De su libro “Todo tiene que ver con un jardín”.
Arte
A mi madre
le gustaba el verde.
Eran bellas sus pinturas.
Miro el bosque
y no la encuentro.
A veces la escucho
en algún pájaro.
Otras
me dicta poemas
que escribo con tinta
invisible
como la niebla
que borra los árboles
para recordar sus ojos.
Mujer
Pisa el rocío despiadadamente
talón arco punta
punta arco talón.
Deja marcas.
Es un juego caminar
para ella
y oler a tierra mojada
y a mujer sola
que busca un abrazo verde
en cada paso.
III
Queda una planta
que implora humedad
una cicatriz en la pared.
el poema del insomnio
la tortuga que olvidé
y deambula errante.
Quedan la soledad de los domingos
el ruido del tren de fondo
Queda lo que amé
materné
destruí.
Como la diosa hindú Durga
de diez brazos
he dejado uno en cada lugar
que habité.
Una mano rígida y pálida
con diamantes que aún brillan
entre los huesos.
Pasionaria (Zapiola, Núñez)
El aroma fuerte
trepa la tarde
por la pared blanca.
Respiro en sus llagas.
Me apasiono y sufro
los filamentos
los clavos
las antenas.
Roja la corona de espinas.
Mis manos abiertas
en cruz.
Los pétalos azules
pesan en mis ojos.
Me apasiono.
Y no sé si soy
el apóstol infiel
la diosa mortal
del amor
o el martirio de Cristo.
Quizá los tres
conviven conmigo
en la pasionaria.
