Entrevista a Laura Kerner, una maquilladora que ama maquillarte. Por Juan Botana.
¿Qué te gusta maquillar?
Me gusta maquillar miradas que cuentan historias. Trabajo con pieles reales, a las que me gusta aportarles detalles de luz, con ciertas sutilezas de textura o brillo que, cuando se mueven de un lado a otro, muestran gestos recordados de calidez. Disfruto cuando una clienta llega con vergüenza por algo y se va sintiéndose poderosa con eso mismo. Para mí el maquillaje no tapa: revela. Mi zona favorita es la piel y cómo la luz la transforma.
Me gusta maquillar miradas que cuentan historias. Para mí el maquillaje no tapa: revela. Mi zona favorita es la piel y cómo la luz la transforma.
¿Qué discos constituyen la banda de sonido de tu vida?
Mi banda de sonido empezó en la niñez y todavía me acompaña. November Rain, de Guns N’ Roses, tiene un lugar enorme en mi corazón: su dramatismo y su épica me enseñaron que la emoción no se esconde, se maquilla con luces y sombras. El amor después del amor, de Fito Páez, porque entendí que la melancolía también puede ser luminosa —eso busco en cada rostro que trabajo—. Y Fuego de Noche, Nieve de Día, de Ricky Martin, por esa mezcla de intensidad y vulnerabilidad que atraviesa cualquier etapa de la vida. El rock nacional es mi favorito para trabajar: me marca el pulso del pincel. Sigo vibrando cada vez que suenan, sea en la radio o en YouTube. Los Guns tienen un poder especial sobre mí, me recuerdan que el arte es para sentir, no para ser correcto.
Mi banda de sonido empezó en la niñez y todavía me acompaña
¿Cómo querés que te defiendan?
La mayoría de las veces soy yo quien defiende y pone el pecho. Que te defiendan es bueno, claro, pero si tenés herramientas, conocimiento y convicción, la defensa se vuelve tácita. Me defiendo sola, con mi trabajo y con la verdad. Si van a hablar de mí, que sea porque me conocen: soy sensible, intensa y me entrego entera en lo que hago. Cuido a mis clientas y cuido mis vínculos de la misma forma: poniendo el cuerpo cuando alguien me importa. Doy la cara y me hago cargo de mis decisiones. Solo pido respeto a mi coherencia, a mis tiempos y a mi forma de sentir. No hace falta que me defiendan: con conocerme y respetarme alcanza.
Que te defiendan es bueno, claro, pero si tenés herramientas, conocimiento y convicción, la defensa se vuelve tácita. Me defiendo sola, con mi trabajo y con la verdad.
¿A quiénes nombrás al decir “Nunca Más”?
Al decir ‘nunca más’ nombro a quienes me exigen que me apague para que ellos brillen. A los que negocian mi tiempo, mi precio o mi dignidad como si mi trabajo fuera un favor. Nombro a quienes confunden mi intensidad con conflicto y mi sensibilidad con debilidad. Nombro a quienes desvalorizan el estudio, llegan tarde y quieren resultados sin proceso. Nombro a los vínculos que piden presencia total pero dan ausencia crónica. Nunca más a quienes me eligen solo cuando les conviene. Y ‘nunca más’ también es memoria. Es una herida y una advertencia que guardamos como pueblo para que nadie nos quite el derecho a elegir: qué oficio tener, qué música escuchar, qué vida llevar, qué valores honrar. Por eso me encuentro mejor con quienes valoran la verdad, el respeto y la coherencia. Ahí doy lo mejor de mí. Con el resto, simplemente ya no hay lugar.
Nunca más’ también es memoria. Es una herida y una advertencia que guardamos como pueblo para que nadie nos quite el derecho a elegir
