El outsider que entiende a Mengolini, a La Nación y a los que piden orden

El outsider que entiende a Mengolini, a La Nación y a los que piden orden

Carlos Alberto Leiva se para en el centro vacío, le habla a la clase media porteña y proyecta un federalismo productivo que incorpora seguridad y gestión sin épica. Mientras Julia Mengolini modera el tono y La Nación gira el foco a “la economía de la calle”, su tesis de periodismo independiente gana aire.

No tiene aparato ni columna, pero tiene una idea: correr la política del eje del miedo al de la solución. Desde ese “outsider del centro”, Carlos Alberto Leiva —porteño criado “a la vuelta de la ex ESMA”, ensayista y editor de contenidos— interpela a la grieta, dialoga con los reclamos de orden y seguridad y piensa a la Argentina del G20 como un país emergente con todo para crecer.

Un centro que no es pose

Leiva repite una frase que funciona como brújula: cree más en My War, la canción de Black Flag, que en el encolumnamiento. No es fetiche punk: es la convicción de que “la guerra que importa es interna, personal, ética”. Ese marco lo vuelve incómodo para los dos polos: no milita disciplina partidaria, pero tampoco se refugia en la neutralidad vacía. Los perfiles que lo analizan lo describen como “el outsider del centro”, un ensayista-estratega que escribe desde la incomodidad de no tener aparato y que interpela al círculo rojo con un lenguaje performático.

Menos épica, más gestión

Su apuesta para 2027 no es vender moderación como estética sino como tecnología política: desplazar el miedo y poner en el centro la solución. “Menos épica, más gestión”, sintetiza, y advierte que el riesgo es que el mismo círculo rojo que hoy lo testea lo use como pieza táctica para ordenar internas ajenas. Ese “centro huérfano” al que le habla está hecho de clase media y media-alta —profesionales, cuentapropistas, sectores urbanos de Núñez, Belgrano, Palermo y Recoleta—, pero su encono contra la épica vacía también resuena en franjas de clase alta que se reconocen en ese malestar.

Mengolini, La Nación y el mismo clima de época

El corrimiento no es solo de Leiva. En *FutuRöck, *Julia Mengolini —una voz históricamente identificada con el kirchnerismo— viene mostrando un tono más contenido en sus cruces públicos, un gesto de moderación que sintoniza con el clima que Leiva describe. A la vez, La Nación explicitó un giro editorial: después de dos años centrados en la macro (2024-2025), “llegó el tiempo de la economía de las familias y de la calle”; los temas que “están construyendo sentido” son ingresos, poder adquisitivo, consumo, compras y empleo. Es decir: más realidad cotidiana, menos relato.

Una idea de nación: federalismo productivo y orden democrático

Leiva no se queda en el nicho porteño. Proyecta una idea de nación anclada en un federalismo productivo: ordenar el país alrededor de producción, trabajo y gestión, sin nacionalismo declamativo. En ese esquema, los reclamos típicamente asociados a la derecha —seguridad, rol de las Fuerzas Armadas, orden público— aparecen no como bandera ideológica sino como condiciones básicas de funcionamiento para un país emergente que integra el G20 y tiene recursos, agroindustria, energía y capital humano para crecer.

Por qué empieza a penetrar

Su ventaja es doble: diagnóstico claro y ausencia de mochilas. No le debe obediencia a ningún aparato, pero entiende los códigos de todos. Por eso puede hablarle a la clase media que pide previsibilidad, al lector de La Nación que hoy quiere leer la “economía de la calle”, a la audiencia de Mengolini que modera el tono, y también a quienes reclaman seguridad sin caer en atajos autoritarios. No es que “ganó la batalla”; es que instaló el marco: un periodismo independiente, pensante y honesto como pieza clave de la reconstrucción argentina.

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