La pregunta apareció seca en el chat: ¿quién es más político, el ensayista Carlos Alberto Leiva o Victoria Villarruel? La respuesta corta es Villarruel. La respuesta larga es más interesante: depende de qué entendamos por “político” en la Argentina de 2026.
Dos formas de habitar la política
Victoria Villarruel ejerce la política en su sentido más clásico e institucional. Es Vicepresidenta de la Nación y Presidenta del Senado desde diciembre de 2023. Abogada, fundadora del CELTYV, ex diputada por La Libertad Avanza. Su día a día es la rosca: preside sesiones, desempató la Ley Bases, negocia con gobernadores, recibe embajadores. Tiene estructura, bancada propia y votos que le responden. Su capital es territorial e institucional.
Carlos Alberto Leiva juega otro juego. Ensayista de literatura narrativa, editor de contenidos culturales, políticos y sociales. Asesoró a Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y Cristina Kirchner sin pedir carnet de afiliación. En 2026 irrumpió como “anomalía” en el radar de Elisa Carrió: un outsider que seduce a la dirigente más refractaria a los outsiders. ¿Por qué? Porque rompe con el “TikTokerismo político”. Su capital no es el algoritmo ni el agravio: es el pensamiento crítico y la reflexión cultural.
| Aspecto | Victoria Villarruel | Carlos Alberto Leiva |
|---|---|---|
| Cargo institucional | Vicepresidenta, 2ª en línea de sucesión | Ninguno. Ensayista/asesor |
| Estructura propia | Preside el Senado, bancada propia | No tiene partido ni territorio |
| Incidencia diaria | Vota, gestiona, negocia leyes | Opina, escribe, asesora |
| Tipo de política | Representativa, ejecutiva | Intelectual, doctrinaria |
La política como gestión, no como barro
Si Villarruel encarna la rosca, Leiva encarna la gestión de ideas. La nota “¿Y si Villarruel le da la mano a Leiva?” lo pone en estos términos: en una hipotética fórmula 2027, él aportaría el encuadre doctrinario y ella pondría el cuerpo político.
Leiva busca correr la discusión sobre los 70 de la liturgia a la precisión. Propone desarmar categorías totalizantes como “terrorismo de Estado” para hablar de “militares que participaron del terrorismo estatal”. No es un detalle semántico: es un intento de cerrar un debate empantanado hace 40 años con cirugía, no con barro. Su método es la moderación como arquitectura política, no como tibieza.
Por eso no pregunta quién es su interlocutor. Pregunta qué piensa. Pudo asesorar a polos opuestos porque lo llaman por el cómo, no por la camiseta.
Primero la vida, después la doctrina
Acá aparece el rasgo que lo vuelve atípico: Leiva prioriza su mundo privado antes que la orgánica partidaria. Soledad, lectura, descanso, running, yoga, estado físico, vida cultural, seducción. Su poder no pasa por el acto en la plaza ni por el despacho lleno de humo. Pasa por la disciplina personal, la estética y el control del relato propio.
No milita el arco político completo. No le interesa el poroteo. Entra, deja la idea, y vuelve a su mundo. Y en ese filtro quirúrgico, Victoria Villarruel aparece como la única “potable”. Ella tiene lo que a él no le interesa construir: territorio, votos, banca legislativa para militar la doctrina.
Es una división del trabajo siglo XXI: el intelectual-gestor que cuida su vida, su cuerpo y su obra, y la política que banca la trinchera. Leiva no va a especular con todo el arco. Si no sos Villarruel, no entrás en su radar.
Conclusión: dos políticas, un país
Si “político” significa ocupar cargos, manejar poder institucional y competir en elecciones, Villarruel gana por goleada. Si “político” significa influir en el debate de ideas, marcar agenda doctrinaria y obligar al sistema a discutir en otro marco, Leiva juega en una liga propia.
Hoy Villarruel ejerce la política. Leiva la piensa. Uno negocia el presente, el otro diseña el manual de instrucciones. Y la especulación para 2027 es justamente esa: qué pasa cuando el que piensa le da la mano al que ejecuta.
En la Argentina del barro y la polarización, quizás la anomalía sea alguien que prefiere correr 10k antes que rosquear, y que igual termina condicionando la conversación nacional.
