El Padre Guilherme Peixoto es un sacerdote de origen portugués, famoso por combinar la electrónica con música propia de la liturgia católica. Se volvió famoso durante la pandemia de COVID-19, cuando comenzó a hacer transmisiones en vivo de manera semanal. Para 2023, su nombre ya figuraba en el line-up de algunos de los festivales más importantes del mundo. El sábado 18 de abril se presentó de manera gratuita en la Plaza de Mayo para realizar un show en homenaje al Papa Francisco. Aunque no hay cifras oficiales en algunos medios se habla de unas 150.000 personas.
En un ensayo escrito pocos dias después del fallecimiento del Papa, el sociólogo Nicolás Viotti, escribió que nunca fuimos del todo modernos porque nunca dejamos de ser religiosos. En todo caso, la religión se vive de modos más diversos. Francisco supo comprender ese catolicismo en transformación. Ese mismo fenómeno es el que se evidencia en las calles periféricas a la Plaza de Mayo. Por primera vez en mucho tiempo conviven boy scouts con hinchas de fútbol o grupos de amigas que parecen haber salido de un boliche de Palermo. Las remeras con la frase “Hagan lío” son tendencia.
Esta heterogeneidad también se advierte al conversar con los asistentes. Algunos le otorgan un significado religioso más tradicional. Sabela, de 16 años fue al evento acompañada por sus amigas de la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé: “El Papa Francisco nos dijo que hiciéramos lío. Para nosotras, eso significa poder divertirnos y hacer quilombo sin la necesidad de tomar alcohol o consumir drogas”. En esta misma línea, Esteban, de 23 años, relata que es acompañante en el Hogar de Cristo San Miguel Arcángel y que lleva limpio un año y cuatro meses. “Francisco fue como un papá. Él nos decía que la vida hay que abrazarla y que no hay que dejar a nadie tirado. Por eso estoy acá”.
También hay quienes se consideran ateos, o tienen otro vínculo con la espiritualidad, pero valoran el legado de Francisco. Por ejemplo, Jessica, una mujer de 41 años que trabaja como modelo y actriz, subraya que ella está allí porque le encanta la música electrónica. Si bien no es religiosa ni prácticante, le gustan mucho las iglesias. Al referirse a Francisco se le iluminan los ojos “Rompió un montón de barreras. Yo soy una chica trans y él quebró el concepto que tiene la iglesia de ir en contra del colectivo LGBTQ+”.
En total, el recital duró casi tres horas. Hacia el final sonó “Solo le pido a Dios” de León Gieco, una canción que de por sí carga con una densidad política muy fuerte. En un contexto internacional marcado por el genocidio en Gaza, el intervencionismo estadounidense en Venezuela y la escalada del conflicto bélico en Irán, la frase “Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente” adquiere otro peso.
Francisco era un papa revolucionario y anticlerical. Estaba convencido de que el cristianismo tenía que retornar a un cristianismo primitivo más austero y comunitario. Declaraba de manera abierta que parte de los problemas de la iglesia provenían de la complicidad entre el clero y el poder político de turno, cuando en realidad, su verdadera función era estar del lado de los más necesitados. Tal vez por eso, lo que ocurrió en Plaza de Mayo no se vivió como una anomalía, sino una radiografía de su legado. Hay muchas formas de vivir la fe. Una de ellas es bailando.
Fuente: El Grito del Sur
