¡Hola Mamá!
No sé en qué galaxia estarás; yo todos los días muy cerca te siento, a veces hasta escucho tu voz. En los sueños aparecés. ¡Cómo me gustaría charlar con vos!
Mami te extraño.
Pensar que cuando estabas en este plano discutíamos un montonazo; sin embargo el mate aparecía apoyado sobre la mesa de la cocina, junto a la yerbera y la azucarera volvíamos a charlar como si nada hubiese ocurrido. Juntas lo disfrutábamos con unas ricas facturas o un budín. No había edulcorante, ni tampoco temor a comer rico.
En días cálidos compartíamos en los sillones de madera en el patio. Los medallones de sol caían perpendicularmente atravesando la parra, mientras el olor típico a uva chinche se esparcía.
Recuerdo las banderolas de que estaban en la parte superior de las puertas del baño, de la cocina, del comedor y del dormitorio.
Un día muy especial, 6 de enero, me visitaban los reyes magos y encontraba los regalos que pedía. ¡Cuánta alegría!
¿Sabés Mamá?, en el sombrero de terciopelo que usaste en tu Civil, guardaste los valores que siempre me inculcaste: respeto, tolerancia, comprensión, que guardo aún en mi corazón. Ellos permitieron que obtuviera el título más preciado de mi vida: ser persona.
También recuerdo una frase que selló mi proceder diario: “todos necesitamos de todos”. Esa era tu forma de ser. La solidaridad tu valor más preciado.
Siempre me acompañaste y cuidaste de mi. ¡Te extraño mucho Mamá!
Catalina Irene Rizzo
