O lo arrobe a tal o cual político, famoso o mina conocida y con eso ya sabe.
Noo.
La comunicación siempre fue un emisor que le dice o le envía un mensaje a un supuesto receptor a través de un canal determinado (tv, radio, youtube, instragram, whatsapp, etc), que manejan un código y una competencia común (los dos saben usar el dispositivo o hablan castellano o entienden de medicina o de política o sienten algo parecido por algo). Y ya no tenés que ser un profesional de los medios o una figura conocida o haberte graduado en periodismo o comunicación para influir en la opinión de los demás o hacer que tenga éxito tu mensaje. Ni chequear la información. Hasta podés ser tu propia marca, pagar el monotributo social o hacer todo con Mercado y adelante.
Pero, aunque les parezca mentira la gente busca más afecto que comunicación en internet. Y no me refiero a las apps de citas.
Hoy con divertirse basta. Y no importa si se trata de un meme o una fake news.
La comunicación hoy es pura emisión y pulsión por enviar, un poco de entretenimiento, opinar y opinar, algún contenido que ya no importa si es verdad y recortes de una vida de videos, fotitos o mensajes.
