No fue una decisión fácil. Para nada. Fue muy meditada, durante mucho tiempo y en los múltiples escenarios que Salernio imaginaba, solo en el que se veía feliz y seguro era con la que había pensado tomar.
Entró por la puerta principal del centro especializado. Afuera el clima estaba húmedo impregnado de esas gotas que suspendidas en el aire dan la sensación que pronto llovería, pero no olía a tierra mojada. Eso lo tranquilizó bastante. Para él era muy importante el estado climático, porque de alguna manera al fin y al cabo ese día de un febrero caluroso cambiaría su vida radicalmente. Las miradas vacías de un grupo de personas en lo que parecía ser un hall central de espera sin alma, estaban en sintonía con el clima exterior.
Pasó el sector de informes porque sintió que el señor que trabajaba allí no debía saber el motivo de su visita. Entró por una puerta de vidrio lateral y ya en el pasillo se guió por los carteles señalizadores. El piso era de goma negra con canales para que pasara el agua y no se inundara y daba la sensación de estar siempre limpio. En ese momento recordó el nacimiento de su hija debido a los estímulos que estaba recibiendo y por un instante dudo si seguir con el plan o alejarse lo más rápido que le permitieran sus malogrados pies para ir corriendo a darle un abrazo del que no se soltaría nunca, de haber sido posible.
Salernio se detuvo en seco por un momento. Le llamó la atención un cuadro en la pared. Se trataba de un paisaje que conocía muy bien porque había estado en ese lugar y la pintura era su favorita. Vista de Delf pertenece al pintor flamenco Johanes Veermer quien lo había realizado alrededor de 1668. Siempre que tenía la oportunidad de verlo se quedaba horas. Esta vez sería la última pero iba a quedar en su retina para siempre. Presiono el botón del ascensor para llamarlo y mientras lo esperaba se tomó un café de la máquina expendedora. El aroma sabía exactamente al sabor que más le gustaba el torrado etiope. Saboreo gota a gota deleitándose en el paso de la bebida por sus papilas gustativas dejando que los recuerdos se dispararan. La primera cita con Ailen en ese café tan lindo en su amada ciudad de las diagonales, la sonrisa de ella y su pelo con mechones violetas esa tarde de lluvia y esas ganas locas de escucharla respirar después de hacer el amor pululaban por los rincones de su memoria que, como barca sin timonel se desplazaba con soltura por los briosos mares de los recuerdos. Al llegar al quinto piso, una sensación de alivio lo acompañó en su trayecto hasta el lugar. El piso estaba cubierto con una alfombra de pelos altos de color celeste y en una milesima de segundo se vio a los 4 años disfrutando con su espalda desnuda el cosquilleo de la que su madre habia puesto. Lágrimas de felicidad caían por sus ojos y se descalzó para que el placer fuera extremo. Olas de éxtasis llegaron a través de oxitocina, endorfina, serotonina y todas las hormonas, alterando su realidad por completo. se quitó la camisa y se dejó caer sobre la alfombra. No hubiera sido capaz de describir tales sensaciones y solo hizo lo que sintió.
De pronto se abrió una puerta y salió una mujer. Le sorprendió el parecido con Ailen, con su vestido verde ¡¡¡Pero si hasta llevaba el mismo peinado !!!no podía ser eso posible.
-Buenas tardes Salernio, bienvenido pasa, por favor.-Evidentemente no era Ailen. Pero su parecido era total.-Supongo que ya estás enterado del procedimiento, te lo habrán contado el día que abonaste la tarifa y firmaste el consentimiento. Ayer por la tarde llegó la autorización estatal para poder llevarlo a cabo -Dijo como esperando una respuesta de su parte. El procedimiento no estaba pensado para aliviar el dolor, sino para evitar que este volviera a manifestarse.
-Hola, si si lo se todo. Solo que no dejo de sorprenderme cómo se ocuparon hasta el más mínimo detalle.-Respondió Salernio.
-Al contrario, gracias a usted. Dime qué imágenes prefieres que se proyecten en la pantalla?-Preguntó la asistente y acto seguido encendió un interruptor y la sala se iluminó. Lo que vio lo dejó estupefacto. Era una réplica exacta de su casa de niño. La felicidad lo desbordó por completo y se largó a llorar y reír al mismo tiempo. -Como quisieras hacerlo? ¿En una cama, parado o en el sofá?
-Me gustaría ir al sofá. Es la primera imagen que tengo.-La asistente encendió las pantallas frente al sofá y aparecieron imágenes consecuentes con los mejores recuerdos de Salernio. Se acercó a él y le conectó unos sensores en el pecho y las sienes para monitorear la actividad cardiaca y cerebral respectivamente. Se sentó a su lado en el sofá. Pasó su brazo derecho por el cuello de Salernio y lo atrajo hacia sí con una dulzura como si la misma Ailen lo hiciera. El se dejó llevar y recostó su cabeza en el pecho de la chica. Ella acarició su pelo con mucha dulzura y lo tomó de las manos. En un instante sintió un shock eléctrico en su cabeza y los latidos de su corazón como si fuera un tren de alta velocidad se dispararon unos segundos para después recuperar el ritmo normal.
-Te amo Ailen, gracias por venir conmigo hoy mi amor-Dijo Salernio que ya no podía distinguir a su esposa de la asistente. Pero optó por creer que su amor estaba con él.
-Yo también te amo querido. Ya nada nos va a volver a separar- Lo beso en los labios apasionadamente y con una ternura nunca antes vista.-Veni hijita, veni con papi y mami.
Una niña de 4 años saltó sobre el estómago de Salernio que para esas alturas reía de felicidad.
-Holaaaa papito, te extrañe mucho- y lo llenó de besos y abrazos.
-hija, hija querida te extrañe tanto- La abrazo tanto que temió ahogarla. Ailen se tiró encima de ambos y en una montaña de amor y ternura las luces que veía Salernio se tornaron más brillantes y entre las melodías de las voces de sus seres más amados en su vida se colaron los acordes de Fix you de Coldplay. Las luces me guiarán a casa, pensó, porque siempre se había preguntado qué se sentiría estar en esos momentos. Ahora ya lo sabía.
