Mamá,
dicen que la guerra está lejos, pero a veces se siente en la cocina,
cuando el silencio pesa más que el ruido.
Allá, donde los mapas se manchan de rojo,
hay madres como vos que siguen preparando la mesa,
aunque no sepan si alguien va a sentarse.
Los chicos aprendieron a distinguir
entre un trueno y algo que no es tormenta,
y ya no preguntan tanto…
porque entendieron demasiado rápido.
Las ventanas no se abren, se calculan.
Las noches no se duermen, se atraviesan.
Y cada mensaje que llega al celular
es un pequeño suspiro que vuelve.
No hay héroes en estas historias, mamá,
solo gente común tratando de seguir siendo gente,
abrazando fuerte lo poco que queda intacto.
Dicen que la guerra es de países,
pero en verdad se libra en los cuerpos,
en las casas, en las rutinas rotas.
Y aun así…
hay quienes riegan plantas,
quienes hacen pan,
quienes se prometen que mañana también van a estar.
Como vos.
El niño y la guerra
Era un niño chiquito
lloraba en los escombros
buscaba en el asombro
abrigo de su madre.
¡Era polvo en el aire!
La destrucción que aturde
y el niño con su llanto
temblaba despacio.
Afuera los aviones
silbaban a la tarde
de la casa sin techo.
Solo el niño lloraba.
Sin un padre, un hermano
una madre, una mano…
¡Escombro! Solo escombro
y él al costado.
¡Guerra cobarde, inútil!
Intereses creados
de gobiernos trenzados
avanzados desastres
que nos dieron.
¡Perdonen a los niños!
Nosotros los creamos.
Y bendice dios mío
sus destinos…
Argelia Díaz
Poeta Humanista Universal
